Un viejo refrán popular reza: todos unidos venceremos. Nada tan cerca de la verdad. Nosotros somos uno, aunque la propia sociedad capitalista nos atomize en muchos. Hoy lo descubrimos en la práctica. La unión inédita de las asambleas barriales con lugares productivos cogestionados, tal es el caso de la fábrica Brukman, es una hecho revolucionario sin antecedentes inmediatos. Síntesis de una autovalorización de la fuerza social popular, de una superación de la segmentación político-ideológica del Capital-Parlamentarismo, flujo transversal de la construcción de un nuevo sujeto social y al mismo tiempo momento de contrapoder: latido político de autodeterminación, autonomía popular y sabotaje soberano. Por autovalorización entendemos la alternativa, que en el terreno de la producción y la reproducción, pone en marcha el movimiento popular al apropiarse del poder real.
El pueblo está en la práctica autovalorándose por fuera de la sociedad capitalista, al apropiarse del poder y de la producción capitalista en contra de los mecanismos despóticos de acumulación y riqueza que llevaron a la ruina a nuestro país. Que todas las asambleas barriales se transformen en órganos de autovalorización, enlazando su lucha con los lugares de producción y los desocupados. Cada fábrica, cada lugar de trabajo enlazado con una asamblea es un paso decisivo hacia la construcción de una comunidad sin explotación, sin excluídos. Cada paso en la autovalorización del Pueblo es una herida en la mediación social del Capital, cada momento de unidad en la acción es desestructuración del poder dominante. Desestructurar el mando del capital significa, como se vió en Brukman, reducirlo a la indiferencia, negarlo activamente. Somos testigos de la posibilidad de un desarrollo completamente alternativo a la valorización social del capitalismo, el sueño de la humanidad de asaltar los cielos. NPH
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