LA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL
03-10-2002
Núcleo Territorial
En los movimientos de desocupados, siguiendo una
tradición de otras experiencias territoriales, se suelen mencionar como unidad
básica de organización al barrio. Si miramos las prácticas más detenidamente
podemos observar que en un barrio de 16 manzanas, los movimientos no alcanzan a
la totalidad del barrio sino a un núcleo ligado por razones de vecindad,
amistad y parentesco. Es decir tiene una localización territorial (4 ó 5
manzanas) y una extensión por vínculos. Correspondería más bien considerarlos
como núcleos territoriales y en ese sentido son comparables a los núcleos de
campamenteros del MST de Brasil.
La distinción entre núcleo y barrio no es menor,
por que de alguna manera el núcleo territorial tiene un límite preciso que es
la dimensión de la asamblea. Se pueden hacer asambleas de más de cien personas,
pero está claro que a medida que aumenta el número se restringe la
participación. Lo habitual, me parece, son las asambleas que pocas veces
superan las 60 personas y no mayores de 100. Cuando se supera ese límite se
plantea “la necesidad de organizar otro barrio”. Es decir otro núcleo
territorial.
Grupo promotor
Cada núcleo territorial que empezó a organizarse
necesitó de un grupo promotor que empujara los primeros pasos, organizando las
primeras asambleas, proponiendo criterios, dando información sobre como encarar
la lucha reivindicativa. La experiencia nos dice que los grupos promotores
nunca fueron demasiado grandes (4 ó 5 compañeros) e incluso que, si el grupo
promotor es de afuera, un número demasiado grande es contraproducente.
La distinción de este grupo promotor y de su capacidad
a partir de su accionar (y sus características: experiencia anterior,
compromiso), nos permite poner en un plano secundario el hecho de que el grupo
sea “de afuera” o natural (del barrio). El grupo promotor prefigura de alguna
manera la “mesa barrial” o reunión de delegados de grupos de trabajo y áreas,
que corresponde a un núcleo territorial más organizado.
La cuestión sobre “los de afuera” y “los del
barrio” se plantea precisamente en esa transición, porque si después de un par
de años de organización el grupo promotor “de afuera” se convirtió en “mesa
barrial” sin incorporar compañeros del barrio en roles de responsabilidad hay
algo que esta fallando en la promoción de los compañeros de base. Y el tema no
es menor porque estamos afectando la continuidad del trabajo. El compañero del
barrio va a vivir (salvo excepciones) siempre allí, todo lo aprendido y
acumulado va a quedar en ese territorio. El compañero “de afuera” (salvo
excepciones) puede irse a otra parte. Lo aprendido y acumulado es más volátil.
Dándole una vuelta más a las cuestiones de los “promotores”,
es interesante conocer como funcionan entre los Sin Tierra de Brasil. En los
nuevos campamentos, siempre el movimiento destina unos pocos compañeros con
experiencia anterior para aportar a los primeros pasos de la organización. El
papel de esos compañeros no es el de resolver todos los problemas sino el de
aportar ideas muy generales y de tratar de evitar el fracaso de la experiencia.
Es decir, el movimiento a través de sus promotores trata de poner un piso de
continuidad a la experiencia. Sobre ese piso hay campamentos que andan mal,
otros regular y otros bien, y esto depende de cómo los grupos que lo conforman
se van auto organizando. Lo habitual es ver que un campamento de dos meses de
antigüedad es un quilombo y los que tiene más de un año están bien organizados.
Pero esto no siempre sucede así: cada campamento como cada núcleo territorial
nuestro recorre un proceso único y original de organización.
Sobre es experiencia podemos asimilar la figura de
promotor a la del militante popular (y aquí no diferenciamos si es “de afuera o
del barrio”). El militante popular es aquel que se ocupa de hacer el trabajo
que otros, por el momento, no pueden hacer. El éxito de su trabajo no está
asociado a su entronización sino a su despido. Ha cumplido su labor cuando es
prescindible, lo que no quiere decir descartable porque las tareas de la
militancia popular son inagotables.
Los grupos articulados
Llamamos grupos articulados a aquellos que se
conectan con un núcleo territorial para realizar un trabajo específico y
determinado. Por ejemplo: un grupo de estudiantes que va a un MTD a hacer apoyo
escolar, un grupo de abogados que mantiene un servicio de consultas, un grupo
de docentes que está dictando un curso, un grupo de estudiantes de agronomía
que asesora en huerta, etc.
Desde nuestro punto de vista esos grupos que
articulan con el MTD, no pueden participar en las decisiones políticas de los
MTD y sólo pueden asistir a las asambleas en condición de observadores. Esta
posición que parece muy rigurosa y hasta injusta, no parece igual si invertimos
los términos. Los compañeros del MTD no participan en las asambleas o los
plenarios de las agrupaciones universitarias, ni en las reuniones de
profesionales que colaboran. Finalmente todo el peso de las consecuencias de
las decisiones tomadas en asamblea caerá en primer lugar sobre aquellos
compañeros que viven en un núcleo territorial y militan cotidianamente.
