Notas sobre las redes, el neoliberalismo y la hipótesis poscapitalista
Por Klinamen
(agosto del 2002)
01.
El concepto de red tiene una operatividad que, más allá de los diferentes usos políticos, consiste en un acuerdo común: la puesta en cuestión o abandono de los modelos globales totalizantes o estatalizantes.
02.
Paradójicamente, el neoliberalismo y las nuevas luchas emancipatorias coinciden en un punto: ya no es deseable la regulación estatal de la vida social, el modelo del todo y las partes ordenado en tiempo y espacio por la planificación técnica.
Las redes, con sus connotaciones informáticas y democratizantes son el significante preferido de los discursos de las políticas antiestatales de derecha y de izquierda. Aunque debemos ser más precisos: en la práctica, la política de derecha es falsamente antiestatal, porque necesita del Estado para garantizar el pesadillesco flujo anárquico del capital que corre a la velocidad de la luz. Para que el flujo del capital se haga viable, éste necesita del Estado que es, como dice Marx, capital coagulado. El Estado, en tanto institución administrativa y representativa, es el punto fijo cosificado, el límite autoasignado del capital que le permite arrancar, tal como si fuera la caja de cambios de un auto. Sin instituciones y mediaciones, el capital desnudo no duraría un segundo, puesto que el capital desnudo no es otro que la guerra y el saqueo pirateril en persona, características reales que la representación vela. ¡Por eso, siempre hará falta un mínimo de burocracia para que exista! a capitalismo. Acá burocracia no debe ser confundida con organizaciones autoritarias o anquilosadas, debe entenderse como la apropiación de los asuntos sociales por una elite de administradores. Por si alguien pensó que las burocracias y los Estados grandes han muerto, está equivocado: actualmente, la neoburocracia de las consultoras y los proyectitos locales no son más que una versión dividida en fragmentos de la antigua burocracia estatal criticada.
03.
En una coyuntura en la que ya nadie es neoliberal en términos ideológicos, sino pura y exclusivamente prácticos (como cuando a partir de los dichos duhaldianos que llevaron a Página/12 a titular muerto el modelo, bienvenido el FMI), sólo una figura es hegemónica en términos ideológicos: la lucha contra el terrorismo y la protección de la seguridad.
En el campo progresista, la figura hegemónica es el reclamo por la soberanía de los Estados Nación, en decadencia frente a los flujos del mercado. Para ambas figuras, las redes como ejercicio democrático no pautado por el imperativo mercantil y por el control policíaco, comienzan a ser peligrosas: por el lado de la derecha, se pretende que cada vecino sea un buchón (proyecto de Bush y actuales operatorias mediáticas argentinas para generar una cultura represiva y temerosa), se pretende proteger la propiedad intelectual y evitar la hemorragia comunista que genera el desarrollo de las fuerzas productivas (intercambio gratuito de productos por Internet, ya no signados por la economía de la escasez, los grupos de trueque, las cooperativas y tomas colectivas de espacios públicos). Por el lado de la izquierda (las fuerzas socialdemócratas tipo ATTAC y todos los partidos de izquierda) se quiere evitar que las organizaciones no jerárquicas puedan prosperar (con el argumento de que no! son poderosas, se pretende que participen de las elecciones parlamentarias, y que se preocupen por recuperar la soberanía de los estados, etc.).
04.
Para ellos, son amenazas las redes reales, las que escapan a las jerarquías. Porque las redes como discurso siguen siendo parte de una repetida estrategia de reciclaje: la del reciclaje liberal, con su libertad mercantil, y la del reciclaje marxista, con su libertad condicionada a la constitución de un nuevo orden, esta vez sin traumáticas campañas revolucionarias.
05.
El agotamiento de la potencia instituyente de los Estados Nacionales ha dejado sin tarea ligadora en lo social al anarquismo de siempre del capital, que todo lo destruye y lo convierte en mercancía. Ya no hay Estado-Nación religando para maquillar la lucha de clases. La lucha de clases ya no tiene ficción política, la política descansa ahora directamente sobre los flujos del capital. Si antes las instituciones nacionales ocultaban el anonimato mercantil y el antagonismo de clases que genera, hoy no hay relevo de funciones, y las oposiciones socialdemocráticas/populistas son las que parecen querer suceder el sostenimiento de esta función.
