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Titulo:
Abolición del trabajo asalariado
Autor:
Colectivo NPH
Fecha de Publicación:
05/12/02
Descargar:
doc    

Trabajo: Condena del presente. Para liberar al trabajo del capital hace falta antagonizar al capitalismo, autonomizarse de su dominio y realizar la multitud una revolución social que extinga el estado, el capitalismo, el salario, la sobre-ocupación y el desempleo.

El trabajo en el capitalismo es la actividad que separa al productor del apropiador, al que origina la riqueza del que la expropia, al que la crea del que la administra, al poder hacer de la multitud del poder sobre los que hacen. Este poder sobre los sometidos, únicos portadores del poder hacer, por parte del poder de los sometedores, es lo que explica la inherente potencialidad antagonista y autonómica del trabajo. Que por lo tanto no precisa de ningún sujeto exterior al proceso productivo para liberarse. Es más, sin esta potencia ontológica e inherente, constituyente y subversiva no habría posibilidad de denominar al asalariado como sujeto revolucionario. Sujeto histórico, como actor social y político, con capacidad de quebrar el dominio del capital sobre la producción y protagonista de una revolución social que lo libere.

La potencia del poder hacer, encorcetada por el poder sobre su actividad, encierra la posibilidad del poder hacer-[se] insubordinado, para recobrar el pleno dominio de su potencia expropiada por el capital.

El sometimiento de los empresarios sobre los asalariados, excede la empresa, el municipio y la nación, ampliando sus dominios a un tipo de relación que es social y universal. Sostén de los dispositivos relacionales estatales y la circulación mundial del trabajo, devenido mercancía, dinero y capital a través de todo el planeta. El comando del capital, su poder sobre la multitud y su sometimiento constituye la verdadera fuente del poder de los patrones y los estados y, conforma, el terreno privilegiado de la antagonía de los asalariados.

Se instaura universalmente la relación productor-apropiador y la separación funcional de la economía de la política, pero nunca pudiéndola definitivamente divorciar para no poner en riesgo mortal la propia reproducción del capital y el consenso social del sistema. Salvo en momentos excepcionales donde irrumpe el terror estatal, reclamado por las minorías, consentido por la pequeña burguesía y aceptado pasivamente por millones de asalariados y desocupados. Instaurando una dictadura que se desprende de sus ropajes capitalistas consensuales, procediendo al asesinato, prisión y desarticulación de los colectivos político-sociales, partidos y sujetos, que ponían en cuestión todo el orden social capitalista.

En tiempos de subordinación del trabajo se instaura a la economía y la política como dos esferas diferentes pero rearticuladas en beneficio del capital, con características consensuales, pero siempre mas o menos conflictivas. Quedando constituido el capital-parlamentario, un reticulado de subordinaciones y antagonías económicas y políticas, en un sistema inestable más o menos policial. El capital-parlamentario instaura al ciudadano como verdadera ficción de la igualdad jurídico-política. Donde asalariado, desocupado y capitalista nunca tienen el mismo poder y por lo tanto son ontológicamente desiguales.

Trabajo: En las comunas asamblearias la multitud asociada se liberará de la causa fundamental de su desdicha: la propiedad privada de fábricas, campos y empresas. Forma de propiedad obtenida a costa del trabajo asalariado convertido en mercancía y transformado, sobre la base de su circulación, en capital y propiedad privada.

Propiedad privada de los medios productivos cuyo origen y mantenimiento, compañeros nunca debemos olvidarlo, proviene de la expropiación y el descarte de la vida de las mayorías, por intermedio del trabajo asalariado y el desempleo. En el asambleísmo constituyente estaremos ante bienes productivos de propiedad social y bienes de consumo personales y usufructo particular.

Solo aboliendo el estado, o toda forma externa al proceso productivo, terminaremos con la propiedad privada de las fábricas, comercios, bancos y campos. Extinguido conjuntamente el trabajo asalariado, la mercancía y el dinero que recrea al capital y a todo estado. Sólo de esta forma, la comida, los objetos necesarios para un máximo confort, la educación, la salud y la vivienda no serán patrimonio de unos pocos.

