¿Participar o no de la disputa
electoral? ¿Estado y asamblea? ¿Entrar al estado o disolverlo? ¿Gobernar o
Cogobernar? ¿Democracia o Autogobierno?
Gobierno-Cogobierno-Autogobierno
=
Representación-Desrepresentación-Autoexpresión
Nota: este material es un
adelanto del primer diccionario posfordista de la Argentina
“El poder de las oligarquías que está
intacto en todos los países del MERCOSUR ampliado: Brasil, Paraguay, Argentina,
Uruguay, Bolivia y Venezuela (..) En lo económico, los
grandes capitalistas nacionales no han sido tocados en sus intereses vitales
por el desarrollismo, en ninguno de los cinco países, y lo mismo vale para las
corporaciones transnacionales (..) Los movimientos
sociales deben aumentar la presión para que se rompa gradualmente esta
política, comenzándose con la moratoria de la deuda ilegitima (..) El MERCOSUR ha sido, hasta el día de hoy, un simple
acuerdo comercial de lógica neoliberal, en el cual las corporaciones y Estados
más fuertes han explotado despiadadamente a los más débiles (..) Salvo el Comandante Hugo Chávez, nadie de los
presidentes del Bloque Regional de Poder ha declarado un interés en desarrollar
una sociedad postcapitalista de democracia real. Esta tarea recae, por lo
tanto, esencialmente en los movimientos sociales, científicos, artistas y
partidos políticos anticapitalistas del mundo”.
Heinz Dieterich, Cumbre de los
Pueblos, Córdoba (Argentina), Rebelión,
21/7/06.
“La vía electoral sirve si arriba hay
una relación con los de abajo, pero ahora hay un completo divorcio”.
Subcomandante Marcos en la CNN,
14-5-06.
“Poder-pensar lo que queremos,
poder-decir lo que deseamos, poder-satisfacer lo que necesitamos”.
Frente Popular, Boletín Nº 7, marzo
2006. Frente Popular Darío Santillán (FPDS).
Dilemas:
1:: Desrepresentación
2:: Gobierno-Cogobierno-Autogobierno=Representación-Desrepresentación-Autoexpresión
A treinta años de la caída en combate de
Mario Roberto Santucho,
y mientras el gobierno israelí ejerce su ocupación Nazi
contra el Líbano y Palestina...
1:: Desrepresentación
“O
inventamos o erramos.”
Simón Rodríguez, (1769-1854).
La desrepresentación es el último acto de la representación
entre el “Capital-Parlamentarismo” y la república asamblearia, mientras no se salde el empate de fuerzas
que surge de la crisis social, económica y política del capital posfordista.
Toman cuerpo en los nuevos
agrupamientos político-sociales los modernos mandatarios asamblearios.
Representantes de la des-representación. O esta dinámica se da en el debate
democrático y confrontando prácticas alternativas o se imponen los caciquismos
falocéntricos y los narcisismos de las pequeñas diferencias.
Entre delegación capitalista, el
fin de todas las clases y la democracia, y el autogobierno de la multitud, se
impone por un tiempo la democracia directa y participativa. Tarde o temprano
esta lógica se resuelve. O gana el capital y el retorno del representante
fetiche, o se extingue el tribuno-delegado en el magma de las singularidades de
la multitud asamblearia. Develando, de este modo, cara y contracara de una sola
antagonía sustancial: la dominación capitalista o la potencia infinita del
movimiento.
En su trayecto, formas híbridas y
todavía no hegemónicas como la reapropiación de unidades capitalistas, el
control obrero y la autogestión, fuerzan con su potencia líneas de fuga del
poder. Resisten los embates de la vieja sociedad dominante y se preparan
conjuntamente a extinguir al Capital-Parlamentarismo y los últimos resabios
des-representativos.
Toda verdad es histórica: La lucha
desrepresentativa también es la forma concreta de combate posmoderno cuando se
interviene en los ámbitos sindicales, legislativos y se conquistan los poderes
ejecutivos.
Participar o no en las viejas
instituciones es un presupuesto material, no ideológico. En momentos de crisis
económicas y políticas resulta una impostura. Con la multitud en las calles
insurreccionada recuperando su soberanía y poder constituyente que fuera
delegada en el estado, toda vetusta institución se vuelve un escollo y poder
constituido.
