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Titulo:
Lecciones aprendidas diciembre 2001- julio 2003
Autor:
Colectivo NPH
Fecha de Publicación:
17/06/03
Descargar:
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Lecciones aprendidas

Diciembre 2001- julio 2003

A la memoria de todos los compañeros asesinados por el

capital-parlamentario desde el 19 y 20 de diciembre de 2001.

Por la vida insumisa del presente.

A un año del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío

Santillán. Luchadores del MTD Aníbal Verón.

A los hombres libres del futuro.

1.- Contrapoder

2.- Estado

3.- Representación

4.- Elecciones

5.- Revolución

6.- Vanguardia

7.- Trabajo

8.- Multitud

9.- Psicología

10.- Capitalismo

11.- Anticapitalismo

1.- Contrapoder

 

El hilo rojo que recorre a las fábricas recuperadas, la clase media asalariada y el movimiento piquetero es el método asambleario. Todos hacen pensando y piensan haciendo.

El método asambleario es un fin en sí mismo. Es el reaseguro que evita la burocratización del poder constituyente de las masas.

El merendero, las elecciones y el contrapoder local. Las fuerzas que se han propuesta realizar simultáneamente todas estas tareas terminaron privilegiando solo alguna de ellas.

Por ahora, los dirigentes existen por más horizontal que sea la forma de hacer política.

A los fines de sintetizar lo ya expuesto en este tema, pasamos a extractar un pasaje de La Fraternidad como Arma Política. "Por el momento, aún en la democracia más horizontal, surgen liderazgos. Referentes instituidos por la asamblea y no autoproclamados por ninguna organización externa. Lo importante es que al constituirse nuevas referencialidades, estos sujetos, no sean aditivos superpuestos al movimiento. Acelerando o retardando, el líder, los tiempos de las masas. Creyéndose portador del destino del conjunto del colectivo asambleario".

"La multitud, en su pasaje de la representación parlamentaria a la des-representación asamblearia, inviste a ciertos sujetos, con carácter imperativo y funcional, como sus circunstanciales voceros. Su poderío proviene de la potencia derivada por la asamblea. Pero nunca como energía expropiada por el referente. El poder nace del colectivo y el delegado es su servidor".

"De producir la multitud un cambio de paradigma histórico y el fin de la des-representación, el capitalismo y la política -entendiendo a esta última como ejercicio del poder de unos sobre otros-, el autogobierno de la multitud no precisará más de los líderes. Cada singularidad expresará al colectivo. El conjunto contendrá a cada persona sin masificarla. Y, por lo tanto, la especie conquistará, por vez primera en la historia, la oportunidad de que cada individuo sea un sujeto de subjetividades múltiples. Expresión de la libertad, en toda su potencia y originalidad, del género humano".

"Fin de la delegación desrepresentativa. Liderazgo de la multitud y, de este modo, fin de todo liderazgo". Fin del extracto: La Fraternidad como Arma Política

De ser necesario ocupar lugares en el estado con representantes del contrapoder, jamás hay que abandonar el contrapoder territorial. Caso contrario, los delegados del contrapoder, se transformarán en autistas representantes del viejo poder constituido. Y no en autonomistas mandatados por el poder constituyente de sus organismos de contrapoder.

No hay estrategia de contrapoder efectiva que no se plantea terminar con el poder actual.

El capital-parlamentario, o cualquier variante de la forma estado capitalista: cesarismo, fujimorismo, dicta-[cracias] o demo-[duras], no se disuelve desde la exclusiva horizontalidad. El poder no se retira, ni se exilia. El pasaje del capital-parlamentario a la república comunal, no se logra, como una simple operación acumulativa de experiencias autónomas. No es un juego de suma cero, donde todo lo que pierde el estado lo gana el autonomismo.

¿Cómo está compuesta la biopolítica alternativa? Posee una economía de emergencia que debe ser acompañada permanentemente por la lucha ideológica o, al decir de la multitud, por una reflexión orgánica (soma-intelecto-trabajo-afecto). Que involucre un debate pre-activo de las tareas, una práctica autorreflexiba-cooperante y pro-activa y, un debate pos-activo de lo realizado. Ampliando las fronteras de cada labor iniciada o aún descartando las tareas que encontraron su límite. De lo contrario, toda economía de la sobre-vida, se queda en una mera economía autista de subsistencia.

Las fábricas ocupadas y autogestionadas por la clase obrera que no lleguen a cambiar el sistema de raíz, subsisten mientras no sea un peligro para la extracción generalizada de plusvalía de la economía postfordista. Caso contrario, el poder las acosará, cooptará o arrasará.

El sistema capitalista puede subsistir con formas híbridas o pre-capitalistas, la gestión obrera acotada y club del trueque.

La autogestión obrera antisalarial que no se generaliza perece. No puede competir con la economía capitalista. Precisa, para resistir, organizarse en red con otras fábricas. Y ampliar la propia red a otras experiencias antisistémicas como las asambleas y los MTD's. Conformando, de este modo, una red de redes. Aumentando su volumen social con otras clases subalternas y construyendo el contrapoder suficiente para abolir el poder dominante en su conjunto. Caso contrario están condenadas al fracaso. Mientras produzcan y se desarrollen, serán atosigadas por el sistema económico, comunicacional y político capitalista, que buscará reabsorberlas al circuito ampliado del capital por intermedio del sistema de microemprendimientos y fábricas cooperativas. Los obreros ya no tienen al patrón como el comando del capital dentro de la fábrica, pero vuelven a ser presa de él a través del patrón de patrones que es el estado capitalista y su economía de mercado. Que funciona como sustituto, extra fabril, de la expoliación salarial de la economía en su conjunto. Transformando las cooperativas obreras en tercerizadoras del capital y, lo que resulta mas importante para la dominación, operando como difusores políticos de un imaginario que "hizo la revolución sin hacer la revolución". Dilapidando sus primeras prácticas antagónicas y constituyéndose en un pobre remedo del imaginario autogestivo.

Mientras que, a las fábricas anticapitalistas en su dura lucha por alumbrar una red autónoma y terminar con la sociedad salarial en su conjunto, les espera el desabastecimiento, la tergiversación informativa y el acoso judicial y policial.

Los obreros no son revolucionarios por el solo hecho de ser obreros. Su oposición a la explotación a la que están sometidos resulta una actividad consciente. Entendiendo por conciencia una práctica, que partiendo de la necesidad, está dotada de voluntad de cambio. Conciencia como saber intelectual y somático. Conciencia como expresión afectiva de la fraternidad entre iguales. Conciencia como deseo des-encadenado y ejercicio de libertad. Este trabajo consiente es el que abre las puertas a su antagonismo del capital. Y es una praxis que necesita ser permanentemente alimentada por nuevas tareas consientes si busca transponer todos los límites de la sociedad basada en la compraventa, el estado y el dinero.

Contrapoder = Autovalorización. La energía humana como fuerza del hacer. El trabajo liberado del capital o la autonomía de los productores. Lo realizado, su uso y consumo, que no termina atado a ningún precio o valor. Que retoma toda su potencia, por sobre la compraventa o el valor de cambio. Y que en el trayecto de su práctica, desmitifica el fetiche y mediador por excelencia de las relaciones sociales en el capitalismo: el dinero. Demostrando, desde un trabajo antagónico a la expoliación, lo innecesario del salario y su precio en moneda. Forma soberana que toma el capital para el intercambio de mercancías. Salario y moneda como límite al libre uso y consumo de lo producido por los trabajadores. Moneda como la medida de las privaciones y penurias de los productores para una economía que se basa en el trabajo tarifado por el dinero o trabajo asalariado.

El primer paso ya está dado. La reapropiación fabril, la producción de los MTD's y las redes de economía barrial en marcha. Pero la única manera de abolir definitivamente la escasez, y evitar la permanente reproducción del capital, que todavía se expande en la economía basada en un empleo por un salario, es generalizando el trabajo sin contraprestación dineraria. Para ello, hace falta desarrollar una red de redes. O un contrapoder organizado. O la autovaloración en expansión. ORGANIZAR es instituir, al mismo tiempo, organismos territoriales de economía, afectos y política de los productores. Esto es biopoder, poder popular, contrapoder, biopolítica alternativa o autovalorización. Cambiando la ley del valor por la ley del uso. O lo que es igual, aboliendo el intercambio dinerario de las mercancías por el uso sin valor monetario de todo lo producido. Uniendo la red que integran los MTD's, con la red de las fábricas autogestivas y la red productiva de las asambleas. Estos dos circuitos, el dominante capitalista y el autogestivo alternativo, disputarán antagónicamente. Ya que de la extinción definitiva de uno de ellos dependerá el tipo de sociedad que sobreviva. La de la moneda y el trabajo por un salario. O la del uso sin valor monetario, el trabajo liberado y el fin de la expoliación y el desempleo.