Queda abierto el debate si puede articularse una
experiencia de formación (a partir de grupos de educación popular). La
experiencia parece indicar que es posible y hasta muy productiva en una etapa
inicial, pero que si la tarea de la formación se congela como externa, se
generan conflictos que terminan desconectando las experiencias. También creo
que allí habría que acudir a la idea de promoción cuyo horizonte sea la
incorporación de los compañeros al movimiento o la capacitación de compañeros
del movimiento para continuar la tarea.
¿Planes o proyectos
productivos?
Desde nuestra concepción no existe una disyuntiva
entre luchar por más planes, organizar iniciativas comunitarias y asistenciales
(comedores, roperos, áreas de salud) y los proyectos productivos. Existen
orientaciones generales hacia la masificación de los movimientos, hacia el
mejoramiento de las condiciones de vida de sus integrantes y al crecimiento
desde lo productivo, favoreciendo el desarrollo de una economía solidaria. El
punto es que en cada momento hay coyunturas políticas, coyunturas de los
movimientos y de cada núcleo territorial particular, que determinan donde poner
el acento.
Está claro que hay etapas en las que resulta
relativamente fácil obtener planes y momentos en que se pone muy duro. Que hoy
es mucho más fácil organizar un comedor que un proyecto productivo. Que el
desarrollo de lo productivo y la construcción de redes de economía solidaria fortalecen
nuestra autonomía en relación al Estado.
Democracia de base,
horizontalidad…
Los MTD son organizaciones donde se practica la
democracia de base y hay asignación de responsabilidad de acuerdo a las tareas
necesarias para llevar adelante las decisiones políticas de la organización.
Pretendemos que los compañeros sean todos iguales tomando las más importantes
decisiones políticas en las asambleas. Decimos, pretendemos, porque aceptamos que
existen desniveles de información para tratar algunos temas. Y tratamos de
corregir esos desniveles desde una formación que utiliza como herramienta la
educación popular. Donde todos aprendemos de todos. A tareas específicas y
reuniones por temas específicos como participar de la coordinación de área
alimentos, como participar de una coordinación con otras organizaciones
populares autónomas.
En la ejecución de esas responsabilidades tratamos
de garantizar la continuidad y promover la formación y la rotación de los
compañeros. La idea del tizón encendido que permite a la madrugada siguiente
encender las pequeñas ramas, que ha sido rescatada por el MOCASE de la
tradición de los montes, ejemplifica muy bien como se trata de combinar en
todas las responsabilidades compañeros con experiencia en el tema, con
compañeros nuevos que se vayan formando y en el futuro puedan hacerse cargo de
la tarea.
Más que un esquema organizativo que se desprende de
concepciones más generales, los MTD son laboratorios de ensayo social donde
verificamos cotidianamente formas organizativas que funcionan y han demostrado
su utilidad y otras tantas que ensayamos. En ese sentido más que referirnos a
la discusión entre teóricos sobre la horizontalidad o el centralismo
democrático, nos referimos a nuestra experiencia como pueblo, las conclusiones
acumuladas por distintos ensayos históricos de organización de la lucha de
nuestros trabajadores, a los aportes de otros movimientos (como el MOCASE y el
MST de Brasil), y a nuestra propia práctica.
AUTONOMIA Y SINDICALISMO
Aporte
a la discusión del grupo sindical
de
COPA La Plata
La cuestión de la construcción de poder de los
trabajadores desde sus lugares de trabajo es tan vieja como la explotación
capitalista. A partir de la legalización de las organizaciones sindicales, la
historia del movimiento obrero va a contener siempre la tensión entre la
autonomía y la legalidad sindical.
Empecemos por el principio
Las primeras organizaciones obreras en la Argentina
y en el resto del mundo, fueron autónomas, ilegales y clandestinas.
El reconocimiento de la legalidad sindical tiene
una doble cara. Por un lado es una conquista que permite masificar los reclamos
gremiales. Ser afiliado a un sindicato, deja de ser un acto subversivo para
convertirse en un derecho. Incluso un deber, con la afiliación obligatoria que
impone el peronismo en la primera década de gobierno.
La afiliación sindical masiva no es “un hecho
natural”. En países del primer mundo como Estados Unidos, Suiza o Canadá, o del
tercer mundo como Méjico y Brasil, la tasa de afiliación es muy baja y el poder
de los sindicatos es muy reducido. Las huelgas generales, a la que estamos tan
acostumbrados en la Argentina, son para la mayoría de estos países episodios
folklóricos que se remontan a principios del siglo XX. Una de las excepciones
es Italia, con una tradición sindical más parecida a la nuestra y que acaba de
hacer una gran huelga general (de 8 horas).
Por otro lado, la legalidad adquirida es producto
de una negociación con el Estado y las patronales. Expresa límites, impone
trabas al desarrollo de las decisiones autónomas e incluso prevé castigos si se
quiebran esas normas. Legalidad sindical significa también la obligación de
acatar las conciliaciones obligatorias, intervención del Estado en las Obras
Sociales o en conflictos entre trabajadores, posibilidad de pérdida de la
personería jurídica, etc.
