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Titulo:
Argentinos: ¿Votar o no votar?
Autor:
Colectivo NPH
Fecha de Publicación:
23/09/02
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1.- ¿Qué significa la democracia actual?

Es el mejor sistema de sometimiento de los poderosos. Su contracara, un régimen de equilibrio conflictual y, por lo tanto inestable, que conquistaron las fuerzas del cambio para no ser aplastadas por una dictadura lisa y llana de los capitalistas.

Votos válidos. Asalariados y desocupados que elegirán entre viejas y nuevas representaciones.

Abstención. Voto en blanco. Voto impugnado. Ya no una crisis de hegemonía, sino crisis orgánica del capital-parlamentarismo. No la anarquía, sino el preludio para un nuevo poder constituyente masivo o para aventuras de veleidades carismáticas autoritarias.

Aquellos sectores dispuestos a no ir a votar necesitarán de los votos efectuados a las fuerzas antagónicas que expresan una oposición frontal al capitalismo, constituyendo a los nuevos representantes de la des-representación en contrapeso y contrapoder parlamentario. Mandatarios que operarán de contrafuerza y denuncia ante un capital-parlamentarismo dispuesto a combatir con leyes y represión a los sectores, colectivos y partidos que efectuaron su éxodo al retirarse de la contienda electoral.

Partidos de izquierda aumentando sus escaños. Sectores piqueteros peleando por la subsistencia y votando al candidato en el que crean podrá facilitarles un puesto de trabajo fabril, o lo que es lo mismo, la esclavitud asalariada.

Antes y después de las elecciones. Autovalorización piquetera extra-parlamentaria. Fábricas re-apropiadas. Asambleas okupas.

Sin revolución social. Sin una asamblea constituyente libre y soberana. Y participando de las elecciones, se abre una triple instancia para el movimiento asambleario, los obreros clasistas, los diferentes bloques piqueteros, la CTA y los partidos revolucionarios:

a.- o cimentan un poder dual o de tipo constituyente, que reniegue del parlamentarismo;

b.- o pergeñan una representación inscripta en el sistema demo-liberal con características contrahegemónicas político-culturales;

c.- o establecen la unidad de ambas instancias: un nuevo poder, por fuera del modelo representativo, que sitiará y desarticulará a la maquinaria estatal, cuando hayan acumulado la suficiente densidad político-social; conjuntamente con los partidos que funcionan por dentro de la democracia delegativa, jaqueando al sentido común capitalista.

Esto se configura en una doble operación:

a.- Una acumulación política externa al Capital-Parlamentarismo -de hecho un poder originario- con características deliberativas y ejecutivas dotado de dimensión política y de un nuevo proyecto histórico para las mayorías.

b.- Y, al mismo tiempo efectuando, los partidos revolucionarios, el forzamiento hasta sus confines, de la democracia delegativa; operando como respaldo desde las instituciones representativas del nuevo poder fundante, que se genera por fuera del actual aparato, que escinde lo ejecutivo de lo legislativo; mostrando, en la práctica, los límites insalvables de un modelo estatal conformado para sostener un orden decadente y, la necesidad de la reabsorción y autodeterminación, por parte del nuevo sujeto colectivo de dirección, de las funciones político-económicas del presente Estado.


2.- ¿Porqué hoy la clase media no pide un golpe?

Su base material y su condición social de "clase-media" están puestas en entredicho. No estamos ante un capitalismo fabril de pleno empleo, que tenía como co-relato a una clase media ascendente.

Lo que quedó en pié de este sector, son aquellas fracciones incluidas en el pasaje del fordismo al posfordismo: Empleados públicos de alta jerarquía. Ejecutivos. Personal jerárquico de las finanzas, el comercio exterior y los servicios públicos.
Y los saldos de los sectores productivos e improductivos fordistas: empresas al borde de la bancarrota, chacareros hipotecados, comerciantes endeudados y profesionales proletarizados.