El contrapoder asambleario, al que arribó la multitud, es producto de la inteligencia colectiva del trabajador social. Conforma el organismo político de la moderna clase asalariada y de las legiones estructurales de productores desocupados. Ambos constituyen la multitud. En los centros urbanos mas importantes del país, la forma dominante del trabajo es de tipo cognitivo, inmaterial y cooperante. Esta composición técnica de la clase asalariada es la que facilitó su nueva composición política. El intelecto general de toda la clase, reapropiado por el capital, tiende a autonomizarse desde el cerebro colectivo de la asamblea. Operando el espacio público, los piquetes y los cacerolazos, como el pasaje de la esfera económica a una inédita constitución política. Los cerebros y los cuerpos, fuentes productoras de valor para el capital-parlamentario, devinieron cerebros y cuerpos antagónicos a la representación. Constituyentes en su potencia y asamblearios en sus prácticas.

En el pasado las legiones de productores eran ocupados, asalariados y estables. Y su contracara eran los desempleados temporarios y cíclicos. Su forma organizativa era la sindical. Respondiendo, de este modo, a su composición técnica. Estructurándose políticamente a través de los partidos y aspirando en algún momento a llegar a ser estado. Pero con la implantación de la revolución en el modo de producción capitalista, que trajo consigo la era informacional y cognitiva, se instauró las dotaciones cada vez mas pequeñas de los operarios fabriles. El capital expandió su financiarización y se desarrollaron todo tipo de servicios. El trabajo se tornó, al mismo tiempo que inestable y de medio tiempo para algunos; en precario, intensivo y extensivo en su jornada para otros. La expoliación de la fuerza de trabajo ya no se desarrollaba fundamentalmente en las líneas de producción, sino que se expandía por toda la sociedad. Todo tiempo y espacio era repoblado por el capital. La vía pública, como las fuerzas de ventas y la mercadotecnia. Los hogares, con trabajadores profesionales tercerizados. El ciberespacio, con operadores de todo tipo de transacciones. La economía tecno-comunicacional, o la nueva matrix posfordista, se difuminó en todas las dimensiones que componen las sociedades urbanas.

Las nuevas tecnologías pusieron a los capitalistas ante sus propios límites. Tomarse el trabajo, de destruir trabajo, para no desvalorizar las inversiones. Haciendo que cada novedad técnica y desembolso de capital líquido, o dinerario, transformado en capital fijo o maquinarias, expulse mas empleo. Reduciendo las plantillas de personal, y sus correspondientes salarios, como forma de recuperar una mayor porción de capital circulante para así poderlo transformar en nuevo capital fijo, que vuelve a expulsar mas trabajadores y, así una vez mas, ahorrar mas salarios o capital circulante. El sueño capitalista es solo desembolsar capital líquido o dinero, transformarlo en capital fijo o tecnología, y no tener que pagar salarios como capital circulante. Logrando que su dinero haga mas dinero sin tener que pagar ningún salario. Haciendo que la máquina produzca sin contraprestación a cambio. Pero el capital está atado al trabajo humano. Unica fuente de plusvalor, o excedente de trabajo no retribuido al asalariado, acumulado por el patrón y transformado en capital. El capital vive en permanente antagonía con el salario, o lo que es lo mismo que decir, vive en permanente conflicto con el trabajo. Para no desvalorizase des-ocupa y sub-ocupa a unos y, para valorizarse, ocupa y sobre-ocupa a otros. Cuando efectúa otro salto tecnológico y de continuar con todos los trabajadores que antes valorizaban el capital provocaría la desvalorización de su inversión. Precisa volver a despedir mas empleados, incrementar la expoliación de los que conserva y, así sucesivamente, ante cada nuevo cambio tecnológico. Los patrones perecen si no innovan y se combaten innovando. Los mas poderosos perduran a costa de intensificar la expoliación de los ocupados simultáneamente que, desemplean mas asalariados. Cada vez producen mas pero, cada vez, tienen a menos a quien venderle. Queda disociada, en forma contrastante, la producción del consumo. Hiper-desocupando a unos trabajadores e hiper-explotando a los asalariados restantes. Es el fin del fordismo como forma hegemónica de producción. Es el fin del obrero-masa y es el fin del ejército industrial de reserva. Entramos al reinado del posfordismo. La consagración del obrero-social y de las legiones estructurales de parados.

La insurrección destituyente del 19 y 20 de diciembre de 2001 resultó la expresión, visible y masiva, del colapso del corto reinado posfordista y de su forma estatal capital-parlamentaria. Una crisis que todavía no ha tenido una resolución definitiva. Ni a favor del capital ni a favor del trabajo.

Las clases subalternas metropolitanas son productores sociales, cada vez menos estables, polivalentes, cognitivos, potencialmente pobres y precarios. Y su contracara, son los desempleados de tiempo completo y permanente. Esta multitud resulta la encarnación de la nueva clase explotada por el capital posfordista. Nueva forma de la organización del capital y del trabajo. Que generaliza las condiciones de expoliación y desempleo y las incluye, o subsume, en el capital a través de toda la retícula social. Es por esto que se llaman asalariados u obreros sociales, estén o no en las fábricas. Y no, como en el fordismo obrero-masa, donde reinaba el operario. Que hacía de la fábrica el lugar dominante de la producción y la subordinación o inclusión del trabajo en el capital. Mientras que, tomaba a los trabajadores desocupados como el ejército industrial de reserva.

La moderna clase de los productores, con salario o sin él, instaura a la asamblea como un organismo de democracia absoluta. Opuesta a la matrix capitalista-parlamentaria que vive del trabajo y metaboliza como mercancía cada partícula de vida. El capital necesita encerrar, en su estrecha utilidad, la energía de los trabajadores para transformarla en riqueza individual. Por eso los productores son autónomos del capital, su potencia precede a la expoliación. Mientras que el capital no es autónomo, sin trabajo asalariado perece. Por eso los asalariados, ocupados y desocupados, para liberarse necesitan retomar su potencia y energía, que fueran, o son expropiadas por los patrones.

Aunque nos reivindiquemos autónomos el capital está entre nosotros. Es la forma hegemónica de relación social y dominio político. Lo que lleva al trabajo, necesariamente, aunque quiera autoexiliarse de la matrix a confrontar antagónicamente, irreductiblemente contra su poder.

Los patrones, aun contra su voluntad, toleran islas autoorganizadas que no hiera su hegemonía. Permiten la instauración de cooperativas en los lugares que, por decisión propia, ya abandonaron. Capturan, desmembran y reprimen las prácticas que expanden la simiente de un nuevo tipo de sociedad en gestación. Arrinconan a la autonomía en experiencias fragmentadas e inorgánicas. Apuntan a que no vayan mas allá de una exclusiva economía de subsistencia. Pero si las áreas autónomas resisten los embates, se generalizan y organizan, no habrá éxodo de la explotación que impida que el capital venga por los insumisos. Evitando, con todos los medios que cuenta, que se ponga en peligro la reproducción del trabajo asalariado en su conjunto y su dominio estatal o político.

Los productores desean terminar con sus privaciones materiales, su condena al subconsumo, la represión estatal y la cosificación de sus fuerzas creativas. Expandiendo las fisuras de la matrix, organizando una red comunal y antisalarial, en donde desarrolle su vida autodeterminada. Por eso no hay contrapoder, sin agrietar a la matrix y sin biopolítica alternativa. De eregirse esta red, la materialidad constituyente deviene poder fundante. Un efectivo contrapoder. No solo simbólico. No solo económico. Sino y al mismo tiempo, un contrapoder deliberativo y ejecutivo, material y subjetivo. Concretando, instituyendo, el nuevo imaginario que nació de las entrañas de la multitud. Que se redespliega y complejiza con su permanente desarrollo. Un contrapoder cooperante, fraternal y comunitario. Articulado los saberes de su experiencia, o lo que es lo mismo, compartiendo recursos, ideas, valores y deseos en los centros urbanos mas importantes del país. Si este contrapoder resiste los ataques de la matrix y progresa, desplegándose, por ejemplo, en la Capital Federal, el primer y segundo cordón bonaerense, la gran Córdoba, el gran Rosario, Santa Fé capital y Neuquén; las tareas de sustitución definitiva del capital-parlamentarismo estarán a la orden del día. De igual manera, ante el peligro del colapso de la matrix, ella apelará a todos los medios que dispone para cerrar sus fallas. Siendo capaz de recurrir a un salvataje extremo: una violenta contrarrevolución.

Contrapoder = economía + política = autogestión + asamblea = autovaloración. En ciernes una república asamblearia. Que conquistó su autonomía antagonizando al capital sin recrear en su trayecto un dispositivo dirigente que actúa por fuera o más allá del movimiento. Lo que provocaría el cercenamiento o la sustitución del proyecto anticapitalista del contrapoder.