La ley de Asociaciones Profesionales impulsada por
la burocracia en la década del 70, si por una parte recorta a las patronales
las posibilidades de manipular sindicatos cautivos (por empresa), y por la otra
conspiraba contra la democracia sindical, concentrando poder en las decisiones
de los organismos de segundo y tercer grado, en los lugares donde el poder
burocrático está mas concentrado.
Lo permanente es la lucha de
los trabajadores
En la conciencia de las nuevas generaciones que han
ingresado al mundo del trabajo en las últimas dos décadas, puede desarrollarse
la idea de que la lucha por sus derechos se agotan en los marcos sindicales. O
que no hay posibilidad de lucha obrera al margen del sindicato.
Hagamos un poco de historia. Después del 55 los
sindicatos son intervenidos, pero los trabajadores van a resistir organizando
huelgas por empresa, por gremio e incluso huelgas generales. Las formas legales
(la comisión interna, el sindicato) van a ser reemplazadas por nuevas formas
sujetas exclusivamente a la decisión de los trabajadores como son las
comisiones de lucha y las comisiones de reclamo. Los roles y composición de
esas comisiones son diferentes. La comisión de lucha no tiene amparo legal y es
clandestina (incluso solían nombrar una comisión de lucha suplente ante la
eventualidad de una detención). Sus miembros son quienes se reconocen como más
capacitados para dirigir políticamente el conflicto. La comisión de reclamo
tampoco tiene amparo legal pero es pública. Por su composición se trata de
trabajadores que es más difícil despedir o hacer detener por la empresa como los
operarios más viejos, muy calificados o muy representativos. En épocas muy
duras se los mandó a reclamar a los forros y a los capataces.
Estas formas organizativas no sujetas a la
legalidad imperante sino a la decisión autónoma de los trabajadores, no son un
exclusivo invento argentino. En España, en el período franquista, vamos a
encontrar en las Comisiones Obreras los comités de lucha y los comités de
reclamo.
Pero, ¿qué sucede cuando cambia la coyuntura
política y fruto de la lucha se abre una nueva etapa de legalización?
En 1958 cuando Frondizi devuelve los sindicatos a
sus legítimos dueños, se disuelven los comités de lucha y las comisiones de
reclamo y además, lo que es más grave, los propios dirigentes institucionalizan
a las agrupaciones obreras que habían sido las promotoras de la resistencia. Al
principio por la necesidad de equipos para ocupar los espacios legales
conquistados y después para evitar poderes paralelos que cuestionen a los
flamantes burócratas lo que queda afuera del marco de la legalidad sindical es
disuelto y finalmente perseguido. Quedan allí sentadas las bases de la
burocracia peronista que va a jugar un papel nefasto en los años posteriores.
Dirigentes muy representativos, con muy buenos antecedentes de lucha, que
manejan un discurso que le llega a las bases y que encima conocen perfectamente
(para hacerlos despedir) a los activistas que no fueron cooptados y que siguen
firmes en la lucha. Todo este proceso histórico que Rodolfo Walsh retrata
magistralmente en Quien Mató a Rosendo,
pone sobre el tapete la discusión sobre autonomía y legalidad sindical.
La conquista de la legalidad se vuelve en contra de
los propios intereses de los trabajadores, lo que nos deja una lección
histórica: el terreno de las instituciones regidas por leyes burguesas o
producto de la negociación con el Estado y la burguesía, no son terreno propio
donde se expresa libremente las decisiones de las bases. Son lugares que
permiten masificar las luchas reivindicativas, pero sólo a condición que se
pueda preservar una política autónoma. Pueden ser herramientas de los
trabajadores o a la inversa, instrumentar a los trabajadores para subordinarlos
a políticas ajenas. Esa batalla no se resuelve en el sindicato (en
los marcos de la legalidad sindical) sino afuera, en lo que se construye por
fuera de esa legalidad, en organizaciones solo sujetas a la voluntad, la
decisión y las normas de los propios trabajadores. Al desarrollo de la
construcción de poder popular.
Sindicalismo y
antisindicalismo
Aunque parezca curioso no hay demasiadas
diferencias de concepción entre quienes piensan que toda la cuestión de la
defensa de los derechos de los trabajadores se resuelve echando a los
burócratas y reemplazándolos por compañeros combativos y entre quienes piensan
que los sindicatos no sirven para nada e impulsan la desafiliación masiva. En
los dos casos el sindicato es el vehículo que nos conduce al paraíso o al
infierno. Y no es raro encontrar a las mismas personas que propugnaban el
vaciamiento del sindicato, muy concentrados en armar una lista salvadora para
las próximas elecciones. O a la inversa.
Volvamos a repasar historia argentina. El período
74-75 fue el pico de lucha más alto de la historia argentina y estableció records
mundiales de conflictividad sindical (porcentaje de los obreros ocupados que
están en conflicto).