Si el poder capitalista remonta el
colapso, participar en el estado, no es más que luchar dentro y contra -sin
renunciar jamás a ir más allá- de la ley del valor. Restaurada la sociedad
mercantil, en cualquiera de sus variantes Capital-Parlamentarista, el ejército
de la mercancía impide el autogobierno de la multitud.
El estado y todas sus agencias no
son más que una de las tantas formas que adopta la mercancía fuerza de trabajo.
Sea bajo el disfraz del dinero, el trabajo asalariado, el capital y los
gobiernos. No se es más, ni menos anticapitalista, porque se pelee por mejores
salarios y planes sociales, subsidios a las empresas recuperadas y acceder al
gobierno.
El reto es doble: Cómo ocupar los
espacios ejecutivos sin renegar del contrapoder, al mismo tiempo que, favorecer
a las prácticas de poder popular. Asumir el desafío de ocupar el gobierno a los
fines no sólo de no entorpecer, sino impulsar, el autogobierno de la multitud.
Pasando del mero ejercicio del gobierno ejecutivo estatal, a un efectivo
cogobierno o cogestión comunal.
Cuando un movimiento social decide
participar de las elecciones y conquista el gobierno de una comuna, una
provincia y aún un gobierno nacional, busca favorecer la autodeterminación de
los hacedores. Pues bien, ¿Cómo gobernar para no ser subsumido por la
tecnoburocracia y el capital? Para esto se tiene que gobernar “con” la
multitud, no solo “para” la multitud. Ningún gobierno puede reemplazar el
camino emancipatorio del sujeto social. De lo contrario será, en el mejor de
los casos, una vanguardia sustitucionista del poder constituido.
No hay delegación permanente del
movimiento social en los representantes estatales, sino cogobierno. Un gobierno
como delegado mandatado de la multitud. No su reemplazo, no su sustituto, no su
fetiche. Sino la configuración de un cogobierno de hecho. Para que un gobierno
estatal no sea un poder contra la multitud, ella tiene que ser parte del
gobierno, necesita que sea su gobierno. Para esto es necesario constituir desde
el primer día de gobierno un cogobierno, provocando en su devenir, huellas
indelebles de autogobierno de la multitud.
Hacer lo contrario a todas las
experiencias históricas: no es la dualidad de poder de los movimientos sociales
los que deben disolverse delegando su soberanía en el estado; sino que es el
estado, el que debe disolverse en el movimiento social autosoberano y sus
nuevas instituciones asamblearias.
Que la crisis política se genere
por la desestabilización del gobierno político estatal, producto, del ser
social que vacía al estado del lugar central de agenciamiento de lo hecho; y
no, por el contrario, que la crisis explote en los movimientos porque
entregaron al estado su poder soberano.
Autogobierno, circuito comunal, o
red de autovalorización de la sociedad productora (el poder del nuevo ser
social y la puja contra la vieja sociedad), se vuelve una misma cosa.
Producción y combate se reunifica.
El combate contra el estado desde
el estado, no escinde el momento social de lo económico y la autonomía de lo
político. Por cierto, que los movimientos sociales puestos a co-gestionar el
estado para disolverlo se introducen en un laberinto. El desafío es mayúsculo y
resulta imposible reducirlo a meras simplicidades. Que en un mismo tiempo
histórico convivan la liberación del valor de uso del hacer y la hegemonía del
valor de cambio de lo hecho, produce efectos desestabilizadores para ambas
partes.
Participar del estado y conservar
la autonomía es tan contradictorio como luchar fuera de él y recuperar cuotas
de plusvalor social bajo la forma del dinero, mientras que, se apela, al
anticapitalismo más allá del valor de cambio.
2:: Gobierno-Cogobierno-Autogobierno=Representación-Desrepresentación-Autoexpresión
“La
estrategia tradicional que superpone un discurso político ideológico a un
movimiento de lucha gradualista y reivindicativo, que en sus contenidos
permanece dentro del sistema, será siempre incapaz de determinar una crisis
general del sistema, y todavía más incapaz de ofrecer una solución positiva a
la crisis (..) ¿Cómo pueden crecer, y asumir fuerza estable, en efecto, estos
movimientos políticos de masas? (..) El movimiento no puede permanecer eternamente
a un nivel magmático y espontáneo: necesita elaborar una línea propia, acumular
experiencias, seleccionar los propios dirigentes, coordinarse en los varios
sectores, conquistar un propio espacio de poder. Sin todo esto, se ve obligado
a recomenzar continuamente, desde el principio, no resiste a las fases de
reflujo, se dispersa en luchas sectoriales, oscila entre reivindicaciones
inmediatas fácilmente integrables y conatos de revuelta que lo dividen y
aíslan.”