Un programa no alcanza para convencer a las masas del anticapitalismo. Hay que imaginar, explicar y practicar los rudimentos de una nueva sociedad que no esté sostenida en la plusvalía.

Somos parte de las prácticas antagonistas de la multitud posfordista. Sean MTD's, asambleas o fábricas recuperadas. Somos protagonistas e intérpretes. Y las dos cosas al mismo tiempo. Por lo tanto, debemos ser fraternalmente críticos con los errores en los que incurre el movimiento que integramos. Y medulares en la autocrítica que merezcan las equivocaciones que provoquemos.

En toda forma organizativa que tome la multitud hay que apelar al intelecto general de sus participantes. Ningún integrante lo sabe todo. Y ningún integrante no sabe nada. Se hace pensando y se piensa haciendo. Lo que somos es lo que imaginamos y hacemos. La teoría es parte de la acción, es parte del hacer. Cuando un cerebro colectivo piensa, hace. E insistiremos, hasta el hartazgo, que todo organismo de la multitud debe ser un cerebro colectivo.

No hay contrapoder paralelo, ni revolución en el desierto del éxodo, que sustituya la definitiva abolición de los dispositivos de consenso y coacción del poder capitalista.

El poder se puede permitir un contrapoder fragmentario y minoritario. De su condición desmembrada y minúscula se desprende su carácter irritante pero controlable.

Ningún poder dominante puede tolerar el crecimiento y la coordinación del contrapoder. Permanentemente buscará la manera de acotarlo, reconquistarlo o reprimirlo.

En los momentos críticos y decisivos de cambio civilizatorio, y antes de producirse una represión generalizada sobre el movimiento anticapitalista, vendrá la cooptación de los vacilantes, la cárcel y el asesinato de los referentes y nuevas formas de represión adaptadas a los tiempos actuales. O, de lo contrario, triunfará la nueva sociedad que está naciendo en las entrañas del capitalismo contemporáneo.

Cada expresión identitaria del contrapoder, la asamblea, el MTD y la fábrica reapropiada, necesita crecer en extensión, generalizarse, ser más sus integrantes. Y crecer en profundidad, en volumen social, relacionando la pluridentidad de todas las clases y fracciones subalternas. La coordinación comienza como una forma de vínculo primario entre las distintas identidades que acuerdan actividades puntuales o específicas. La coordinación es una forma organizativa colectiva y embrionaria, pero no es biopoder alternativo.

Biopoder es compartir cotidianamente la reproducción económica de la vida, la fraternidad cooperante diaria, la subjetividad que se transforma al modificar la materia, la naturaleza, el bios. Es poder como potencia del hacer, como energía y creatividad de los trabajadores. El biopoder es una nueva vida comunal que instituye diferentes relaciones sociales de producción que las capitalistas. Que no remeda, en menor escala, un circuito mercantil alternativo o marginal. Una economía donde siempre reinará la compraventa, la ganancia y la retribución salarial. Y por lo tanto, antes o después, se desarrollará a gran escala la propiedad privada, el capital y la expoliación de unos sobre otros. Malogrando la experiencia autogestiva, producto de la ingenuidad o de la soberbia, al creerse los sujetos que practican una economía solidaria capitalista, que evitarán sus límites objetivos adicionándoles una ética revolucionaria. De este modo, ignorando o renegando, de los fundamentos materiales que posee cualquier economía que se base en los valores de cambio, la compraventa y el salario. El capitalismo con rostro obrero, sea estatal o sea cooperativo, nos remite a las experiencias fracasadas del pasado. Ensayos que necesitamos no obviar, si queremos honrar a las generaciones que nos precedieron en su lucha contra el capital.

El biopoder no es un ejercicio académico, ni un deporte para los días festivos. Es un presente de acción y un proyecto a futuro. Constituye una inherente y amalgamada relación entre lo político, lo social y lo económico. Biopoder como la manera que encontraron los productores para no reproducir, por fuera de su existencia, la esfera de lo político. Ambito específico del poder, sea capital-parlamentario o revolucionario, que de mantenerse separado de la reproducción de la existencia siempre será pasible de transformarse en una forma de dominación sobre los productores.

Para consolidarse en un poder constituyente, que llegado el momento extinga al poder capitalista, dominante y constituido, la multitud trabajadora requiere devenir de la autoorganización del contrapoder, a la organización del conjunto de los contrapoderes. Sin por esto, perder en el trayecto, la autodeterminación que desarrolló originalmente cada contrapoder.

 

2.- Estado

No se gobierna para todos, los que prometen eso, terminan gobernando para las minorías.

Si el estado capital-parlamentario tiene salidas marginales reformistas, ante un embate total contra él, estará dispuesto a realizar temporarias concesiones. Esos resultan momentos para no dejar tomar oxígeno al oponente. Entendiendo que el poder siempre afila su cuchillo. Ya sea amenazando y domesticando a sus adversarios mas radicales. Ya sea que espere un momento desfavorable en el consenso que despierta el movimiento antagonista y entonces degollarlo.

En toda situación prerrevolucionaria siempre que el estado acepta reformas es porque teme una revolución. Y no pudo efectuar, o no tiene seguridad para realizarla en un solo paso, una contrarrevolución. Las reformas para el capitalismo son la contrarrevolución en cuotas. Y para el movimiento son conquistas que precisan ser permanentemente ampliadas poniendo en entredicho todo el sistema. Entendiendo que ninguna continuidad acumulativa reformista reemplaza la ruptura o revolución. En la crisis orgánica, mientras que ningún oponente logre disciplinar al otro, reforma, continuidad y ruptura conviven contradictoriamente, dialécticamente. Pero para que exista la victoria de los comunes, los productores, la multitud se precisa un quiebre definitivo de todo el sistema. No existe síntesis dialéctica posible entre reforma y revolución. Las reformas (arrancadas al capital) y la revolución (que termine con el capital) componen, en definitiva, elementos irresolubles, irreductibles y antagónicos.

Las reformas o conquistas extraídas al capital debilitan al estado. Pero también evitan su colapso y da tregua a los antagónicos oponentes. Solamente un cambio antisistémico de conjunto, una revolución social, impide que se produzca con el tiempo un restabilización capital-parlamentaria.

Si en los momentos de descalabro económico no irrumpe la ruptura del orden capitalista, el estado termina por estabilizarse y profundiza la salida de la bancarrota con una nueva variante de dominación. Si además se produce una mejoría en las condiciones materiales de los ocupados y desocupados se aplaza la resolución antisistémica de la crisis. Caso contrario, sin el aplastamiento físico de los insubordinados y perpetuándose el malestar económico, la crisis permanece en estado latente.

No hay que subestimar al adversario encarnado en el estado y sus instituciones. Cuanto más difusa y pacífica es la dominación más sólido está el orden burgués. Cuanto más reprima el estado, más débil está su consenso.

El aparato policíaco y de seguridad, las bandas paramilitares de los caciques políticos, los pequeños ejércitos de seguridad privada, los escuadrones empresarios de la muerte, conforman los perros guardianes del capital-parlamentario. Mientras que los militares resultan los últimos carceleros que custodian la expropiación y el dispendio de la energía humana, transformada en trabajo asalariado, desocupación y capital, propiedad privada y empresas estatales. Luego de su intervención, o triunfan y se produce la estabilización del sistema. O gana el anticapitalismo y se termina con la sociedad capitalista.

Son ellos, los apropiadores de la energía ajena que deviene poder. O nosotros, los productores, (asalariados o des-asalariados) y autoexplotados, creadores de la riqueza y del contrapoder.

Entre la democracia representativa y la república asamblearia, habrá formas híbridas de democracia. Desrepresentaciones revolucionarias. Redes de autogestión al interior del sistema capitalista dominante y asambleísmo local de biopoder.

Mientras tanto, en el mejor de los casos, el antiguo soberano de la modernidad: el pueblo, continuará dirigido por representantes que refetichizarán el concepto del trabajo. Haciéndolo digno rehén del capital y su salario. Fortaleciendo la identidad burguesa de la nación "independiente". Contraponiendo el ALCA usurario del norte con el capitalismo productivista del Mercosur. Mientras que ambos, mas allá de sus contradicciones, en definitiva conforman un todo y tienden a su convergencia. Los dos son circuitos ampliados del trabajo, devenido propiedad privada y capital en sus diversas formas. Sean estados, fábricas, tierras, comercios y finanzas. La división antagónica en el capitalismo, entre finanzas y producción, es tan falaz como la engañosa dependencia del trabajo con relación al salario y el capital.