Si miramos un poco mas de cerca ese período
histórico comprobamos que:
- Es errónea la idea de que eliminar a la
burocracia era el paso previo para que los trabajadores lucharan. En ese
momento las Federaciones y la mayoría de los sindicatos importantes estaban en
manos de la burocracia. Con las excepciones conocidas Luz y Fuerza y Smata de
Córdoba, la UOM Villa Constitución, Gráficos y Farmacia de Capital, etc.
- Es incorrecta la idea de que legalidad sindical
equivale a burocracia. Fueron motores de las coordinadoras intersindicales las
comisiones internas y cuerpos de delegados que se combinaban con formas no
legalizadas como agrupaciones de base y consejos obreros.
- Fue una etapa de enorme desarrollo de la
autonomía obrera que se expresaba en: asambleas autoconvocadas de sección o de
empresas, plenarios autoconvocados de activistas, agrupaciones obreras
autónomas, control y baja de la producción, consejos obreros y las
coordinadoras interfabriles.
Allí aparece claro que el centro de las decisiones
está en la asamblea. Son ellas quienes determinan las resoluciones de lucha y
de negociación. Los cuerpos de delegados y comisiones recuperadas participan y
se someten a esas decisiones. La burocracia queda totalmente desplazada de la
lucha y la negociación y se limita al triste papel de ir a poner una firma en
el pliego de acuerdo alcanzado entre empresarios y trabajadores.
En ese momento histórico se percibe que lo que
determina una acumulación de fuerzas es lo que autónomamente se construye desde
la organización y la lucha de las bases. Su desarrollo condiciona la
utilización de la legalidad sindical y la calidad de los dirigentes gremiales
(o al menos sirve para neutralizar la burocracia).
Autonomía y sindicalismo
Si acordamos que lo permanente es la lucha de los
trabajadores y que la construcción autónoma de poder popular desde los lugares
de trabajo es una construcción diferente (sometida a otra legalidad) no
antagónica pero si en tensión con las organizaciones y la legalidad sindical,
podemos verificar como se combinan estos caminos en otra etapa histórica. En el
período posterior al 24 de marzo de 1976 y hasta 1980, la dictadura barre con
las representaciones gremiales y la legislación laboral.
La persistencia de luchas gremiales y la
conflictividad por fábrica que se mantuvo después del golpe hasta 1979,
demuestran la relativa autonomía de los trabajadores, de la burocracia sindical
y aún de las agrupaciones políticas de izquierda, en su decisión de lucha. El
activismo de base no encuadrado gremial ni políticamente, que fuera el motor de
todo el período anterior, aún fuertemente golpeados por asesinatos,
desapariciones, detenciones y despidos, conserva capacidad para organizar las
luchas a las que conocimos como las de "sobre en la mano". Se las
conoce por ese nombre porque cuando los militares venían a apretar a los
acusándolos de subversivos contestaban: “nosotros no somos subversivos,
reclamamos porque la plata no nos alcanza” y mostraban el sobre que denunciaba
lo que efectivamente cobraban de sueldo.
A principio de los 80, la recesión (el gran enemigo
de las luchas de los trabajadores organizados desde sus lugares de trabajo)
frena el proceso de conflictividad por empresas y empiezan a aparecer
respuestas del sindicalismo organizado que progresivamente va ocupando la
representación de las demandas sindicales. Las medidas de lucha nacionales
impulsadas primero por un grupo de gremios (los 25) y después por la CGT
liderada por Saúl Ubaldini son acatadas por los trabajadores, no porque
hubieran cambiado de opinión con respecto a la burocracia o por mera disciplina
gremial, sino porque le daban algún tipo de protección y argumentos frente al
patrón para hacerles un paro donde se expresara toda su bronca. En plena
dictadura el día previo al paro el comentario de: "mañana no sé si vengo,
por el problema de los colectivos y además no quiero tener problemas con el
sindicato...", fue la expresión que sintetizaba lo anterior.
En el repaso histórico que completamos con este
período, aparecen referencias concretas que demuestran que el mayor desarrollo
de las construcciones autónomas se corresponde con etapas de intervención de
los sindicatos e ilegalización de los reclamos gremiales y también con períodos
de alta conflictividad sindical. Y que la preponderancia de las estructuras gremiales
se da en períodos de baja conflictividad.
La agrupación de base
La agrupación de base es la unidad organizativa de
carácter permanente, para impulsar el desarrollo del poder popular en los
lugares de trabajo. La agrupación de base no está sujeta a la legalidad
sindical, puede ser pública o clandestina, según las condiciones en que se
desarrolle la lucha, el tipo de empresa, etc.