Su conciencia política ante tamaña debacle material está cruzada por contradicciones, esperanzas y antagonismos.

Desde instaurar un quimérico capitalismo humanizado. A la entrada de la Argentina en el ALCA en su condición de neo-colonia del imperio Norteamericano. Hasta un asambleísmo, que a fuerza de experiencia superó el trueque, hoy experimenta con los circuitos paradojales de la autogestión, y deberá alumbrar una forma civilizatoria inédita si desea vencer al capitalismo.

Esta conciencia tiene su corelato político. Para los capitalistas "humanistas" ¡Qué se vayan todos, para que se voten a todos! Para los dolarizadores, que se vaya Duhalde para que venga otro presidente, despesifique y discipline al conjunto de la sociedad. Para los insumisos, fuerte repudio a las elecciones capital-parlamentaria y, una perspectiva instituyente de sus prácticas de poder constituyente, devenido constituido a través de una república de los autónomos de autovalorización anticapitalista.

Si los objetivos de estos últimos se logran por medio de otra nueva rebelión, como la del 19 y 20, o con un llamado a una Asamblea constituyente, es una cuestión que escapa a su voluntad. Debido a que cualquiera de las dos instancias estará signada por la disposición de las masas en forzar los tiempos y espacios pautados por el poder.

Mientras tanto, ante los conflictos irresueltos, la democracia derivará en una relación entre el ejercicio del dominio capitalista y la insubordinación de los insumisos. No estaremos ante un estado hegemónico coactivo-concensual, sino
dominante-insubordinante.

No hay libertad duradera para el pueblo en los marcos de la legalidad capitalista. Habrá que continuar forzando los límites del capital-parlamentarismo. Okupar una fábrica. Reabrir una clínica. Tomar una sucursal bancaria abandonada lo es. Entre tanto y, no superando todavía la democracia parlamentaria como marco de las luchas populares contra el poder, este modo relacional de los antagonismos resulta un estadio mas propicio para la radicalidad, que una tiranía cesarista-fujimorista.

Después de las elecciones. La democracia se blindará. El poder surgido de las urnas será débil. Cuanto más débil más violento. Como el gobierno fraudulento de Bush (h). El gobierno Colombiano que no duda en intentar instaurar un estado de sitio permanente. Y el futuro gobierno argentino que blandirá los votos obtenidos como expresión de su consenso devenido coacción, como el filo de una espada sobre la cabeza de los opositores.

Será el pueblo el que se gane, ante cada periódico intento represivo, vivir en democracia. Democracia como marco de la contienda social. Democracia que en su seno vio nacer el asambleismo, los cortes de ruta y la re-apropiación de los espacios públicos. Democracia no como techo, sino piso de lucha. Democracia como mecanismo dominante a confrontar y vencer por el autonomismo de masas contrahegemónico. Democracia que no habrá que permitir que sea vulnerada por el poder mientras no se logre instaurar un estadio de sociabilidad des-representativa y anticapitalista.

Para los que dudan en seguir antagonizando por todos los medios (el electoral incluido) y equiparan sin más, al fascismo, como forma excepcional de dominación capitalista, con la democracia parlamentaria, resulta vital recurrir a los compañeros de las generaciones anteriores, que conservan su vitalidad en confrontar al capital, y escuchar sus relatos acerca de cómo fue luchar por la revolución durante la última dictadura militar.

Para los que crean que existe la posibilidad de realizar una larga marcha por las instituciones y, realizar "la revolución de los representantes populares", basta evocar a la triple A, para captar hasta donde puede resistir las tensiones el sistema y, a que medios salvajes puede recurrir en su retirada el parlamentarismo para sostener la expoliación capitalista.


3.- ¿Y la clase obrera porqué votaría a Menem, Rodríguez Saá o cualquier variante capitalista?

Si bien la materia no hace conciencia "per-se", continuemos con la perspectiva de hacer foco en la base material de la existencia. Que si bien no es el único elemento para explicar el voto a un capitalista, nos será metodológicamente de gran ayuda.