La polémica Imperio-Imperialismo no tiene sentido, entre otras cosas porque lo que Negri diagnostica como característica del Imperio ya estaba antes de su constitución: cuando dice, por ejemplo, a la vez, que el Imperio no tiene centro y que Estados Unidos ocupa un lugar privilegiado, es una paradoja análoga y homologable a la del capital y el capitalista: en El Capital, Marx dice que el sujeto no es el capitalista, sino el Capital, que es la relación social enajenada que produce clases burguesas y proletarias. E incluso el tránsito al Imperio, está previsto en los análisis de Marx, cuando describe la conformación del General Intellect, cuando el capital ya no tiene ámbito externo de colonización sino que apunta a colonizarse a sí mismo. Cuando no hay territorios externos a conquistar, entra en escena el conflicto por el mando de los territorios internos. Bush y Al Qaeda se pelean por los mandos, pero su mando es único: el control biopolítico de las poblaciones. La biopolítica es el nombre de la dominación directa que hoy ejerce el capital.
06.
La paradoja de los nostálgicos progresistas, subsidiarios de la ideología ATTAC y partidos de izquierda, es que quieren realizar las tareas de religamiento ficticio, a saber: un nuevo pacto social, redistribución de la riqueza, y demás. Sin embargo, estas tareas son todo lo contrario de lo que hacían los marxistas-leninistas de quienes se proclaman herederos: ellos criticaban la formalidad de la democracia, señalaban que el problema no está en la distribución sino en la producción, que no hay contrato social sino lucha de clases, etc. Ah, y me olvidaba, ¡el internacionalismo proletario que fue la respuesta política al internacionalismo del capital!
07.
Hay otro desplazamiento ideológico, del cual muchos no somos concientes: se habla de que los neoliberales piden menos Estado y los progresistas piden más Estado. Efectivamente, para ambos sectores, el problema político pasa por este más y este menos. Y el sector progresista defiende temerosamente el mas con el argumento de que peligra la gobernabilidad capitalista. Pero en términos prácticos, la verdadera diferencia entre ambos la marca la adscripción práctica de los neoliberales a la sociedad de control (sin instituciones y Estado Nacional, con el mercado como único criterio de sociabilidad) y el intento de restitución progresista a la época de la sociedad disciplinaria (sus intentos de resucitar el Estado-Nación como motor de la producción económica y de integración ciudadana no son otros que el intento de actualizar la dominación disciplinaria de los cuerpos mediante la alienación en Proyectos Trascendentes: esto es así porque todos los planteos progresistas son conservadores: quieren volver para atrás, porque no hay ningún planteo que niegue a la negación de la sociedad disciplinaria).
La otra paradoja que aparece es que esta defensa progresista (tipo Verbitsky , dirigente de derechos humanos reclamando una policía honesta y capacitada) es heredera de quienes luchaban contra la alienación disciplinaria (sin más: la policía era policía burguesa, el Estado era de la burguesía, sus programas políticos y económicos obligaban a los trabajadores a seguir en su fàbrica a los intereses burgueses, etc.). Quizá lo moderado de los nuevos progresistas no consista solamente en no confrontar más, sino en ser una pata más en el mercado de opiniones de la sociedad de control, siendo solidaria en la ideología única de la protección contra la inseguridad y el exorcismo de la violencia. En otras palabras, lo suyo no es un moderacionismo sino un realismo. Entonces, no es de extrañar que el único debate pase por el menos y el más, en el imperio de lo cuantitativo, lo cualitativo se relega a lo imprudente y lo peligroso.
08.
La política progre, exorcisando stalinismos, habla de redes de participación ciudadana, coincide con los técnicos del Banco Mundial y la ONU que más Estado no es totalitarismo, ni que todo debe ser absorbido por el Estado.
Lamentamos decir que el totalitarismo no funciona necesariamente con la planificación centralizada en el Estado, sino también por redes: cada nodo de una red debe encontrarse en el mercado, o perecer: es por aquí donde se cuela nuevamente lo Total de la dominación.
09.