Ser miembro de una agrupación de base no exige una
identidad política determinadas (en ese sentido son agrupaciones abiertas),
pero si compartir una concepción de construcción de poder. Las experiencias más
cualitativas en el desarrollo de agrupaciones de base enseñan que la calidad de
su aporte al crecimiento de la conciencia y organización autónoma del conjunto
de los trabajadores de una empresa no está determinada por una cantidad
importante de integrantes sino por la relación que tiene la agrupación con los
activistas de base, con los líderes naturales que reflejan la opinión del
conjunto y tienen peso en las decisiones a adoptar. La experiencia demuestra
que si no hay reuniones fuera de la empresa donde un grupo sea capaz de
sistematizar prácticas, sacar conclusiones y convertirlos en propuestas, hay
pocas posibilidades de hacer aportes importantes. Pero también enseña que tan
importantes como esas reuniones son los contactos y reuniones que se hacen
dentro de las empresas con el activismo natural y formas de reunión propias de
cada lugar: las ranchadas, las "cuevas", los comedores, etc.
El objetivo de la agrupación de base es aportar al
crecimiento de la conciencia y organización autónoma del conjunto de los
trabajadores de una empresa. Esto significa promover la información y
formación, la decisión en asambleas por sector y generales, luchas que permitan
acumular triunfos y fortalecer la confianza en las propias fuerzas.
La decisión de luchar por la ocupación de espacios
sindicales debe estar siempre subordinada a la tarea central. A menor
concentración del poder burocrático y de las imposiciones de la legalidad
sindical, hay mayores posibilidades de utilizar esos espacios.
La posibilidad de acceso a un puesto de delegado o
en una situación de mayor desarrollo, a la participación en una comisión
interna, no está determinada solamente porque la agrupación de base pueda controlar
al compañero, sino y principalmente porque el conjunto puede realizar un
control efectivo y garantizar la democratización de la función sindical.
Emprender la tarea de ocupar espacios
institucionales presupone una correlación de fuerzas favorable, pero también
que sea una necesidad objetiva ocuparnos de un espacio determinado. Los años 74
y 75 demostraron que fueron muy útiles los espacios sindicales recuperados,
pero también que no es necesario recuperar la CGT para paralizar el país.
LA VERÓN,
UNA CONSTRUCCION ORIGINAL
12-06-2004
A seis meses de la ruptura del MTD Aníbal Verón que
provocó que un grupo de movimientos tomara distancia del sector encabezado por
el MTD de Florencio Varela, resulta conveniente hacer un balance de lo actuado
en el marco de los problemas que enfrentamos y la coyuntura política que
transitamos.
La mención a la coyuntura política es importante,
porque ésta ha estado signada por una fuerte deslegitimación del movimiento
piquetero por parte del gobierno y los medios y una prolongada sequía en
materia reivindicativa. Todo el balance debe ser referido a este período de
“vacas flacas” que como ya se sabe alienta la frustración, las disputas
internas y el descenso de la participación colectiva.
En el plenario fundacional, que se reunió en el
comedor Semillitas-Lanús, existía un debate no cerrado sobre si la ruptura era
o no definitiva y numerosos interrogantes con respecto a cómo sostenernos como
grupo librado a su suerte.
En momentos de crisis casi siempre sucede que nos
tratamos de dar ánimo y tratamos de autoconvencernos de que lo sucedido va a
servir para que estemos mejor, pero después la realidad nos baja a tierra y
tenemos que asumir el duelo.
La realidad es que después de la crisis nos habíamos
quedado sin gestión institucional en Provincia y Nación, sin dirigentes
reconocidos mediáticamente, sin seguridades con respecto a lo que podía ocurrir
con lo más elemental: los alimentos y los planes. Y si bien es cierto que éramos
más en cantidad de movimientos, ellos eran muchos más en la calle. En resumen:
la Verón era el grupo de Varela y nosotros una fracción minoritaria disidente
con destino incierto.
El trato que nos dio el gobierno y los medios en
los primeros meses se correspondió con esa realidad. El acercamiento de Dafunchio
al kirchnerismo crítico le dio más aire que supieron capitalizar.
La preexistencia de un grupo de afinidad constituido
desde una perspectiva estratégica y confianzas acumuladas en el tiempo, les dio
solidez al grupo inicial de 12 movimientos. No sólo por el aporte político
realizado sino por la actitud de proponer que el espacio de los 12, fuera el
espacio soberano de decisión política, no asignándose poderes especiales o
constituyéndose como bloque de presión. Si repasamos las discusiones en los últimos
seis meses va a ser difícil encontrar cuestiones en que de un lado estuvieran
los 7 movimientos originales de afinidad y del otro el resto de los
movimientos.
Haciendo un repaso de los logros obtenidos en los últimos
seis meses es evidente que el primer logro que obtuvimos fue recuperar la gestión
en Nación y Provincia. En los dos casos fue decisiva nuestra presencia en la
calle y la concertación de alianzas para pararnos desde lo reivindicativo. Creo
que también fue un acierto proponer exigencias acorde con nuestras fuerzas y
con lo que le podíamos arrancar al gobierno en la coyuntura. Partidas de
alimentos que nos permitieran abastecer los comedores, proyectos productivos y
levantar las bajas de los planes.