La clase obrera que vota a un representante del capitalismo es porque precisamente asume, acepta y aún reclama ser la contracara de la relación capitalista. Ser un proletario.

Una clase es lo que produce, lo que piensa, lo que actúa, lo que consume.

Desmontar la aceptación de formar parte de la clase fabril ocupada que confía en cualquier coalición o partido capitalista no es solo una tarea ideológica, sino fundamentalmente material. Y la fuente constitutiva como clase proletaria es su lazo social dependiente del capital, su aferrarse a ser un trabajador asalariado evitando el peor de los mundos: ser un ciruja o un desocupado.

El concepto del trabajo como deudor del capital debe ser desmontado. No basta con decir que el capital sin trabajo no es nada. No basta con sembrar los rudimentos del concepto de plusvalía que impulsen el odio de clase.

Es en la condición de trabajador donde el campo de la revolución no debe ceder a la lógica de la reproducción del capital. Reproducción que en el pos-fordismo tiene como tarea esencial tomarse el trabajo de destruir trabajo mientras exprime a los que tienen trabajo. Tarea que une en un mismo proceso: ascenso o restitución de la tasa de ganancia, disciplinamiento de los asalariados y asistencialismo de los desocupados.


4.- ¿Trabajo digno?

¿Desde cuando los revolucionarios defienden la esclavitud salarial?

El sistema entra en crisis periódica, en última instancia, porque lo que entra en crisis es la ley del valor. El empleo por un salario es la esencia de los descalabros mercantiles. Y el sistema capital-parlamentario resulta el articulador-consensual disciplinador-vigilante, de un sistema basado en transformar la energía humana en valor y el valor en ganancia privada.

Es cierto que la sociedad posfordista lo ha conplejizado todo. Es cierto que la valorización financiera actúa como pseudo-independizada del trabajo vivo.

Es cierto que la clase obrera sin comportamiento antagonista aspira a volver al lazo social de la explotación masiva. Pero en la actualidad la economía posfordista se sostiene justamente entre dos polos: la hiper-desocupación y la hiper-expoliación. Posfordismo como estrategia adoptada por el poder para evadir la socialización de las experiencias revolucionarias fabriles de los años '70 y las luchas sindicales de los años '80. Y como estrategia del capital aplicando los nuevos recursos tecnológicos para aumentar la producción, el plusvalor y sus ganancias.

Sólo cuando la innovación tecnológica aplicada a una dotación de obreros supera los niveles de plusvalor de la tecnología anterior se la reemplaza. Pero con su reemplazo también sobran la mayoría de los trabajadores que operaban los medios técnicos obsoletos. Aquí comienza el ciclo posfordista de más tecnología- ganancia-despidos-, que lleva a la sobreacumulación-crisis-mas despidos. Y así sucesivamente.

¿Es culpable la microelectrónica, la robótica y la informática de la desocupación? No. La responsable es la apropiación privada de la producción en manos del capitalista que desocupa empleados para incrementar, mantener o recobrar sus ganancias.

¿Un mejor salario es posible? El límite del aumento del salario está dado por el valor de la mercancía fuerza de trabajo. Mercancía que tiende a la baja para sostener el sistema. La sociedad del trabajo para perdurar está llegando a límites insostenibles. Cierran este ciclo: obreros rentables posfordistas de trabajo inmaterial, sub-proletarios viviendo en los límites de la subsistencia y desempleo de masas estructural, sistémico y permanente.

En los últimos 15 años se producen en períodos cada vez más cortos, picos altos de producción y plusvalor, con su correlato del aumento en los papeles del circuito financiero y, abruptas caídas de la producción y la ganancia, con su correspondientes cracs bursátiles.

Mientras tanto, ante los primeros indicios de crisis se producen las reducciones salariales y los despidos como modo desesperado de recobrar la tasa de ganancia perdida por la imposibilidad de venta de los productos y la inelasticidad ad-infinitum de las burbujas especulativas.