Trabajo: En el capitalismo, actividad dominante de la existencia del asalariado, compensado con la des-fatiga y el escaso óseo creativo. En la república asamblearia, tarea optativa de millones para recrearse ante el excesivo tiempo libre.

Trabajo: En el capitalismo, el trabajo, es un empleo por un salario. En el anticapitalismo y previo a la total automatización productiva, es insignificante el empleo del tiempo para sostener la sociedad autovalorada. La humanidad desarrollará su existencia como una extensa planicie del tiempo del pos-trabajo asalariado.

Trabajo: En el capitalismo, actividad obligada para poder sobrevivir. En el asambleísmo comunitario, actividad libremente escogida para producir salud psíquica y la adquisición de los bienes materiales más exquisitos. Opción libremente escogida para obtener felicidad individual y colectiva.

Trabajo: En el pos-fordismo, bien escaso y mal pago. En la sociedad biopolítica, actividad no mediada por el dinero y por lo tanto no mensurable. Fin del trabajo como mercancía.

Trabajo: En la economía imperial, yugo que aleja la correspondencia entre productor y consumidor. Una cada vez más pequeña porción, de los que producen, consumen mucho y bien. Las mayorías productoras consumen poco y mal. El que trabaja lo hace a costa de que millones vivan en los límites del sub-consumo y la indigencia. Ese es el surplus de dominación que tolera el asalariado, ser la contracara que sostiene a millones de desempleados.

En la humanidad emancipada, correspondencia entre productor y consumidor. Se consume lo que se produce. Todos producen y todos consumen. Mientras la producción no esté totalmente automatizada, salvo niños, enfermos y ancianos, el que no produce no consume. Mayores y mejores niveles de consumo para los productores. Fin del desempleo. Fin del sobre-empleo. Fin del sub-consumo. Fin de la pobreza. Se trabaja porque se quiere y lo que se quiere, salvo una mínima cuota de tiempo para producir los bienes básicos para la reproducción de la existencia de la comunidad toda, el resto de las horas el humano empleará su tiempo para lo que le plazca. Si quiere una profesión específica o una disciplina horaria nadie se lo impedirá. Pero no habrá un orden social que obligue a las personas, que no lo quieran, a someterse a una rutina. Cada labor individual emancipada del capital, o lo que hasta hoy llamamos trabajo, conformará una actividad creativa y libremente escogida.

Trabajo: En nuestros días se constituye entre dos complementariedades.

1.- un asalariado social pos-fordista, más o menos bien pago, en las ramas más desarrolladas de la industria nano electrónica, armamentista, biotecnológica y farmacológica. Y la fuerza laboral de los servicios, la comunicación, el desarrollo de descubrimientos informáticos y las finanzas.

2.- un sub-asalariado de bienes materiales industriales e inmateriales como la educación y la salud. Que gana menos que lo elemental para reproducir satisfactoriamente su fuerza de trabajo. Tiene condiciones laborales similares a las del siglo XIX. Sin derechos sociales, sin jubilación, vacaciones pagas y aguinaldo. Tiene prohibida su sindicalización. Un sub-obrero donde se restituye o perpetúa el trabajo infantil y el trabajo femenino es peor pago que el masculino. Es un trabajador temporal y a destajo. Es una fuerza laboral sometida constantemente a la movilidad geográfica.

En el anticapitalismo, inexistencia del trabajo infantil. Libre elección de la vocación. Abolición de la incertidumbre alimentaria, educativa, sanitaria y habitacional. En una primera etapa jornada obligatoria de unas pocas horas para que todos tengan un piso en común de elementales condiciones materiales aseguradas. Trabajo como función basada en la energía corporal, manual, intelectual y afectiva que se podrá ejercer sin límites. Pero de cuyos resultados no podrá provenir una riqueza acumulable que recree capital, a la larga poder y nuevamente explotación, trabajo asalariado y desempleo.

Trabajo: En la actualidad, esclavitud comandada por el capital. En la autovalorización, actividad cooperante conducida por los proyectos de la comunidad y guiado por sus nuevas metas, gustos y ambiciones.

De cada uno, según las necesidades de cada todo. A de cada todo, según los deseos de cada cual.


Antagonizar al estado.

Autonomizarse del trabajo asalariado.

Fraternidad y autoorganización de los oprimidos.

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