Alianzas
La constitución de un Espacio Piquetero
Independiente (EPI) y la convocatoria a un Encuentro de Organizaciones
Populares Autónomas (EOPA), son dos logros importantes en la dirección de
agrupar un espacio afín, desde donde coordinar con otras fuerzas populares. La
amplia repercusión y poder de convocatoria que tuvieron las reuniones por el
acto del 26 de junio convocado por la Comisión de Familiares y Víctimas,
demuestran el reconocimiento no sólo de una fecha, sino de los múltiples lazos
que ha sabido tejer en el tiempo nuestra Verón. En la relación que vamos
construyendo con el bloque piquetero y la ANT, a partir de nuestra
participación en los planes de lucha y las reuniones previas al 26 de junio,
nos presentamos como lo que somos: una fuerza pequeña, coherente y con una
importante red de articulaciones sociales.
Áreas y proyectos
Un paso muy importante fue la conformación de las áreas.
Aquí hay una respuesta muy valiosa a la discusión sobre la circulación del
poder interno. Evitamos tanto la ficción de que ese poder no existe y que todas
las funciones son iguales, como la suposición de que las tareas más relevantes
sólo pueden ser ejecutadas por un reducido grupo de compañeros. Ubicamos las
funciones que generan más poder interno y las fragmentamos evitando que compañeros
acumulen funciones y poderes.
La anécdota es que a lo mejor falta cubrir mejor
tal o cual área, o el reclamo hacia algún movimiento para que asigne compañeros
que garanticen un área, pero el trazo grueso es que hoy existen áreas con
capacidad de garantizar su función específica y que hay docenas de compañeros
involucrados en estas tareas, algunos garantizándola, otros como apoyo o
transitando un proceso de de formación, que en el futuro permitirá relevos.
Es indudable que hoy la Verón existe un área de
gestión Nación, de Provincia, de prensa, de relaciones políticas (que incluyen
internacional), de productivos, de alimentos y de administración. Se han
realizado reuniones de jóvenes y de mujeres y se hizo una reunión de cultura.
Hay esfuerzos por recuperar el área de seguridad y el de formación.
Pero además de las áreas hay proyectos que asumen
grupos de compañeros que se autoconvocan para realizar tareas determinadas y
que no necesariamente son generados por las áreas, pero que están en línea con
nuestra política. Algunos ejemplos: El grupo “Contraviento”, el curso de formación
para militantes, el trabajo de los cumpas de Barcelona, el libro de fotos Tierra Piquetera. El desarrollo de estas
iniciativas demuestran un alto grado de confianza interna y la convicción de
que compartiendo un proyecto político no hace falta la presencia de
determinados referentes, u orgánicas, para autorizar o no un proyecto. Esto no
significa suprimir la discusión política o permitir que cada cual diga o
ejecute lo que le parezca, significa que hay confianza suficiente para que el
proyecto pueda ser evaluado después que se puso en marcha. Esto era impensable
en los últimos tiempos de la vieja Verón, signados por la desconfianza y las
luchas internas. La anécdota fue una reunión de mujeres que fue cuestionada por
no haber sido autorizada previamente por la coordinadora.
En la experiencia del MST de Brasil podemos
encontrar también esa aparente dualidad entre las áreas, que son algo así como
el esqueleto que garantiza atender necesidades básicas, y los proyectos, que
son algo así como los reactores que permiten levantar vuelo al esqueleto y cuya
trascendencia puede ser superlativa o efímera. Algunos de los criterios que
después son asumidos por el conjunto, provienen justamente de la evaluación de
esos proyectos. Por ejemplo: una técnica productiva o de comunicación
implementada exitosamente en un asentamiento o una región después puede ser
nacionalizada.
Construcción estratégica
y política de masas
La gran encrucijada de los proyecto populares en la
Argentina fue siempre como conciliar el reconocimiento de la cultura política
de masas preexistentes con construcciones autónomas con una proyección
estratégica. Casi siempre se optó por uno de los términos de la contradicción y
los resultados fueron propuestas vulnerables por su aislamiento político o la
fragilidad de las construcciones de base.
Aparecen el La Verón algunas señales de que somos
capaces de proponer respuestas sintetizadoras. La valorización que hemos dado a
Darío y Maxi en la construcción de nuestra identidad es un buen ejemplo. En
nuestra construcción cotidiana promovemos lo colectivo sobre lo individual,
ubicamos las funciones con poder y las fragmentamos, machacamos con la idea de
que ningún compañero es irremplazable, insistimos en la idea de que la fortaleza
de la organización se asienta en la cantidad de personas que piensan con cabeza
propia, pero cuando nos expresamos como identidad apelamos a lo mítico: a dos
figuras individuales que nos expresan y nos sintetizan. En consecuencia, la
mirada de dos compañeras fotografían a La Verón (Tierra piquetera) no se detiene en los compañeros más referentes.
Pero Darío y Maxi están en Tierra
piquetera, en nuestra bandera y a nadie se le ocurrió discutirla.
La valorización de lo mítico es parte de cultura
política de nuestro pueblo. Personajes míticos fueron Facundo Quiroga, Isidro
Velásquez, Evita, El Che. El papel de lo mítico en el desarrollo de energías
revolucionarias de un pueblo que lo han desarrollado algunos autores como José
Carlos Mariátegui.