En todo modelo político subyace la economía que anhela desarrollar. Y toda economía conlleva una forma política que la garantice. Por eso el estado capital-parlamentario responde a la fase posfordista del capital. Y el biopoder, o disolución de lo político desde lo social, es la forma económica concreta del contrapoder local. Que garantiza, que una futura república asamblearia no se constituya en un dispositivo político, o lo que es lo mismo, aparato externo de dominación sobre la vida de los integrantes de cada contrapoder local y futuras comunas.

Contrapoder como reaseguro del poder hacer, distribuir y consumir de los productores. A esto la autonomía le llama política. Al ejercicio de decidir la propia comuna su destino desde el propio biopoder. Un contrapoder integrado por una red productora, que al haber reunificado la decisión, el hacer y lo hecho, concluye con la vieja dicotomía de ubicar las definiciones mayúsculas de la política en el estado. Evitando que la autonomía, y la energía liberada del hacer, sea confinada en los espacios de cada unidad productiva aislada. Impidiendo, desde los orígenes de la propia materialidad de una subjetividad liberada, depositar lo hecho en una esfera diferente. Rehusando delegar en los otros, los gobernantes y no en nosotros, los productores la administración de lo hecho. Oponiéndose a recrear, en su trayecto, una institución expropiadora de la creatividad del hacer. Un organismo parasitario o estatal. Lo que deriva en la acumulación de lo hecho -o capital- y en la constitución de los administradores como burocracia política del estado. Una nueva clase, pero ahora, la de los gobernantes revolucionarios.

El no romper con esta concepción del poder político, como mando o gobierno de un aparato separado de los productores, resulta un ejercicio previsible y lamentablemente verificable en todas las revoluciones frustradas. Es por esto, que el biopoder y la asamblea comunal, constituyen una dimensión tan diferente del concepto tradicional del poder que resulta apropiado entenderlo como el antipoder de la multitud.

 

3.- Representación

Representar es llevar adelante la actuación de los deseos, ideas e intereses de una o varias clases sociales.

La crisis de confianza del poder ejecutivo es producto de la autonomización de la política y una no-correspondencia del gobierno, con relación a las clases que dice re-presentar.

Los funcionarios, de mando o gobierno, conducen el estado en forma de co-mando. Un poder constituido o capital-parlamentario. El estado mas el capital. Los políticos transformados en una especie de nueva clase. La clase de los que manejan la función político-estatal.

La crisis de representantes es un alejamiento y posterior traición de los intereses, objetivos y valores de ciertas clases. Y de los cuales sus dirigentes fueron actores y depositarios del poder delegado por la sociedad.

La crisis de la representación es mucho mas que la traición de los representantes. Es el cuestionamiento del sistema capital-parlamentario en su conjunto. Y no de tal o cual partido. Es la reapropiación de la energía del hacer que fuera delegada y expropiada por el poder constituido. Es el recupero del poder constituyente de la comunidad en su búsqueda de una sociedad organizada desde otras bases materiales y subjetivas.

De las dirigencias políticas capitalistas no hay que esperar nada. A lo sumo llantos sensibleros ante la miseria y asistencialismo clientelar. Los más progresistas creen que el problema es moral y aspiran a resucitar un capitalismo industrial de masas que ha sido muerto y enterrado por los propios capitalistas.

La nueva acumulación originaria que precisa la Argentina para recomponer un nuevo ciclo capitalista depara necesariamente: la resignación de su pueblo o su represión. El camino intermedio es consensuar su domesticación. Sea por intermedio de una nueva representación progresista. Sea por intermedio de una representación reaccionaria.

Porque la sociedad es capitalista elige representantes. Así se presenten como socialistas. Ya que estos últimos entienden este paradigma como la proletarización completa de la sociedad sobre la base del trabajo asalariado, que constituye, la contracara del capital. Sea capital-parlamentario o la dictadura obrera del capitalismo de Estado.

¿Acaso podemos llamar anticapitalistas a los trabajadores que reclaman el yugo salarial? ¿O antisistémicos a los desocupados que ansían volver a la condena de un empleo por una paga? ¿Son revolucionarios los militantes partidarios, intelectuales, piqueteros y obreros clasistas que pregonan trabajo digno, como si en el capitalismo algún tipo de empleo pudiera tener esta característica? ¿Se puede terminar con el capitalismo reclamando trabajo genuino? Demanda, que de ser satisfecha, constituye el camino más corto para recrear las condiciones de expropiación de la energía obrera y la dependencia al patrón.

Estamos ante desafíos más complejos que un problema de representación, factor subjetivo o conducción política. Si fuera así, no se entiende como cambiando las ofertas electorales, o las direcciones en el estado, la sociedad siga apoyando al PJ en cualquiera de sus versiones: Menem, Rodríguez Saá o Kirchner.

La sociedad mayoritariamente respaldó al capitalismo en las últimas elecciones presidenciales. Sea con variantes ultraliberales o progresistas. Este comportamiento sistémico es lo que explica que la segunda y tercera fuerza, Recrear de Ricardo López Murphy y el ARI de Elisa Carrió, compuestas por los retazos de la Alianza, tengan respaldo popular. Alianza que fuera derrocada con la colaboración de los porteños que apoyaron a De la Rúa y Chacho Alvarez, mientras que hoy votan por sus antiguos socios. De la UCR a Recrear. Del Frepaso al ARI sin solución de continuidad. No solo por parte de los mismos dirigentes que integraron la Alianza (UCR-Frepaso) sino por la mayoría de las mismas clases que los votó, lo derrocó y los volvió a votar.

Porque la sociedad es capitalista apoya al PJ y no porque apoya al PJ se transforma en capitalista.

El PJ y todo el abanico de partidos sistémicos, incluyendo a la mayoría de la izquierda partidaria, en 20 años de democracia y, lo que es más grave aún para la izquierda, desde el 19 y 20 diciembre de 2001, nunca proyectaron desde su práctica un imaginario antisalarial. La izquierda alega que cuando se está ante un ascenso en las luchas hay que atemperar el programa para interpelar a las mas amplias masas. Y cuando se produce el reflujo también hay que moderarse, producto del impasse que se interpreta como derrota. Lo que conlleva suavizar las posturas revolucionarias en ambos casos: en alzas y en bajas. Para la mayoría de la izquierda partidaria la lucha anticapitalista por la abolición del estado y la supresión del trabajo asalariado no figura en los piquetes, las asambleas, las fábricas tomadas, ni en sus intervenciones mediáticas.

El problema medular no es la crisis de dirección. Con productores posfordistas, o asalariados sociales, autodeterminados y en estado constituyente las direcciones de todo tipo se tornan, no solo, irrepresentativas sino que innecesarias. Desde su propia subjetividad el común toma conciencia que el problema está en la cumbre. Lo que fuera tan claramente expresado como "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo". Mientras que la solución está en el llano, la autoorganización asamblearia en todas sus variantes: fabril, piquetera y barrial.

Un llano revolucionado deviene en multitud auto-gobernada. La reunificación del hacer con la administración de lo hecho. La economía autogestionada sin comando político externo o delegado, de su propia práctica. Entrelazando ambas actividades en una conjuntiva fuerza biopolítica alternativa. Los deseos, el intelecto colectivo y los afectos puestos a producir autónomamente. O dicho de otro modo, una inherente correspondencia entre sujeto social, económico y político. Los orígenes y primeros pasos de una república comunal y asamblearia.

Sin la anticipación de una sociedad que funcione por dentro del capitalismo pero con potencialidad anticapitalista, no se podrá instituir el imaginario antisistémico que recorre miles de cabezas y prácticas aisladas. Por más endebles que sean en sus comienzos, no habrá un cambio completo de la sociedad sin previas y verificables sociabilidades autónomas. Permitiendo, de este modo, colaborar con la ruptura de los que sostienen, por necesidad pero también con su imaginario, al salario como única forma de compensación a su trabajo y al empleo atado exclusivamente a una lógica patronal. Sin un contrapoder que tome en sus manos las definiciones que afectan los diferentes aspectos de la vida, o biopolítica, contrastando en la práctica la política del poder, resultará harto complejo concluir con el imaginario de gran parte de la sociedad. Que entiende a la política como una actividad separada de su hacer y específica de los especialistas. Delegando su poder en los funcionarios del estado para que le gestionen la vida.

Sin una presentificación y personificación, aquí y ahora, de una red de redes que materialice los orígenes de una nueva sociedad, que extienda y profundice las fallas que deja el sistema o la matrix, ninguna ideología revolucionaria, ninguna elaboración del imaginario comunal, por si sola, colapsará al capitalismo. Porque los que se están resistiendo a una ruptura son su contracara: la mayoría los trabajadores, sean ocupados o desocupados.

Pero tampoco ninguna insurrección de masas, por si sola, sin formas organizativas previas de contrapoder, dotado de un imaginario radical, su propio universo simbólico y su real materialidad, sepultará a la sociedad capitalista.