Lucio Magri, Parlamento o Consejos, 1970.
La
política estatal y extraestatal retoma la riqueza de las dimensiones del bios
porque ambas se alimentan de la vida, por eso es bio-política, por eso la
tríada entre las formas de vida del trabajo registrado, precario y negado. Por
eso desemboca en el gobierno del empleo estable que lucha dentro de la relación
salarial; el cogobierno del precariado tironeado entre el capital que lo emplea
de manera intermitente y el paro periódico; y el autogobierno de los excluidos
del salario. Por eso los desocupados, expulsados del salario o trabajadores
negados por el capital, son materialmente más propensos a ir más allá de la
Forma-Estado del capital que no los asalariará jamás. Es por ello, que los desocupados
ha dejado de ser el lumpen proletariado e integran la fuerza obrera antagónica
por excelencia al Estado-Capital.
La emancipación social del capital
los contiene a todos: registrados, intermitentes y negados, pero no todos
parten desde la misma situación productiva. Por lo tanto, en cada caso, la forma
política que adopta cada porción de la clase que vive de su trabajo, responde a
la materialidad objetiva del hacer estable, flexible y desempleado.
El pasaje del fordismo al
posfordismo dio nacimiento a la multitud. Con todo lo que esto acarrea en la composición
social y política de la posmoderna clase trabajadora: sea profesional, operaria
o técnica. Fabril o de servicios; estables o precarios; en la ciudad y el
campo; con mameluco, uniforme y traje; de trabajo material o cognitivo;
masculino, femenino, gay, lésbico, bisexual, travesti, transexual y transgénero;
en el estado o las empresas privadas. Que trabajan para el mercado interno o
externo; que se desenvuelve con ritmos de trabajo proletarizados en las aulas y
hospitales; en el diseño y el arte; en los supermercados como repositores y
cajeros; en las tiendas de barrio como empleados; en los lavaderos de autos
como esclavos del confort ajeno; como fuerza de venta de la TV por cable y los
celulares. Una fuerza del trabajo vivo que trabaja para la pequeña, mediana y
gran patronal; sean niños y jóvenes, adultos y viejos. Un proletariado,
neoproletariado y subproletariado, de la economía.net y bajo el taylorismo; de
pueblos originarios y campesinos; en la venta ambulante y la prostitución; en
el delibery y el trabajo afectivo en los comedores populares; en el cuidado de
lo doméstico y la economía piquetera de subsistencia; en la cárcel y en la
calle; en el trabajo legal e ilegal; en las empresas recuperadas que trabajan
para el mercado y en las oficinas como data entry y telemarketing; en las
empresas de servicios públicos privatizados, y en las fábricas y construcciones
como clase obrera industrial.
Va de suyo, que la
desrepresentación política no es la pura representación del gobierno sobre la
sociedad hacedora y simple gestión de los social; sino, un cogobierno y
cogestión multitudinaria. La desrepresentación política no significa la defensa
ni recuperación del estado, sino un más allá del estado. Ni propiedad estatal
ni privada, sino, pública y comunal. Ni presupuesto a libro cerrado ni
presupuesto participativo; sino, presupuesto abierto a las asambleas, comunal y
autogestivo.
La más barata y transparente de las
administraciones: el pasaje de la administración Capital-Parlamentaria al
cogobierno ejecutivo-legislativo-comunal que deviene autogobierno. Que
delibera, administra y juzga.
Un cogobierno como expresión de la
multitud, de los muchos, de los más, de los comunes, de los productores. Un
gobierno como expresión singular de lo colectivo. Lo social que da un sentido
destituyente a la participación electoral. Que lo significa, lo distingue, lo
nombra, y al nombrarlo revela a la multitud desrepresentativa y constituyente.
Un cogobierno de poderes populares
que conservan su autonomía; y no de funcionarios y líderes de movimientos
sociales cooptados para terminar con la movilización de la multitud y su poder
constituyente.
De participar los movimientos
sociales autónomos en las elecciones ejecutivas nacionales, provinciales o
municipales, y mas aún, si llegan al gobierno, lo que se precisa son
co-gobernantes. La multitud ordena y el gobierno ejecuta. Es decir, autoridades
estatales que manden obedeciendo.
