PODER Y CLASES EN ARGENTINA: una respuesta al compañero FLD
Creo que lo que se generó no fue una sustitución de sectores dominantes a cargo del poder. Tampoco hay una rotación de formas de dominio ni siquiera, todavía, transformaciones institucionales legitimadas en la sociedad. Creo, si, que asistimos a un caso peculiar de vacío de contenidos de poder. O sea, el poder mantiene sus formas, opera con poco poder intrínseco y ante cada paso que da en el ejercicio del imperium político se desfibra, vaciándose cada día más. Las clases dominantes, creo, no rotaron su presencia sectorial en el gobierno: directamente lo abandonó. Estaríamos frente a ese raro momento histórico donde hay un poder sin una clase que lo sostenga.
La cuestión ahora estriba en saber detectar hacia donde se dirige el poder que ha quedado a la deriva o, en su defecto, que vaso va a llenar: si la copa del autoritarismo o la jarra de un nuevo sistema democrático popular. No puede haber burguesía montañesa, porque no hay ningún proyecto revolucionario desde arriba. De haber sido un proceso dirigido por una clase dominante con proyecto, no se habría generado, no ya el vacío del que hablamos, sino tampoco la desorientación política que marca al gobierno de Duhalde.
R: el documento Masa y Poder era un intento de ubicar, dentro de la aparición de las clases populares, dentro de una coyuntura mediana, los propios conflictos entre las clases dominantes que precipitaron, y de esto no hay duda, el diciembrazo, los sucesos del 19 y 20. Veíamos una no-simultaneidad entre, por un lado, la lucha palaciega, diríamos florentina, entre las fracciones burguesas excluidas de la privatización y de la convertibilidad (es decir. el comando capitalista total de la economía) y poderosos lobbies ligados al menemismo y luego al gobierno de De la Rua, y, por otro, el movimiento social. Esta diacronía cesó con el golpe de estado realizado por Duhalde y su alianza bonaerense (pensemos que existían formas de recambio institucional de bajo conflicto para crisis de este tipo en la figura del jefe de gabinete, según la Constitución de 1994). Esta nueva socialización capitalista, una suerte de refundación de la Argentina, no podía hacerse a través de los canales constitucionales de emergencia por su grado de violencia material y jurídica. Vos crees que esto podría ser un vaciamiento de poder. Un buen ejemplo de esto, en un marco más que similar al argentino, son las luchas de clases en Francia entre orleanistas y republicanos. El movimiento fue obligado a la semi-insurrección de diciembre por la burguesía de la Montaña. El combate institucional contra De la Rua había sido dirigido por la fracción más decidida de la burguesía (De Mendiguren, nuestro pomposo Ministro de la Producción, es un hombre colocado allí por el grupo económico Massuh), y a cuyo estomago fueron a parar las consecuencias de la transferencia de riqueza producida por la devaluación. Con la fuerza del movimiento de asambleas, piquetes y cacerolas se quebrantó, en una semana, la influencia de los republicanos democráticos de la Nueva Clase, es decir: no sólo la alianza política del golpe bonaerense, sino el recambio al estilo ARI. Veamos. Para nosotros el poder es una categoría fundamental de la política y del estado, o sea: de la sociedad política. Poder debería ser entendido como la cualidad esencial de la hegemonía, del dominio y del mando, de la efectiva y global disponibilidad de los medios con los que articular la propia organización política. Esta globalidad es la que lo hace, incluso para la propia ciencia política burguesa, difícil de clasificar. Desde Hobbes pasando por Hegel hasta Weber, donde el poder es la probabilidad de que una clase en una relación social esté en condiciones de imponer su voluntad a pesar de la resistencia e independientemente del fundamento sobre el que se base esta probabilidad, la concepción varió desde el lugar del sujeto del absolutismo (la ley soy yo) hacia la materialidad y la institución. Lo cierto que como le sucedía a Dios, que le temía al vacío, el poder siempre está lleno: hasta nuevo aviso es una relación de subordinación entre un grupo o una clase y otras. No puede ser de otro modo. Pero el poder, que para ser comprendido debe ser encarnado en una formación socio-económica determinada, tiene que solidificarse en articulaciones institucionales: desde la revolución inglesa, la primera de la burguesía, la teoría del gobierno mixto, con Locke precisando su unidad en la pluralidad; luego la tripartición de Montesquieu que configura una relación de integración estrecha en cuanto organizador de lo social. Aquí aparece la modalidad estrictamente capitalista del poder como monopolio y ejercicio de la fuerza material y garantizador de la finalidad de la organización social. Lo que posiblemente sucede, y es lo que vos señalas con mucha corrección en el caso del gobierno de Duhalde, es que en la historia capitalista moderna el poder, y aquí estamos analíticamente en el ámbito interno del concepto, tiene formas y naturalezas que dependen de su relación social antagonista. Así, para realizar una rápida clasificación, podríamos hablar de un poder de forma hipercrática, anárquica o mesocrática. Vale decir: puede ser ejercitado con rigor opresivo, con debilidad y dudas o con tolerancia. El primero es el poder absoluto, se ejercita el poder por sí mismo, no midiéndose ninguna consecuencia en lo económico, social o cultural, reduciendo el problema de la obligación y la obediencia a pura sumisión. La anárquica, quizá lo que estás viendo ahora, se caracteriza por la extrema debilidad de las instancias institucionales y por el estado de desorden que se deriva del enfrentamiento a las normas y roles, condiciones básicas de la reproducción social del capital. La mesocracia sería, de alguna manera, el estado excepcional del Capital-Parlamentarismo. De esto se deduce que es imposible un poder sin clase, pero es imposible por la propia definición de poder. Lo que sí existe es exhibición atroz de poder anárquico. Un abrazo. Colectivo NPH
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