Si de este modo no se retoma el crecimiento ganancial el sistema debe recurrir a la destrucción de las fuerzas productivas de sus competidores locales e internacionales. Bancarrotas y guerras son los modos paradigmáticos del sistema. Entre tanto, se aguarda que nuevos avances técnicos extraigan en menor tiempo que en el ciclo anterior que colapsó, mayores tasas de plusvalía.

Caso contrario, sin innovación, el ciclo vuelve a encontrar más prontamente su límite que en la fase anterior.

Esto explica porqué no hay vuelta atrás a una economía fordista de pleno empleo como modo hegemónico de producción capitalista. Para obtener mayores ganancias hace falta más tecnología que expulsa más trabajadores, exprimiendo cada vez más a los que conservan su trabajo. Tecnológia-ganancia-expoliación- desempleo, en definitiva el posfordismo es el modo en que se expresa en la actualidad la ley del valor.

Es por todo esto, que ningún sistema que esté basado en el salario, provenga este del capital-parlamentarismo o de las mejores intenciones de la economía planificada, puede resistir la prueba de la historia de la reproducción ampliada de la valorización del trabajo devenido mercancía y salario, que lo lleva a confrontar con los propios límites que ya identificó en su desarrollo la humanidad.

Sobreacumulación productiva. Para aplazar la crisis, valorización financiera a través del endeudamiento de los estados.
Deudas internas. Inyección de capitales para sostener deficits crónicos de las economías salariales.
Deudas externas. O remesas de trabajo vivo en su forma dineraria.
Desarrollo de mercados especulativos de opciones y futuros que apuestan sobre la base de un trabajo futuro que nunca se va a realizar.
Desplazamiento de la mano de obra excedente. Reducción del consumo de las mayorías. Incorporación de nuevos avances técnicos para retomar la tasa de ganancia. Expulsión de más obreros y así, hasta que el mundo del trabajo (ocupado o desocupado) enfrente esta lógica antagónica de una sociedad basada en el trabajo.

No es una cuestión adjetiva: trabajo digno o indigno. Sin romper con la significancia del concepto del trabajo el movimiento revolucionario se muerde la cola. Ofrece a la clase obrera como proyecto material el mismo que es la base del fracaso de la actual civilización. El trabajo asalariado.

El empleado salarial renunciando a la confrontación y, solo teniendo para vender su fuerza de trabajo, deposita su voluntad en una variante capitalista que le promete el mismo premio que le ofrece buena parte de la izquierda: Basta de cirujeo, basta de planes de jefas de hogar ¡Por fin un trabajo "digno"!

No es solo por una cuestión moral que se lucha contra el trabajo. Base de la injusticia para que una parte de la sociedad goce de la vida expropiando la energía ajena devenida riqueza.

Porque compañeros, a no olvidarlo, el capital es trabajo acumulado. El trabajo es el mayor robo social a escala planetaria. La desocupación es su inherente contracara criminal. Y la legalización de este dispositivo extractivo de la más pura energía humana demanda para su sostenimiento todo el poder del estado.

El trabajo es la sujeción sistémica que realiza el asalariado a cambio de entregar su vida.

No es solo por una cuestión ideológica que se lucha contra el trabajo. La alienación a la que está sometido el trabajador es cosificante e inhumana.

Es fundamentalmente por los límites materiales infranqueables de una humanidad sostenida en el trabajo que combatimos al capital. Y no que combatimos al capital porque no produce trabajo. Todo sociedad basada en el trabajo asalariado, ahora o después del capitalismo, está condenada al fracaso.

La sociedad estructurada sobre la base del trabajo está condenada a las crisis recurrentes. Colapsos periódicos, guerras, hambrunas, expoliación, exclusión, miseria y muerte, nos relevan de mayores comentarios.


5.- ¿Porqué no romper lisa y llanamente con las elecciones?