 

4.- Elecciones

No hay reestructuración consensual de la ley del valor sin salvar el sistema un hombre un voto que re-legitime al capital-parlamentario.

Elecciones o tiranía, ese es el menú del poder.

¿Para que sirven las votaciones en el capitalismo? Para comprobar si las masas desertan del llamado electoral o votan mayoritariamente representantes anticapitalistas.

Las elecciones resultan un buen termómetro para medir las crisis de hegemonía, las crisis orgánicas y las situaciones prerrevolucionarias. Cuando los que votan elijan opciones revolucionarias o, los que se abstienen de votar, impugnan o sufragan en blanco, lo hagan con criterios anticapitalistas, entonces, cuando unos u otros, o ambos a la vez, constituyan la mayoría, estaremos maduros para una ruptura con el capital-parlamentario.

 ¿Si no eligen representantes antagonistas significa que la multitud es reaccionaria? No. Siempre y cuando si se abstienen, sufragan en blanco o anulan su voto, no es para deslegitimar el sistema representativo a la espera de un tirano.

¿Y qué pasa si no votan masivamente a la izquierda, no deserta colectivamente de la contienda electoral, construyen desorganizadamente desde la autonomía y todavía no poseen una dualidad de poder generalizada para fundar la república asamblearia? Entonces, todavía, no estamos ante una ruptura sistémica. Es un momento de espera, un tiempo híbrido. Una situación que depara para el capital-parlamentario relegitimar desesperadamente su nuevo gobierno. Continúa sin resolverse claramente la crisis. Millones han votado y cientos de miles no lo han hecho. El consenso del poder es débil. La multitud que votó al nuevo gobierno se mantiene esperanzada pero expectante. Y la porción autonomista y antagónica de la multitud que no votó continúa lúcida y alerta. Manteniendo su éxodo del capital y su auto-organización política.

Aún en una situación de crisis orgánica hay una porción importante del pueblo dispuesto a sostener el orden capitalista. Esto explica el voto a Menen, Kirchner, López Murphy o Elisa Carrió.

También ante situaciones revolucionarias habrá millones que defiendan el sistema. No es que se disuelvan las contradicciones al interior de las propias clases subalternas. Muy por el contrario. Habrá asalariados, ocupados y desocupados, que tomen partido por el capital. Habrá un sector de los oprimidos que resistirá con todas sus fuerzas un cambio radical. Pero la diferencia con los momentos de consenso masivo del capitalismo radica en que las contradicciones, que existen de manera permanente, en las situaciones revolucionarias se tornan antagónicamente organizadas y, por lo tanto, conscientes. ¡Justamente por eso son situaciones revolucionarias! Se tenciona la sociedad y se potencian sus enfrentamientos. Se licúa el centro político. Se parten las aguas. Se tornan irreductibles los campos capitalistas vs. anticapitalistas. Si el capital-parlamentarismo percibe que aún puede gobernar pacíficamente habrá elecciones, sino, estados policiales. Del movimiento antagonista, en su conjunto, dependerá cerrarle el paso a la restauración sistémica y alumbrar una nueva sociedad.

¿Por qué Menem, u otras variantes en el futuro, llaman a que el voto no sea obligatorio? Porque saben del repudio que provocan sus políticas en buena parte de la sociedad. Y sólo les interesa el respaldo de los que creen en una democracia blindada que garantice la perdurabilidad del capitalismo.

Para resistir los embates del poder precisamos profundizar y expandir una nueva sociabilidad. Para poder vencer afrontamos la necesidad de organizar masivamente el contrapoder. Hay que oponerse a participar en las elecciones cuando la multitud haya ORGANIZADO masivamente su contrapoder. Habiendo superado, los diferentes sectores, sus primeras formas de vinculación. Piqueteros, obreros reapropiadores y asambleas barriales que entendieron a la COORDINACIÓN como una primera instancia plural de abordar los diferentes reclamos. Por ejemplo: la demanda por los planes de empleo, la exigencia de la expropiación de las fábricas recuperadas y la protesta para evitar el aumento de las tarifas. Pero también se necesita transponer las fronteras de otra de las formas embrionarias de organización, vale decir, la exclusiva ARTICULACIÓN entre experiencias con identidades similares. Por ejemplo: la mesa general de los MTD's, el movimiento de fábricas recuperadas y la asamblea, de asambleas autónomas.

Cuando nos referimos a ORGANIZAR, estamos aludiendo a combinar, entrelazar y conjugar contrapoderes singulares. Colectivos que poseen sus propias especificidades pero que también comparten características comunes. Reorganizando la identidad del asalariado social de la era posfordista que intenta, permanentemente, ser disociada por el capital. Identidad que ha tomado visibilidad por la práctica piquetera, la reapropiación fabril y la desrepresentación asamblearia. Reiteramos, ORGANIZAR es instituir, al mismo tiempo, organismos territoriales de economía, afectos y política del común. Esto es biopoder, poder popular, contrapoder o biopolítica alternativa. La abolición del intercambio dinerario de las mercancías por el uso sin valor monetario de todo lo producido. Un área de autonomismo efectivo y no meramente ideológico. Un circuito comunal que reunifique a la multitud desde la propia reproducción material de la especie. Un territorio social, material y subjetivo liberado de los tiempos del trabajo asalariado. Una red de los productores libremente asociados y no espacios autistas que, si bien conforman islas antagónicas al capital, continúan desvinculadas y criminalmente desorganizadas.

No alcanza con coordinar y articular las experiencias autónomas del capital. La coordinación es una forma primaria de relacionar la autoorganización fragmentada e inconexa.

La articulación está a mitad de camino, entre la coordinación y la organización del movimiento de los sujetos que intentan liberarse del capital. Pero no constituye una red antisistémica, o lo que es lo mismo, una efectiva organización social alternativa. Empresas recuperadas, piqueteros y asambleas precisan crear una Red de Redes Antisalarial. Que desde su práctica autónoma instaure su propio imaginario anticapitalista y lo proyecte al conjunto de los productores que no integran la red.

Hasta que esté en movimiento la insurrección de masas con perspectivas anticapitalistas, hay que dar el combate contra el actual sistema político también por dentro del sistema político. No porque se crea que algún tribuno o conjunto de parlamentarios revolucionarios puedan, por si solos, realizar la revolución. No porque se crea que una larga marcha por las instituciones nos libere de acometer la abolición del capital-parlamentario. Sino, porque, hay que desmitificar el parlamento y los poderes ejecutivos. Hay que socavar por dentro y por fuera a las instituciones capitalistas. Por dentro, desfetichisando la representación. Por fuera, creando comunas o redes autovalorativas.

En el parlamento no se participa para convencer a los convencidos del anticapitalismo. Se interviene para interpelar a los vacilantes de las clases antagónicas al capital. Los sufragantes del voto-bronca, del voto útil o del voto cínico. Mandatarios que funcionan por dentro de la democracia delegativa, jaqueando el sentido común de la representación capitalista. Desrepresentantes que operarán de contrafuerza y denuncia ante un sistema demo liberal dispuesto a combatir, con leyes y represión, a los insumisos. Mientras que, estos últimos, continúan desarrollando nuevos vínculos materiales y políticos a partir de su éxodo del sistema económico y político dominante. Construyendo, en su travesía, una sociabilidad no capitalista y organizándose de manera antagónica a la lógica capital-parlamentaria.

De participar el autonomismo en las elecciones ejecutivas nacionales, provinciales o municipales y mas aún, si llega al gobierno, lo que se precisa son co-gobernantes. Es decir, autoridades estatales que manden obedeciendo. Que no entorpezcan ni sustituyan la gestión obrera, la autoorganización asamblearia y la autonomía piquetera.

Restituyendo a los asalariados y desocupados las mayores cuotas posibles de plusvalía que le fuera extraída por el capital. Transformada por el actual estado en plusvalor social o capital-parlamentario. Plusvalor que debe ser devuelto, por el gobierno, por intermedio de los recursos monetarios que permitan el sostenimiento y desarrollo de todos los movimientos extra-parlamentarios. Unicos garantes para terminar de forma definitiva con toda plusvalía. Organismos que utilizarán temporariamente esos dineros mientras expanden, generalizan -y por lo tanto fortalecen-, una economía que vaya mas allá del salario, la compraventa y la moneda. Instaurando, en su trayecto, una red de redes de todas las prácticas comprometidas con abolir la expoliación y el desempleo. Un movimiento antisistémico que una vez que se haya suprimido la actual economía hegemónica del capital, no necesitará nunca más ningún organismo como el estado. Porque no olvidemos, compañeros, que el comando estatal es una forma mas de las que toma el capital. Que separa el momento de lo político de lo social. Atribuyéndose la potestad de concentrar y distribuir los recursos expropiados a los trabajadores. Mientras que ubica a lo social, como una potencia colectiva que precisa ser vigilada y reconducida por el estado. Combatiendo la autonomía social del hacer-se-para-sí. Desmenbrando, cooptando o reprimiendo el ejercicio de las capacidades de los trabajadores de gobernarse por-sí-mismo o autogobernarse. O lo que es los mismo, el ejercicio de su propia política. El hacer que determina sobre lo hecho. Cuándo, cómo y para qué se produce y de que forma se distribuye y consume lo producido.