Es preciso entonces acotar el sentido político de las redes, ya que tomadas en sí mismas son sólo abstracciones. Los grupos de trueque, los predios tomados por los vecinos, las cooperativas de control obrero, funcionan como redes por cuanto no se definen (como las instituciones representativas estatales y mercantiles) por la exclusión-inclusión (nadie queda afuera), por tener o no tener (papeles, recursos, etc), por saber o no saber (las prácticas, los niveles educativos), y menos para competir contra los otros. También funcionan como redes porque su conexión no es definida por el valor de cambio, sino por el valor de uso. El valor de uso, no está definido por imperativos a priori (acumular, por ejemplo). No hay imperativo de consumo, tampoco de producción. Se produce y consume para la vida. La ética protestante del capitalismo ha muerto.
10.
La ley del valor se suspende en las redes, con lo cual podríamos decir que son prefiguraciones comunistas en el capitalismo. Atención: decimos que se suspende, no que se elimina. El valor político pasa ahora por la capacidad de sostener esta suspensión.
11.
No hemos descubierto la pólvora, esto que hoy llamamos redes, fue por ejemplo llevado a la práctica en las famosas colectivizaciones de Cataluña en la época de la guerra civil española, aplastadas por el fascismo y el stalinismo. Las experiencias de autogestión echan por tierra la política pedagogista, no es necesario un proceso de educación ideológica-política para la maduración de nada. En las asambleas barriales actuales podemos testimoniar cómo gente de diversa extracción social, educativa y etaria se implicó en experiencias nuevas casi de un día para otro y ¡con una capacidad de pensamiento que asombra a cualquier militante o estudiante universitario que viene por primera vez a alguna reunión!
12.
Tesis: además de una voluntad no-policial, no representativa, hay una voluntad no acumulativa. Ser fiel a esta voluntad es ser fiel al acondicionamiento de los territorios que habitamos, cuyos saberes y recursos no son más que reclamados en la inmanencia de los debates y decisiones tomadas por los vecinos (y no por los técnicos del Estado o de las fundaciones).
Lo público no estatal tiene otro concepto de grandeza que el del Estado: lo grande se expande por la implicación y construcción de iniciativas populares autónomas locales y no por su administración centralizada en oficinas de los partidos, las fundaciones y los estados. El carácter público-no estatal de las redes anticipa la sociedad poscapitalista. Sí señores: hay comunismo sin transición, o, mejor: la única transición es la anticipación.
13.
No acumular significa que no debe haber ni patrón ni empleado, ni que lo que se produzca genere excedente para unos pocos. Ni más ni menos. Con esto también se rompe con la metafísica productivista, de la que cayeron presas los militantes revolucionarios del siglo XX. El correlato práctico de la ilusión fue: como sólo se puede ir a la sociedad sin clases mediante una transición, sólo cabe acumular para sobrevivir en... un sistema definido por la acumulación. Hemos vivido varias NEP´s ... y encima hay nostalgia por ellas!
14.
No es bueno hacer prospectivas, pero el debate sobre la inmanencia y la horizontalidad de las prácticas chocará con límites. Y no hablamos de los límites que hablan todos: la falta de poder, de cauces representativos, etc. Los límites son correlativos al verdadero sentido de la división entre la derecha y la izquierda: que no es una división entre opiniones sino la división del pueblo entre armonizantes y antagonistas. Los armonizantes, pretenden conservar el orden conteniendo los antagonismos. Los antagonistas, pretenden desertar del orden y trazar un territorio no definido por la jerarquía.
15.
Los armonizantes, ante la amenaza antagonista, recurren al Terror. El Terror es la respuesta a los intentos desjerarquizantes. Lo que la armonía no puede lograr con la zanahoria, lo puede lograr con el garrote. El terror produce la división del pueblo entre antagonistas y armonizantes, siendo estos últimos operados por el miedo: confían su integridad a la policía y al repliegue de las verjas y las armas.
16.
El poder aprovecha esta división en el pueblo, cuenta con el apoyo de los armonizantes-recluidos para la persecución, el exterminio o la guerra. Cuenta con la ayuda de los medios de comunicación para convertir a los antagonistas en elementos peligrosos del orden.
17.
Esto puede llevar al futuro a las organizaciones populares a su conversión en organizaciones particulares, que, aisladas por el temor generalizadas, pasan a ser organizaciones terroristas. Pueden reaparecer viejos dilemas como la entrada o no a la clandestinidad, el uso de armas o no, etcétera.
18.
Pero no nos excedamos en idealismo: preguntarse si las experiencias actuales pueden organizarse de modo que pueda garantizarse su vitalidad el mayor tiempo y espacio puede ser una respuesta materialista a esos dilemas.
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