Votar a los candidatos oficialista u opositores. Votar por una asamblea constituyente, con poder, o libre y soberana, aún impulsada y arrancada por las fuerzas del antagonismo, no niega que se sigue participando del proceso electoral sistémico.

Pero una cosa es participar. Y otra es convalidar este proceder.

No convalidarlo es construir contrapoder de manera permanente y ampliada. Es no depositar de manera definitiva en ningún diputado la soberanía de la multitud.

Es conquistar palmo a palmo nuevos territorios en manos del adversario.
Es prepararse para tomar nuevos espacios que solo se podrán ampliar y sostener con la construcción multitudinaria de nuevas relaciones sociales de propiedad y consumo comunitario.

Es efectuar en la práctica antagonista, autonomista y fraternal el acoso al capital-parlamentarismo. Es defenderse atacando. Es colaborar con los ritmos y disposición de la multitud para efectuar su batalla definitiva contra el poder.

No nos quedamos inmóviles. Ningún sistema cayó como fruto maduro. Pero no podemos reemplazar a las mayorías. Sin ellas en acción, la desaparición del capital-parlamentarismo no puede producirse.

El reemplazo del capital-parlamentarismo provendrá del contrapoder construido previamente en la era capitalista. Autogestión, control obrero, cooperativismo. Entrecruzamientos de alianzas y disputas, de triunfar el anticapitalismo, devendrán en potencia constituyente antisistémica, es decir, anti-salarial.

Una nueva sociabilidad construida desde sus cimientos y protagonizadas por la propia multitud. Fundando con su práctica nuevas relaciones de autovaloración generalizadas. De lo contrario, toda toma del poder, es sólo una revolución en las alturas, que recreará una nueva clase gobernante que someterá al pueblo al trabajo asalariado en nombre de la revolución.

El movimiento antagonista no quiere ninguna renovación de elencos políticos. No quiere, pero no alcanza con solo antagonizar, autonomizarse del poder dominante y denunciar al capital-parlamentarismo. El poder no abandonará la escena, sino contra su voluntad. Y ante una voluntad multitudinaria devenida potencia constituyente. El contrapoder no puede imponerse al sistema mientras no sea el contrahegemónico.

Desde que el sistema capital-parlamentario se ha solidificado, aquí y en las democracias avanzadas, tiende a una curva decreciente en el consenso brindado por la voluntad popular.

El capital parlamentarismo está dispuesto a gobernar con una fuerza que tenga el 30 o 40 por ciento de voluntades a su favor. Francia, Alemania, Colombia y la provincia de Santiago del Estero así lo atestiguan.

El poder no ha encontrado, desde que el capitalismo es el modo de producción hegemónico, una mejor variante de dominación que la democracia. La Argentina no es la excepción.

Denunciar este sistema, construir contrapoder, antagonizar con las fuerzas del orden será una práctica permanente hasta el día en que los pueblos se autogobiernen.

La porción de la sociedad que trabaja en el posfordismo es cada vez más escasa. Esta porción de sociabilidad dominante mayoritariamente irá a votar. Los sectores dominantes utilizarán las próximas elecciones como dispositivo consensual y disciplinador de la futura acumulación, que para sobrevivir, necesita el capitalismo a escala local y universal.

¿Será un gobierno débil? Sin dudas. Pero tendrá el poder que le otorgue la voluntad libremente expresada de millones de argentinos.

La no participación en ninguna variante electoral no es una cuestión de adjetivos. Sabemos que el sistema capital-parlamentario es injusto y, desarrolla en la actualidad una guerra civil encubierta contra los sectores populares.

¿Pero posee el entramado contestatario y antagonista la densidad social suficiente para constituirse ya en un efectivo contrapoder político?

Por el momento no. Habrá que redoblar los esfuerzos. Sin dudas que la multitud aprendió en estos nueve meses más que en la última década acerca de la bestialidad del sistema capitalista. Pero aún no han decidido efectuar una operación que debe ser simultánea para resultar efectiva: el éxodo electoral y la instauración constituyente de un poder popular anticapitalista.