Por lo tanto, no se apela a un estado popular que reemplace a la multitud. No se entiende a esta maquinaria burocrática, docilizante o represora, regeneradora de relaciones sociales antagónicas como un artefacto que, operado por los trabajadores, se torna reivindicable. El estado capital-parlamentario debe ser abolido. Mientras tanto, todo arribo a su gobierno solo colabora con la liberación social del yugo salarial, siempre y cuando, termine con todo tipo de gestión que reemplaza la autonomía de las masas. Necesitando pasar del mero ejercicio del gobierno ejecutivo capital-parlamentario, a un efectivo cogobierno o cogestión comunal.

Gobierno que manda obedeciendo. Gobierno como mandato imperativo de los productores. No su reemplazo. No su sustituto. No su fetiche. Sino la configuración de un cogobierno multitudinario de hecho. Favoreciendo en su devenir, la transferencia de las funciones políticas del estado a la sociedad. Entendiendo, por funciones políticas, la reapropiación y reapoderamiento de la comunidad de todas las capacidades que esta posee para conducir su vida. Un poder social, como potencia del hacer, que todos los gobiernos expropian y que transforman en la esfera específica de su dominio, o lo que es igual, en poder político.

En definitiva, compañeros, pasar del gobierno al cogobierno y al autogobierno. Autogobierno como contrapoder o biopoder. Circuito comunal o red de autovalorización de la sociedad. Contrapoder no como contracara del poder, sino, como su radical contrapuesto. Gobierno-cogobierno-autogobierno, no como instancias transicionales o etapistas, sino como movimiento constituyente permanente, que desconfía, producto de las experiencias históricas frustradas, de todo tipo de poder constituido.

La política de los productores resulta un ejercicio colectivo y no una función especializada de los gobernantes. Política de la multitud que, para efectivamente realizarse, debe restablecer la unidad de los trabajadores con su propio trabajo, fuente de todo poder. Caso contrario, las mayorías condenadas al trabajo por una paga, quedan separadas por sus patrones y carecen de los territorios comunes para "hacer política". Espacios, de una actividad, que quedan reservados a los despachos y palacios de los políticos. La condena de la reproducción de la fuerza de trabajo asalariada, torna a la política colectiva, una práctica donde el productor solo puede desarrollarla en su tiempo libre. Transformando la política en una actividad separada de la economía. Facilitando y forzando de esta forma a depositar, en el mejor de los casos, en los representantes revolucionarios de tiempo completo, o profesionales de la política, las tareas insustituibles de su liberación social del capital. Pasando los trabajadores de soberanos de sus vidas a súbditos o víctimas de la estadolatría de turno.

No aludimos como política colectiva a la independencia de clase sindical. Ni a las innumerables escaramuzas que los trabajadores dan cotidianamente contra el capital. Sino que nos estamos refiriendo al contrapoder. Vínculo inherente y masivo entre economía y política. Biopoder que retome toda la potencia y los deseos de la vida, del bios. Liberando al trabajo de su condición de mercancía transable. Ganancia que conlleva la acumulación y al estado como director de la distribución del plusvalor social. La unidad entre autogestión y asamblea, o lo que es lo mismo, la economía y la política, evita la recreación del estado como dispositivo específico de la política, y por lo tanto garante, de la extracción y circulación generalizada de ganancia. Es por esto que el trabajo desarrolla una antagonía irreductible al capital-parlamentario. Una lucha permanente entre el hacer y la colonización mercantil del bios o la vida en su conjunto.

Para qué, para quién y cuánto se produce, son los interrogantes que recorren a los movimientos de los sujetos autodeterminados. Y que solo plasmará una respuesta satisfactoria en caso de reunificar la economía comunal con una política asamblearia. Instituyéndose, conjuntamente, en un contrapoder expansivo y colectivo. Material y subjetivo. Que supere el tiempo (desocupado y libre) y disuelva el espacio (sindical y estatal) pautado por el poder para hacer política.

 

5.- Revolución

La salida anticapitalista es más planetaria que nunca.

¿De que dependerá una revolución social? De que las clases medias patronales no tengan opción alguna en el sistema. Y de este modo, participen o toleren, una cosmovisión anticapitalista. De que la clase productora tome el centro de la escena política con un proyecto comunal, fraternal y asambleario. Que las fábricas reapropiadas, las asambleas y los piqueteros estén organizados. O lo que es lo mismo, compartiendo, entrelazando, problematizando y expandiendo su imaginario, sus afectos y los recursos materiales de los contrapoderes que hasta el presente hay construido.

Mas allá de los convencidos, solo apuesta a la revolución el que ya no tiene nada más que perder. Su imaginario capitalista, el trabajo asalariado, los ahorros y la falta de perspectivas de insertarse de cualquier modo en el sistema capitalista.

El que solo y únicamente aspira a sobrevivir, viviendo del cirujeo, haciendo la huerta comunitaria, el club de trueque, la olla popular, el merendero, las ferias de barrio, los planes asistenciales del estado y tomando la fábrica, no se plantea la revolución.

Las condiciones objetivas "por-sí-mismo" no dispara nuevas subjetividades. La mayoría de la clase productora (asalariada o des-asalariada) sigue creyendo en el capitalismo y sus representaciones. Si no fuera así, y el devenir antisistémico fuera solo producto de las brutales condiciones económicas a las cuales está sometida la multitud, debería acontecer una revolución social.

Sin vincular a una importante porción de la clase trabajadora ocupada -no solo la fabril- con las prácticas cooperantes que ya están en marcha, no hay posibilidad alguna de una revolución social.

La revolución no acontece como un producto mecánico de la decadencia económica. Es deseo, pasión, inteligencia, decisión e intolerancia puestas en movimiento para no continuar viviendo en la decadencia. Una nueva forma de decir en el siglo XXI conciencia de clase revolucionaria. 

No todo acontecimiento de masas es una revolución.

Las puebladas, argentinazos y rebeliones no son en sí misma revoluciones. Pero son sus ejercicios previos.

Las insurrecciones son ejercicios masivos. Pero aún así, sus participantes no dejan de ser una porción del conjunto de los expoliados.

Si se espera que todos los rebeldes quieran una revolución, nunca veremos una. Pero si se intenta sustituir al sujeto liberador tampoco la veremos.

Las masas hacen la revolución cuando perdieron toda ilusión en la recomposición económica capitalista. Y no por las crisis cíclicas del capitalismo.

La multitud no salta al vacío.

Las masas no irrumpen sin mínimas seguridades de su victoria.

El último valor a perder es la vida. Y el que hace la revolución sabe que se arriesga a perderla y por eso duda tanto.

La revolución es el último recurso de las masas.

La señal que marcará que comenzó una nueva etapa, para demoler al sistema político en su conjunto, será un nuevo 19 y 20 de diciembre. Con su misma o superior magnitud multitudinaria, pero a diferencia del 2001, con claros contenidos anticapitalistas.

Los métodos que marcarán la irrupción popular y el quiebre de los tiempos, inaugurando las jornadas de abolición del poder dominante, pero que para ese momento perdió su condición de dirigente, serán decididos por las masas. Huelga general y política por tiempo indeterminado. Cortes de rutas antisalariales. Toma generalizada de empresas y dependencias públicas. Marchas multitudinarias con clara vocación de poder e instinto anticapitalista. O aún otros que desconocemos.

Mientras no sea derrotado físicamente el movimiento popular, las movilizaciones masivas como las del 19 y 20 de diciembre del 2001 se producirán por oleadas.

El principismo revolucionario es la enfermedad infantil de los principios.

Participar o no en las elecciones no es una cuestión de principios.

El problema con el principismo es el estrategismo.

El principismo confunde táctica con estrategia.

Para el principismo todo es estratégico. Cada batalla siempre es la última y decisiva. Por eso le huye a la táctica, la unidad en la acción y el frente único. Ampararse en el estrategismo siempre es más cómodo e infalible.

La troica de todas las derrotas revolucionarias: Principismo ideológico, estrategismo político y sectarismo organizativo.

Convenciendo a los convencidos no se hace la revolución.

La mejor manera de no coincidir con las prácticas de la multitud es aspirar "al poco pero bueno".

Toda forma de lucha masiva contra la opresión resulta justificable. Si así no fuera, no hubiera existido el 19 y 20 de diciembre de 2001.

