Según informaciones que llegan del sector de derechos humanos de la OEA, la Organización de los Estados Americanos, existen en la Argentina, desde el año 1995, alrededor de tres mil presos por razones políticas o sociales, es decir: gente común que reclamaba por falta de trabajo, cierre de fábricas o comercios, pedido de comida o protesta social en general. El símbolo grotesco de esta canallada es Alí, condenado por pedir comida a Casa Tía de Mar del Plata a¡Cinco años!. Es tal la gravedad del asunto, que la OEA, la misma que visitó nuestro país bajo la dictadura militar en 1979, prepara una comisión especial que viajaría a la Argentina en los próximos meses para tratar la grave cuestión. El estado Capital-parlamentarista, aún débil para una represión lisa y franca, aplica con rigurosidad fascista el Código Penal a cualquier disidente social. Luchemos desde las asambleas para un indulto generalizado de nuestros auténticos compañeros pudriéndose en las cárceles de la vergüenza. Repudiemos la falsa justicia poderosa con los débiles que alzan la voz y promiscua con los poderosos que licuan la riqueza. Escrachemos a los jueces y fiscales de una institución podrida e inservible. Establezcamos desde los barrios y lugares de trabajo los criterios de una nueva justicia democrática y popular. NPH
La violencia de la moneda
Devaluación, emisión monetaria, crédito, tasa de interés, bancos y fuga de divisas ¿qué esconde este escenario trasnochado y repleto de miseria creciente y expertos inútiles? El dinero es, bajo el Capital-Parlamentarismo, comando político sobre las clases populares y no encarnación o supuesta representación de valores. La tautología es fácil de descubrir: detrás de los pesos debería corresponderle una cantidad x de dólares, según los neoliberales. Bien, ¿detrás de los dólares qué valor lo respalda? Ninguno. Desde 1971 Nixon declaro la inconvertibilidad del dólar con el llamado Gold Standard, lo que quiere decir que nada respalda al dólar, ni siquiera una tonelada de nachos. El dólar puede ser creado artificialmente en valores inexistentes según criterios políticos del capital imperial. Esto significa que la moneda inconvertible en valor, siempre a través del estado como capitalista ideal y su Banco Central, es utilizada para reproducir el control sobre la sociedad o sectores de ella, disciplinar y re-establecer márgenes adecuados de ganancia. El sistema monetario es directamente un sistema político, con interés de clase. Lo que aparece ante nuestros ojos como una crisis monetaria es en realidad signo de una anomalía en el proceso de producción y reproducción mismo. El crédito monetario (ganancia o plusvalía acumulada) es el modo en el cual los capitalistas cooperan para superar los obstáculos que encuentran durante el proceso económico mismo. Por medio de la mediación estatal intentan re-establecer el mando total y como tal la moneda es el principal instrumento de socialización del capital. El modo en que el capital intenta superar la crisis de su propia ley del valor, estos años de recesión desde 1997, es con esta violenta manifestación, atacando todos los obstáculos opuestos por las clases populares (modos de existencia) y a toda forma de insubordinación subjetiva (movimientos sociales). El dinero garantiza una nueva generalización de la explotación, de la ley del valor, de la valorización del Capital-Parlamentarismo. Esta es la violencia de la moneda: socializar nueva subjetividades sumisas, reconquistar un nuevo nivel de mando sobre las clases populares, comandar efectivamente en un nuevo ciclo al trabajo vivo. La lucha que vemos no es otra que entre el tiempo de la transformación de la moneda en capital o la transformación de la moneda en riqueza popular. La política monetaria en curso presuponen una relación social con las clases populares completamente subordinadas a la moneda como palanca de mando del capital. Por esto la política hoy parece subordinada y reducida a los imperativos de la moneda. Contra el terrorismo monetario de estado, funcional a una nueva etapa de socialización capitalista, debemos luchar desde el movimiento por transformarlo en un nuevo nivel de toma de conciencia y organización. Colectivo NPH
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