Por el momento hay éxodo. Movimientos que intentan reconstruir lazos sociales y económicos por fuera de la lógica posfordista. También hay confrontación política. Se invalidan la institucionalidad parlamentaria y sus fuerzas represivas. Pero todavía no hay dualidad constituyente generalizada.

Aún no se han constituidos los sujetos antagonistas en un poder constituyente de masas. Que dispute de igual a igual la lógica capitalista en todas sus líneas: la representación parlamentaria y la producción salarial.

El estrategismo, es la estrategia escindida de la táctica.
Si bien hay sectores que han iniciado el auto-exilio del capitalismo subsumiendo táctica con estrategia. La multitud comprende que no puede refugiarse en ninguna ciudadela antisistémica de manera permanente. De allí se desprende que deberá enlazar su práctica con las tácticas más propicias para arribar a su objetivo estratégico: la modificación de la sociedad humana en su conjunto.

El estrategismo consuela conciencias, se propagandizan los fines últimos del proyecto y, se decide a no participar en las elecciones hasta que las masas arriben a la estrategia señalada por la vanguardia.
Este procedimiento opera por fuera de la lucha, por fuera del presente, por fuera de la vida. No colabora en modificar la realidad cotidiana en un contexto harto complejo en que hoy se da la batalla humana. Combate que se desarrolla en todos los campos: el sistémico, el de las nuevas formas de sociabilidad híbridas, en los afectos y vanidades y en el político parlamentario o asambleario.

El principismo es la pareja por excelencia del estrategismo. El principismo es la perversión de los principios. Es la estrategia escindida de la táctica. Los principios más allá de la correlación de fuerzas. Porque compañeros, ya lo sabemos, el poder, la violencia y la fuerza que de el emana, todavía son ejercidos ampliamente por el sistema. Caso contrario, la correlación de fuerza sería favorable para el campo de la revolución y otras serían las tareas a desarrollar.

El movimiento antagonista da la lucha en todos los frentes y con todas las herramientas a su alcance. Partidos de izquierda. Asambleas barriales. Piqueteros. Colectivos contraculturales. Okupas. Personalidades destacadas comprometidas con un cambio radical.

La organización política clasista está llamada a jugar un rol destacado sobre los despojos de la sociedad fordista. Y deberá calibrar su táctica para operar en los lazos desintegrantes a los que arribó la ley del valor en la era posfordista. El movimiento piquetero y los asalariados del trabajo inmaterial son nuevos desafíos. Una izquierda creativa deberá encontrar los modos de intervención pertinentes para confluir con estos nuevos sujetos sociales.
Las asambleas okupas contienen colectivamente a un conjunto de clases y fracciones sociales de la otrora compacta clase media y obrero-fabril fordista.

Los movimientos sindicales reformistas como la CTA vehiculizan a lo que queda del empleo de cuello blanco del estado.

Los partidos sistémicos de la centro-izquierda se moverán pendularmente entre un jacobinismo verbal y la real-politic.

Cada uno de estas formas de organización: Partidos. Asambleas. Piquetes. Cada forma de lucha: Okupasiones. Elecciones. Acciones directas. Configuran diferentes modos de intervención en la compleja selva de sociabilidades en que se ha constituido la república Argentina. Actúan como posiciones móviles de combate frontal, líneas de fuga de la lógica de la representación y autonomización productiva paradojal.

La operación rearticulatoria solo podrá provenir de la irrupción insurreccional de la multitud con una nueva marea humana como en diciembre pasado. Que coagulará en un tiempo fundante las prácticas y subjetividades opositoras y antagónicas que aún permanecen separadas, que tienen de su lado la potencia creativa, pero que todavía carecen de una homogeneidad cuantitativa desafiante.

Autonomía de las formas dogmáticas de la política.
Antagonizar al capital.
Fraternidad de los oprimidos.


Salud y libertad.

NPH.-


Argentina, 23 de septiembre de 2002.-

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