El pasaje pacífico del poder político a manos del pueblo es una rara excepción de la historia. Dan cuenta de esto la construcción de contrapoder que están realizando los asambleístas, los piqueteros y los obreros reapropiadores. Y su correlato de persecuciones, asesinatos y desalojos por parte del estado.

Una revolución se hace con el pueblo y para el pueblo y no a pesar del pueblo.

No hay revolución con un golpe de estado de izquierda. Eso no es tomar el poder. Es solo tomar por asalto los símbolos del poder, a la espera de ser desalojados con la misma prontitud con la que se arribó.

Tomar el poder es: suprimir la forma-estado, tanto es su versión capital-parlamentaria como dictatorial. Abolir la producción y circulación capitalista. Apropiarse del espacio público. Detener y juzgar a los personeros del poder depuesto.

¿De que dependerá un golpe de estado, o cualquier variante de democracia blindada? De que la mayoría del pueblo consienta un sistema autoritario. De que el imperio haya virado de táctica y apueste al terrorismo de estado o a la fujimorización del Cono Sur. De que las FARC sean un peligro eminente para el poder del subcontinente. De que Lula sea desbordado por las masas y que Brasil sea un caos para el capitalismo. De que los EE.UU y el G7 tomen desesperadamente el control de la situación mundial ante una profunda depresión, quiebra de sus empresas, cracs financieros y la insubordinación de sus sociedades organizadas en un movimiento anticapitalista de masas.

Todo ejercicio revolucionario resulta una experiencia inédita e irrepetible. Aprender del pasado sí, pero copiarlo es imposible.

Las revoluciones sociales son los ejercicios más raros de la historia. Y las victoriosas especies exóticas.

Si no hay revolución hay capital-parlamentario o tiranía.

 

6.- Vanguardia

Factor subjetivo, dirección, partido, desemboca en el mejor de los casos en revolución por arriba, vanguardia sustitucionista y, a la larga, en economía planificada, o lo que se llamó socialismo. Práctica encubridora de un capitalismo monopolista de estado, burocrático y salarial.

¿Partido de vanguardia, o la vanguardia en el partido? ¿O sin partido no hay vanguardia?

El problema no es la falta de un partido de vanguardia. Sino que la multitud no instituya su subjetividad en una materialidad organizada. Que bien puede tomar otra forma que no sea la del partido.

En el posfordismo del trabajo polivalente, precario, inmaterial, pero también sub-proletario y con desempleo estructural, la lógica de la clase en el sindicato, el sindicato en el partido y el partido en el estado se acabó.

En el capitalismo del siglo XXI el partido de la clase obrera fabril ocupada no es el último estadio de organización de la multitud trabajadora.

Después de los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001 han tomado visibilidad innovadoras experiencias que se venían constituyendo. Y otras que surgieron a partir de esas jornadas. Ambas sedimentadas por antiguas tradiciones de lucha. Una nueva vanguardia político-social. No porque lo social no sea político. Muy por el contrario. Lo social del contrapoder disuelve la autonomía de lo político concentrado en el estado capital-parlamentario. Pero también invalida la vieja matriz partidaria como poseedora del patrimonio de lo político. Encargada de conducir el destino de una multitud que solo actuaría en el subproducto de lo social, faltándole la conciencia integradora aportada por los especialistas en el arte y la ciencia de lo político.

¿Que son los piqueteros que resisten, las fábricas reapropiadas, los medios alternativos, las asambleas barriales, los organismos de derechos humanos con sus escraches, los colectivos revolucionarios que se disuelven en lo social, las agrupaciones estudiantiles movilizadas, los sindicatos clasistas y los partidos de izquierda, sino una nueva y vieja vanguardia?

Una vieja vanguardia en su forma partidaria. Organización política de los explotados del capitalismo fordista y sus maneras de intervenir SOBRE la clase. Dotándola de conciencia y disputándose con organizaciones similares la potestad de conducir a las masas. Una vanguardia como sujeto externo a lo social. Como organización de LO político. Que opera por fuera de la experiencia del sujeto y BAJA a los frentes de masas para dotarla de LA política correcta.

En el fragmentante posfordismo, de la polimórfica multitud, está en desarrollo un nuevo sujeto. Que se autoconvoca y que entiende a la organización social alternativa, que ya está en marcha, como una forma asociativa de compartir la economía, las contradicciones y los deseos. En definitiva, ni mas ni menos, que la vida política o la existencia en común-unión. Reapoderándose de lo que se entendía en el pasado como el ámbito por excelencia del poder estatal y partidario: la política. Síntesis mayéstica, o solemne de lo humano, por sobre la dimensión disociada y minusválida de lo social.

Entendiendo por nueva vanguardia, por lo tanto, al conjunto de experiencias que están configurando, desde hoy mismo, nuevos tipos de vínculos materiales y subjetivos. Una avanzada del mañana, pero actuando desde la cotidianeidad. Una vanguardia que no ata su destino a ningún futuro teleológico, sino, que lo construye desde el conjunto de aliatoriedades y complejidades que encierra toda instancia colectiva de lo humano. Una vanguardia, que en tiempo presente, deja huellas para los recuerdos del futuro. Los adelantados del cambio social. Los pioneros del siglo XXI. Los exploradores del porvenir.

Nadie puede ser sustituido en las tareas que le son propias. La liberación social de los productores provendrá de su antagonía al capital, o no habrá emancipación.

Pero los insubordinados no se resignan a la exclusiva prédica de una sociedad ideal. Ni pueden aguardar una hipotética jornada donde todo cambie producto de las contradicciones objetivas del actual sistema. Por eso, desde este presente paradojal y un futuro esperanzador, pero necesariamente incierto, comienzan su destierro, su éxodo. Un exilio obligado por el sistema y autoimpuesto por su voluntad. No en búsqueda de una predicada tierra prometida por la vieja vanguardia. Ya que, la multitud no acepta promesas de nadie exterior a su voluntad. Sino como travesía del devenir social que proviene de su propia imaginación, su propia práctica, su propia gramática o idioma común. Una vanguardia como singularización de la multitud productora, y multiplicador de la potencia del imaginar, del sentir y del hacer que contiene cada individualidad.

Una vanguardia que no apela a la colectivización forzosa que termine con el sujeto. Ni a un autonomismo personal o insular que confía en un autismo social donde infantilmente refugiarse, de modo permanente, del sistema hegemónico capitalista. Régimen dominante donde gobierna las leyes de lo poderosos, de los otros o la hetero-nomía. Y mientras que no sea abolido acosará, desmembrará o reprimirá a los sujetos que le han dicho adiós al mundo de la mercancía, la expoliación y el narcisismo.

Vanguardia de lo múltiple singular. Corporización organizada de la multitud del trabajo cooperante. Contrapoderes que no actúan en territorios inconexos con la matrix dominante. Sino que continuarán atravesados por los valores sistémicos y la vigilancia del capital-parlamentario. Acosados por la violencia de la moneda y el disciplinador castigo.

Para la multitud, si todavía el término vanguardia, adelantados, exploradores, avanzada y pioneros tienen algún sentido es de esta forma y con estos contenidos.

Ante el descenso cuantitativo de las rebeliones multitudinarias, serán vanguardia mientras conserven su autonomía, antagonismo y organización. Serán vanguardia mientras no sustituyan a la multitud en su tarea histórica de liberarse por sí misma del capital. Caso contrario, queriendo reemplazar a las masas, se transformará en una elite autoreferencial.

 

7.- Trabajo

En las fábricas, los bancos, los comercios, las haciendas y el estado, resulta necesario conformar comisiones internas y cuerpos de delegados paralelos a los sindicatos. Realizar un trabajo de zapa, casi clandestino, para no arriesgar la continuidad laboral de los compañeros que se están organizando. Llegado el momento, ponderar en cada caso, si resulta apropiado disputar la dirección sindical de la unidad productiva o conformar un nuevo organismo de la multitud.

Excluidos es el eufemismo con que el posfordismo bautizó a los trabajadores considerados sobras o despojos del sistema. El ejército de cartoneros es un sub-eufemismo de excluidos. Ciruja como desecho. Persona como residuo. Condenados a vivir de los restos del consumo del que carecen. Para ellos el capital es una relación social que transforma al hombre en escoria, o lo que es lo mismo, una fabrica social de residuos humanos.

La hiperdesocupación es la contracara de la hiperexpoliación.

La clase obrera está aterrorizada por el desempleo. Teme llegar a ser un cartonero.

Mientras los productores no entiendan que el patrón no da trabajo, sino que el que otorga toda su energía al patrón es el empleado, no habrá revolución social.