Está claro que no han sido las lecturas de
Mariátegui las que promovieron el peso que tienen Darío y Maxi en nuestra
identidad. Ha sido producto de una organización que por un lado es capaz de
reproducir elementos integradores de una cultura política de masas y a la vez
construir a contracorriente del modelo organizativo de esa misma cultura de
masas: el caudillismo.
Toda la discusión sobre los voceros está signada
por esa contradicción. Como garantizar que el vocero sea el compañero más
democrático y más orgánico del MTD (construcción estratégica), pero a la vez
sea una presencia pública muy fuerte, que se dirija hacia lo masivo (hacia lo
desorganizado) desde posturas bien definidas, sin vacilaciones. La discusión
sobre los voceros nos remite al dilema del papel de La Verón en relación a lo
territorial (los vecinos no organizados) y a lo masivo. ¿Cómo ser un caudillo
hacia fuera (tener capacidad de conducir, lo que supone hacernos cargo de la
cultura política de masas de nuestro pueblo) y no ser un caudillo hacia adentro
(garantizar una construcción y elaboración colectiva, que va a contramano de
esa misma cultura política)?
Las respuestas a estas preguntas no están en ningún
libro, en ningún diálogo entre anarquistas y peronistas. Están en nuestra propia
práctica, en si somos capaces de reflexionar sobre lo que hacemos
cotidianamente y como vamos resolviendo cuestiones del papel que le dimos a
Maxi y Darío en la construcción de nuestra identidad.
Una construcción original
Está claro que en la Argentina no hay recetas para
construir un proyecto popular con posibilidades de cambio social. También es
cierto que, haciéndonos cargo de toda la historia de La Verón hemos cometido
muchísimos errores, en particular errores de soberbia que son los más dolorosos.
Pero también es cierto que nuestra experiencia y en
nuestra construcción hay mucha cabeza abierta, muchas preguntas valiosas, mucha
prevención contra el dogmatismo de cualquier iglesia y una búsqueda permanente
de respuestas que más que zanjar una disputa interna sean satisfactorias a los
problemas planteados.
La observación de la inexistencia de una lucha
interna dentro de La Verón (lo que no es sinónimo de unanimidad o de ausencia
del debate de ideas), no es un dato menor en la propia historia de La Verón, ni
en la política de las fuerzas populares en la Argentina.
No es poca cosa invertir todas las energías
militantes y el tiempo que demandan las luchas internas en el fortalecimiento
de áreas, en el desarrollo de proyectos, en la construcción de una organización
nacional y en la búsqueda de propuestas que nos permitan avanzar en la
articulación y coordinación con otras fuerzas populares.
SOBRE LA ORGANIZACIÓN
(17-09-2004)
Lo organizativo presupone dar forma a una
concepción política, crear un vínculo entre las fuentes generadores de la política
y los lugares de aplicación de política. Exige combinar creativamente
democracia y eficacia. Nuestra concepción política apunta a aportar al proceso
de transformación, que definimos como cambio social. Pensamos que ese proceso va
a ser realizado por las mayorías populares y que los trabajadores van a jugar
un papel hegemónico. Entendemos que esa hegemonía no se concreta a través de la
construcción de un partido sino a través de la construcción y desarrollo de organizaciones
autónomas de los trabajadores. Desde esa concepción son fuentes generadoras de
la política las asambleas de base. Ellas definen el trazo grueso de nuestro
posicionamiento político. Por eso imaginamos nuestras formas organizativas como
una pirámide invertida, colocando en la parte superior a las asambleas de base
de trabajadores. También como una pirámide trunca porque no vemos su extremo
inferior como una punta afilada, sino como un colectivo de compañeros con
distintas responsabilidades ejecutivas. Lo organizativo debe ser coherente con
una concepción política pero además promover que se desarrolle esa concepción.
Tenemos que contemplar que no construimos en un
tubo de vacío sino que lo estamos haciendo bajo presiones externas, y cuanta más
referencia política construyamos, más presiones vamos a tener. Por eso debemos pensar
en una forma organizativa que, en el tiempo, no sólo sea coherente al principio,
sino que en el transcurrir del camino sea capaz de mantener y consolidar esa
coherencia. Y en una forma organizativa que además tenga capacidades de
convocar y movilizar a millones de personas no-organizadas, advirtiendo la
diferencia sobre lo que significa abrir la posibilidad de decidir entre
personas organizadas y no organizadas. Que tenga capacidad de generar política
desde las bases organizadas y hacer un aporte de conducción a las masas
desorganizadas (las dos pirámides). En nuestra construcción política aspiramos
a alcanzar importantes niveles de síntesis, pero es inevitable la lucha interna
que alimentan diferencias y personalismos. Si nos hacemos cargo de que ésta es
una realidad insoslayable por más amorosamente que empecemos, lo organizativo
debe apuntar a que esas diferencias sean saldadas lo más colectivamente
posible, que no sean discusiones o enfrentamientos cupulares.
