Cornelius Castoriadis (1922-1997) nació en Grecia, militante del PC; estudió derecho, economía y filosofía.Se trasladó a Francia donde ingresó en el PCI trotskista, del cual se separó para fundar en 1948 el grupo autónomo Socialisme ou Barbarie, junto con Lefort. Crítico de la URSS, de la idea ortodoxa de partido y defensor de la autonomía y la autogestión realizó una labor decisiva hasta 1967. Su actividad propiamente novedosa culminó con el mayo francés en 1968. Luego se formá como psicoanalista y terminó como un burócrata de la "Nueva Clase". Rescatamos aquí todo ese período fértil e innovador de su legendario colectivo.
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El papel de la ideología bolchevique en la aparición de la burocracia
Cornelius Castoriadis
Este texto fue publicado en enero de 1964 en la revista Socialisme ou Barbarie con el seudónimo de Paul Cardan. Servía de introducción a la obra La oposición obrera, de Alejandra Kolontai, publicada en el mismo número de la revista.
El folleto de Alexandra Kolontai La Oposición Obrera apareció en Moscú en 1921, durante la violenta controversia que precedió al XX Congreso del Partido bolchevique y que el propio Congreso debía cerrar para siempre igual que todas las demás.
Aún no se ha terminado de hablar acerca de la revolución rusa, de sus problemas, de su degeneración, del régimen que finalmente ha producido. ¿Y cómo habría de terminarse de hablar? En ella se combinan la única revuelta victoriosa de cuantas ha protagonizado la clase obrera y, además, el más hondo y revelador de todos sus fracasos. El hecho de que la Comuna de París haya sido aplastada en 1871, o la de Budapest en 1956, nos enseña que los obreros insurgentes encuentran problemas de organización y de política inmensamente difíciles; que su insurrección puede encontrarse aislada; que las clases dominantes no retroceden ante ninguna violencia, ante ninguna barbarie cuando se trata de salvar su propio poder. Pero la revolución rusa nos obliga a reflexionar no tan sólo sobre las condiciones de una victoria del proletariado, sino también acerca del contenido y la posible suerte de tal victoria, acerca de su consolidación y su desarrollo, acerca de los gérmenes de un fracaso cuyo alcance sobrepasa infinitamente la victoria de los versalleses, la de Franco en la guerra civil española o la de los blindados de Kruschev. Precisamente porque aplastó a los ejércitos blancos, pero luego sucumbió a la burocracia que ella misma había engendrado en sí, la revolución rusa nos sitúa frente a problemas de una naturaleza muy distinta que la táctica o los métodos de insurrección armada o la apreciación correcta de la relación de fuerzas. Nos obliga a meditar acerca de la naturaleza del poder de los trabajadores y sobre lo que entendemos por socialismo.
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