Se suceden los saqueos por todo el país. Las revueltas de hambre, ¿ahora sin punteros peronistas?, parecen ser verdaderamente espontáneas y sin dirección. Si una parte de la burguesía y el Pueblo se unieron contra el bloque en el poder en diciembre, mientras los primeros actuaron solamente para mejorar sus ganancias y licuar sus deudas, las clases populares estaban preocupadas no sólo por trabajo sino por pan. Si tuvieran gorros frigios muchísimos argentinos llevarían la insignia Pan y Asamblea Constituyente. Si las revueltas de hambre estaban latentes en diciembre, no resulta sorprendente que saltaran el corralito institucional de punteros y manzaneras del PJ y estallen por su cuenta. Una multitud de gente ruda e ignorante, según la precisión literaria de la policía, que en todas partes invitan a la anarquía y a la guerra civil, según fiscales siempre de oficio en estos asuntos, bandas errantes neomedievales de mujeres y chicos se abalanzan sobre pequeñas carnicerías, almacenes barriales y autodespensas chinas. El saqueo, un recurso precapitalista, conservador y tradicional, inédito en las luchas sociales argentinas antes de la década del 90, significa más un retraso que un adelanto, pero mantiene un antagonismo radical instintivo contra el gobierno y el estado. Fue su terrorismo monetario el que empujó a miles de argentinos a buscar desesperadamente comida donde sea y como sea. A los pobres urbanos sin empleo, se le suma de manera creciente (tal como devela la composición social de los detenidos) gente con trabajo a la cual la brutal remarcación en los alimentos básicos, arriba del 70%, dejo sin chance de cubrir las necesidades básicas. El Capital-Parlamentarismo no puede asegurar, ya no los millones de desempleados, sino la reproducción de la fuerza de trabajo de sus propios trabajadores. Debemos luchar por una tasación popular de los precios de los alimentos y la libertad a todos los presos por tomar comida. Control popular de precios y centros de distribución de la canasta básica con los precios anteriores a la devaluación. Campaña de escrache y boicot a las empresas que lucran con el hambre y la desesperación. La ira popular es una voz sagrada. Colectivo NPH
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