El esquema organizativo
Como decimos en la propuesta de convocatoria a la
asamblea fundacional del Frente Popular Darío Santillán “Son las asambleas de
base de los trabajadores ocupados y desocupados los que permiten definir el
trazo grueso de una política de transformación, pero los sueños, decisiones y
los proyectos sólo pueden concretarse si están acompañadas con la organización de
los esfuerzos, la memoria de las mejores experiencias de lucha de nuestro
pueblo y las síntesis de las propuesta”. En resumen: no hay política autónoma
desde los trabajadores si no hay organización. En experiencias anteriores en
las que algunos compañeros y movimientos participamos como fueron el Encuentro
de Organizaciones Sociales (EOS), o la Coordinadora de Organizaciones Populares
Autónomas (COPA), no hubo decisión política de afrontar una discusión
organizativa.
Sin entrar en el debate de si fue correcto o no,
porque a lo mejor la maduración de los acuerdos y las confianzas, no nos planteaban
esa instancia, es indudable que la ausencia de un esqueleto organizativo común
contribuyo a que esas propuestas se diluyeran en la anomia, o exigencias
corporativas. Creo que con la nueva iniciativa que surge desde el Frente
Popular Darío Santillán hay condiciones y necesidades de afrontar este debate.
La primera pauta, me parece, es distinguir a organizaciones de trabajadores, de
organizaciones populares. Son organizaciones de trabajadores las agrupaciones
gremiales y los movimientos de desocupados. Son organizaciones populares los
movimientos territoriales (las asambleas barriales, los centros culturales),
las agrupaciones estudiantiles, de profesionales y pequeños productores. El
esquema organizativo presupone contener a todas las organizaciones populares,
pero dando preeminencia a las organizaciones de trabajadores, contemplando su
desarrollo. Se propone como pauta que representantes de organizaciones de
trabajadores ocupen no menos del 66% de las responsabilidades ejecutivas.
Esta prevención aparece como injustificada cuando
el lo urbano, las organizaciones de trabajadores desocupados representan más
del 80% de lo efectivamente organizado. Pero en el futuro puede no ser así (por
ejemplo podría desarrollarse una explosión del movimiento estudiantil, o un
resurgimiento del movimiento asambleario). Si acodamos con lo anterior, podemos
imaginar un funcionamiento donde se contemple un criterio de especificidad (por
ramas). Podemos imaginar entonces un plenario de las organizaciones de
desocupados, un plenario de las agrupaciones sindicales, un plenario de las
agrupaciones estudiantiles, un plenario de las agrupaciones territoriales. Esto
presupone una representación en una mesa ejecutiva, respetando el criterio de
que el 66% corresponde a organizaciones de trabajadores. En un ejemplo, si
imaginamos dos representantes por el movimiento estudiantil y dos
representantes por el movimiento territorial, estaríamos imaginando 8
representantes de organizaciones de trabajadores. También tendríamos que
acordar un funcionamiento donde se contemple un criterio de cercanía territorial
(regional). Aquí me parece que hay que ser muy preciso para definir lo que es
una regional, para evitar sellos.
Una regional supone la existencia de expresiones
organizativas con algún grado de desarrollo y referencia en todas las ramas.
Puede suceder así que en el conurbano puedan organizarse más de una regional y
haya que juntar los desarrollos de un par de provincias para imaginar una
regional (por ejemplo, Tucumán y Salta). Las representaciones regionales también
deben respetar el criterio de que 66% corresponda a organizaciones de
trabajadores. Podemos imaginar, por ejemplo, una representación regional que
incluya a tres personas (dos por organizaciones de trabajadores y una por el movimiento
territorial o etudiantil). Nos podríamos imaginar entonces en plenario
ejecutivo con 33 miembros (12 por ramas y 21 por regionales, suponiendo 7
regionales). Entre esos 33 miembros se tendría que elegir a compañeros y
compañeras que asuman responsabilidad de las distintas áreas de trabajo:
prensa, relaciones políticas, gestión, etc. Esas áreas se conformarán por
compañeros designados en las regionales. Lo que queda suelto es si van a persistir
grupos de militantes que se juntan por compartir una orientación ideológica y
que se propongan aportar desde esa orientación. Creo que esto se legaliza o se
hace igual subterráneamente. Lo mejor es legalizarlo, precisando que ningún
grupo puede hablar en nombre del frente, que orgánicamente elige sus voceros y
equipo de prensa. Finalmente hay toda una discusión pendiente sobre la
articulación de lo que hoy son propuestas de organización referidas a lo urbano
(como es Frente Popular Darío Santillán) y las organizaciones campesinas. En
esta discusión no empezamos desde cero. Hay una importante experiencia, con
acumulación de prácticas y confianzas desarrolladas por el MTD Aníbal Verón con
organizaciones como MOCASE (Santiago del Estero), APENOC (Córdoba) y UST
(Mendoza), que han generado su propia articulación como organizaciones
campesinas.
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