Guerra y Revolución
En los días de la frenética preparación para la primera guerra mundial (1914-1918), antesala de la revolución rusa de 1917, las alas izquierdas y autónomas de la vieja izquierda europea encontraron el catalizador, la excusa histórica, de empezar a conformar una red mundial organizativa, una federación de lucha y combate, de intercambio de experiencias, de trasvasamiento de prácticas, que aglutinó durante casi dos décadas un movimiento mundial revolucionario inédito para el capitalismo de la época.
Esto antes de ser absorbida y manipulada desde el buró de la III° Internacional. Su punto de partida fue agresiones imperialistas de diversa gravedad y se conformó a partir del Manifiesto de Basilea de 1912.
Allí se declara abiertamente que ningún interés popular-nacional puede justificar una guerra, que se libra en aras de los "beneficios de los capitalistas y por conveniencias dinásticas", sobre la base de la política imperialista, expoliadora, de las grandes potencias.
El manifiesto declara en forma expresa que la guerra es peligrosa "para los gobiernos" (para todos sin excepción), hace notar que sienten el temor a la "revolución proletaria" y señala con toda precisión el ejemplo de la Comuna de 1871 y el de octubre-diciembre de 1905, es decir, el ejemplo de la dialéctica revolución-guerra civil.
Así, pues, el manifiesto de Basilea establecía la táctica de la lucha revolucionaria de los trabajadores contra sus gobiernos en escala internacional, la táctica de la revolución proletaria, de la multitud.
En caso de estallar la guerra, los socialistas deben aprovechar la "crisis económica y política" creada por ella para "precipitar el hundimiento del capitalismo", es decir, aprovechar en beneficio de la revolución socialista las dificultades que la guerra causa a los gobiernos, así como la indignación desbordante y radical de las masas.
Nuestro deber es ayudar a que las masas adquieran conciencia de ese espíritu, profundizarlo y darle forma.
El estado de ánimo de las masas en favor de la paz expresa con frecuencia un comienzo de protesta, de instinto revolucionario, de indignación y de toma de conciencia del carácter reaccionario de la guerra, por ende, del capitalismo y sus formas imperiales.
Aprovechar, hacer un "uso" desde el punto de vista de la clase obrera de ese estado de ánimo es un deber.
Esta tarea sólo la expresa certeramente la consigna de la trasformación de la guerra en organización y coordinación internacional de masas.
Táctica = organización = acciones autónomas de masas.
El manifiesto de Basilea se refiere directamente al ejemplo de la Comuna de París, es decir, a la trasformación de una guerra entre gobiernos en guerra civil de clase.
La guerra de Irak como detonante, como violación burguesa a su misma legalidad, como anticipación internacional de un nuevo nivel de luchas de la nueva figura del obrero posfordista.
Nada es hoy más actual que la oportunidad histórica que la miopía de Bush, la decadencia escondida del Imperio y el despertar mundial de las masas en la movilización unitaria y coordinada a escala planetaria más grande jamás vista.
Estados Unidos se encuentra asediado por la subida del desempleo, déficit presupuestario por las nubes, libertades civiles atenazadas.
El movimiento mundial, sus sectores más autónomos, sus franjas críticas, sus militantes más jóvenes, deben saber utilizar la coyuntura inédita que ha provocado el Imperio y sus aliados para recomponer la escindida clase obrera internacional.
Se comprende muy bien que para crear una organización internacional autónoma es indispensable que en los distintos países existan movimientos o áreas autónomas genuinas, auténticas, con vida propia (no secciones externas al movimiento ni fetichismos organizativos de la vieja época).
Y este ya es el caso en las principales naciones de Europa y América.
Pensar globalmente, actuar localmente. La oportunidad es en realidad doble: fundar una nueva Internacional desde abajo, liquidar los viejos cadáveres de la izquierda dogmática.
Nosotros también tenemos entre nuestras manos un "cadáver apestoso". Es el del viejo orden de las cosas. La coordinación de acciones de masas a escala mundial representa un nivel inédito en el desarrollo conciente del proletario internacional.
Es el comunismo que renace, un comunismo que será autonomista, social, intransigente, insurreccionalista, antiparlamentario o no será.
Colectivo: Nuevo Proyecto Histórico.
21-3-03
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