Que no entorpezcan ni sustituyan la
autogestión obrera, la autoorganización asamblearia y la autonomía piquetera.
Restituyendo a los asalariados y desocupados las mayores cuotas posibles de
plusvalía que le fuera extraída por el capital. Transformada por el actual
estado en plusvalor social o Capital-Parlamentario. Plusvalor que debe ser
devuelto, por el gobierno, por intermedio de los recursos monetarios que
permitan el sostenimiento y desarrollo de todos los movimientos
extra-parlamentarios. Únicos garantes para terminar de forma definitiva con
toda plusvalía.
Organismos que utilizarán temporariamente
esos dineros mientras expanden, generalizan -y por lo tanto fortalecen-, una
economía que vaya más allá del salario, la compraventa y la moneda. Instaurando
en su trayecto, una Red de Redes de todas las prácticas comprometidas con
abolir la expoliación y el desempleo.
Un movimiento antisistémico que una
vez que se haya suprimido la actual economía hegemónica del capital, no
necesitará nunca más ningún organismo como el estado. Porque no olvidemos, que
el comando estatal es una forma más de las que toma el capital. Que separa el
momento de lo político de lo social. Atribuyéndose la potestad de concentrar y
distribuir los recursos expropiados a los trabajadores. Mientras que ubica a lo
social, como una potencia colectiva que precisa ser vigilada y reconducida por
el estado. Combatiendo la autonomía social del hacerse-para-sí. Desmembrando,
cooptando y reprimiendo, el ejercicio de las capacidades de los trabajadores de
gobernarse por-sí-mismo o autogobernarse. O lo que es los mismo, el ejercicio
de su propia política. El hacer que determina sobre lo hecho. Cuándo, cómo y
para qué se produce; y de que forma se ahorra, distribuye y consume lo
producido.
Por lo tanto, no se apela a un
estado popular que reemplace a la multitud. No se entiende a esta maquinaria
burocrática, docilizante, seductora y represora regeneradora de relaciones
sociales antagónicas, como un artefacto que, operado por los trabajadores, se
torna reivindicable. El estado Capital-Parlamentario debe ser abolido. Mientras
tanto, todo arribo a su gobierno solo colabora con la liberación social del
yugo salarial, siempre y cuando, termine con todo tipo de gestión que reemplaza
la autonomía de la multitud.
Necesitando pasar del mero
ejercicio del gobierno Capital-Parlamentarista, a un efectivo cogobierno
comunal. Favoreciendo en su devenir, la transferencia de las funciones
políticas del estado a la sociedad. Entendiendo, por funciones políticas, la
reapropiación y reapoderamiento de la comunidad de todas las capacidades que
esta posee para conducir su vida.
Un poder social, como potencia del
hacer, que todos los gobiernos expropian y que transforman en la esfera
específica de su dominio, o lo que es igual, en poder político. En definitiva,
pasar del gobierno al cogobierno y al autogobierno.
Autogobierno como poder
constituyente, circuito comunal de bienes y servicios, valores y afectos,
normas e instituciones del común, y red de autovalorización de la sociedad. No
como contracara del poder constituido sino como su radical contrapuesto. Gobierno-Cogobierno-Autogobierno,
no como instancias transicionales y etapistas, sino como movimiento
constituyente permanente. Que desconfía (producto de las experiencias
históricas frustradas), de todo tipo de poder heterónomo constituido.
La política de los hacedores
resulta un ejercicio colectivo y no una función especializada de los
gobernantes. Política de la multitud que, para efectivamente realizarse, debe
restablecer la unidad de los trabajadores con su propio trabajo, fuente de todo
poder. Caso contrario, las mayorías condenadas al trabajo por una paga, quedan
separadas por sus patrones y carecen de los territorios comunes para “hacer
política”. Espacios, de una actividad, que quedan reservados a los despachos y
palacios de los políticos.
La condena de aquellos que
reproducen su fuerza de trabajo de manera asalariada y autoempleada subsumida
en el capital, torna a la política colectiva, una práctica donde el productor
solo puede desarrollarla en su tiempo libre. Transformando la política en una actividad
separada de la economía. Facilitando y forzando a depositar en los
representantes revolucionarios de tiempo completo, o profesionales de la
política, las tareas insustituibles de la multitud para su liberación social
del capital. Pasando los trabajadores, de este modo, de soberanos de sus vidas
a súbditos, representados y víctimas de la estadolatría de turno.
22 de
julio de 2006
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