El trabajo son las capacidades intelectuales, manuales y afectivas de las que dispone el productor para transformar la naturaleza en cosas. Una materia en otra. La inteligencia, la destreza y la creación en servicio. En el capitalismo las potencias del hacer crean mercancías que se cambian por dinero. Cosas tangibles o materiales, como una lata de conserva, una computadora, un edificio escolar. O intangibles o inmateriales, como la reposición de mercadería en un supermercado, el diseño de un programa de computación, la educación. El explotado vende la única mercancía que tiene: su fuerza de trabajo. El patrón la compra y a cambio le paga un sueldo. Pero el salario siempre será inferior a todo el tiempo entregado al capitalista. Ese es el fetichismo de la moneda encarnada en el sueldo. El engaño que el empresario paga por todo el tiempo que compró al trabajador asalariado. Mientras que en realidad solo le paga unas horas y las restantes el productor trabaja gratis para su empleador. De las mercancías que hace el empleado, y el capitalista luego vende, provendrá su ganancia. Esa ganancia acumulada se transformará en capital. Y así la rueda de la expoliación vuelve a girar, una y otra vez, mientras incuba nuevas crisis entre el capital y el trabajo. El asalariado solo tiene para vender su energía, el patrón le paga por una parte y vende lo que produce el trabajador. El capitalista circula la mercancía que encierra trabajo, acumula las ganancias de sus ventas y la transforma en capital. Es por ello que, para decirlo sintéticamente, el capital no es mas que trabajo acumulado. Trabajo pasado o trabajo muerto. El capital toma forma líquida o dineraria, capital circulante o salario, o capital fijo o tecnología. El empresario no es mas que un parásito social. Vive del trabajo de su empleado. Se alimenta de la energía de otro ser humano. Exprime el trabajo de su semejante. Para decirlo de forma clásica, el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre.

La empresa es el primer lugar donde se desarrolla la explotación del trabajo vivo. Pero la ganancia no se realiza sino fuera de sus fronteras, fuera de la empresa, en el mercado o circuito ampliado del intercambio de mercancías. Los empleados pueden concluir con la expoliación o plusvalía, de uno o cientos de patrones, pero si no terminan con el capitalismo, como sistema de conjunto, quedan prisioneros del intercambio y de los demás patrones cuando empiezan a vender las mercancías que hicieron. Así sea que la producción sea adquirida por el estado. Porque recordemos, nuevamente, que el estado no es mas que una de las formas que adopta el capital o economía salarial y monetaria. Así esté conducido por el partido de la clase obrera. El trabajo como mercancía y su paga como valor de cambio, dinero o salario, y el estado como garante de estas relaciones sociales de expoliación; no se termina con una nueva relación igualitaria, personal y subjetiva en la fábrica reapropiada. Este es el primer paso. Valioso, indispensable, pero no el definitivo. Sin abolir el sistema por completo la explotación seguirá reinando. Por mas que los trabajadores embanderen con rojos pabellones cada empresa recuperada.

No hay síntesis posible entre capital y trabajo. Entre empleadores y empleados. Entre expropiadores y expropiados. Entre el estado y la autogestión. Entre el circuito dinerario o mercado y los productores autovalorados. Sea esta una producción y circulación comandada por los capitalistas o sea conducida por un estado de obreros asalariados. Si a esto se llama socialismo no es mas que cambiar a los actuales capitalistas por un capitalista ideal y general. Un estado de los capitalistas por otro de los asalariados. Un capitalismo de los patrones por un capitalismo de estado de los productores. Un estado por otro. Una expoliación por otra. Ninguna revolución social.

Una vez más: el productor puede vivir sin salario y sin estado. El capital sin trabajo asalariado y sin estado perece.

De la vieja dicotomía burgueses y proletarios aún queda en pie un principio económico insoslayable: la única clase que no puede desaparecer completamente, sin poner en peligro de extinción el capitalismo, es la clase trabajadora. Entendiendo, en su forma mas amplia, el término clase trabajadora a la multitud productora, los asalariados, obreros, pueblo trabajador y proletarios. Sujetos y clase social que para vivir en una sociedad capitalista solo tienen para vender su fuerza de trabajo.

Ante el peligro de perder sus privilegios los patrones pueden apelar a los medios mas aberrantes. Como el genocidio de los 30.000 compañeros secuestrados, torturados y desaparecidos. Para mantener su lucro parasitario la clase dominante puede naturalizar el genocidio del hambre del capital-parlamentario. En la década anterior 150.000 niños murieron por causas evitables. Actualmente 70 infantes mueren diariamente por desnutrición y enfermedades ocasionadas por la pobreza del sistema.

Para recuperar sus tasas de ganancias los opresores pueden expulsar a millones del yugo salarial y el sistema continuará funcionando, torpemente, mientras expolia a los millones restantes. Pero los burgueses no pueden exterminar al conjunto de las clases subalternas. Y mientras haya capitalistas -o asesinos en todas sus variantes- sean fascistas o sean parlamentarios, las clases oprimidas lucharán por terminar con la dominación, las persecuciones, las muertes evitables y la pobreza que origina el capitalismo.

La clase empresaria, sus representantes políticos, religiosos, jurídicos, intelectuales, mediáticos, policiales y militares resultan escollos y oponentes para la liberación social de las mayorías. Manipuladores, embaucadores y criminales. Enemigos antagónicos de las nuevas sociabilidades que ya están en marcha. Mientras tanto, mientras los desocupados y ocupados se organizan, defenderán sus intereses hasta las últimas consecuencias y de todas las formas posibles.

Para que la humanidad liberada descubra una nueva vida deberán desaparecer las relaciones sociales de expoliación que han impuesto los capitalistas, sus instituciones y sus valores. Estas últimas resultan condiciones universalmente necesarias para terminar definitivamente con el capitalismo en el mundo.

La clase media capitalista: industrial, agraria, comercial y bancaria; y los trabajadores que defienden la cosmovisión propietaria, salarial y mercantil -deudor/acreedor-, en síntesis capitalista; poseen una relación contradictoria con el F.M.I. y el trabajo asalariado.

La clase media capitalista no quiere continuar asfixiada por el organismo financiero pero al mismo tiempo justifican el pago de la deuda ¿Por qué? Porque se identifican con el acreedor del imperio. Participa del circuito universal del capital produciendo una transferencia de plusvalor, ya no sólo, del asalariado al patrón, sino ampliando su circulación al estado argentino (patrón de patrones) y al comando del F.M.I., testaferro de todos los patrones.

¿Qué le pasaría a la pequeño burguesía si su deudor no le paga? ¿Qué le pasaría si su trabajador se rebelase, como él quiere rebelarse contra el F.M.I.? Vería puesta en peligro su condición de pequeño expoliador, micro F.M.I., parásito de las relaciones sociales de producción y circulación que lo constituye como clase.

No lo lastima tanto la pobreza, sino la perspectiva de caer en esa misma pobreza. Pero material e ideológicamente está constreñida a defender el sistema capitalista. Ya que fuera de él perece como clase ¿Puede abrazar las prácticas y el imaginario anticapitalista? Claro que sí, pero para eso tiene que renunciar a sí misma. Tiene que pensarse desde el otro lado. Tiene que dejar de actuar como un expoliador.

Y los productores: ocupados y desocupados ¿Por qué defienden el trabajo asalariado? Mientras no rompan con la lógica de que el patrón les da trabajo y; no que, lo que les devuelve el expropiador es un salario mientras que ellos son los que entregan su energía compensada con una porción menor a lo producido y expresada en dinero; mientras pase esto, se abrazará y dependerá de otra clase que es irreductible con sus propios intereses.

Mientras no se termine con el trabajo asalariado, el endeudamiento externo de una economía capitalista como la Argentina, es un circuito de nunca acabar. Cada vez se deberá mas. Se producirán nuevos endeudamientos con un mayor o menor crecimiento del PBI. Una posterior y profunda recesión, colapso financiero y quiebras de patronos. Resolviendo una vez mas, la crisis de la ganancia privada, con la socialización de las pérdidas y mayores tasas de expoliación y desempleo. Para así, recomenzar, la acumulación originaria de capital. Lo que conlleva a un menor poder del salario y la caída del consumo popular.

Se recompone el stock de capital pero resulta imposible resolver la cada vez mayor concentración y centralización de la economía. Dejando en condiciones hegemónicas, al interior de las fracciones dominantes, solo aquellas que con cada nuevo ciclo verán caer más rápido, producto del avance tecnológico y la subsunción real del capital, sus tasas de ganancias. Subsunción real, como subordinación o inclusión del trabajo en el capital. Capital como trabajo pasado o trabajo muerto, acumulado en los medios de producción en mano de los patrones.

Estamos ante la crisis, ya no del fordismo, sino, del posfordismo. Ya que, con cada nuevo avance tecnológico, resulta menor el tiempo socialmente necesario para producir las mercancías. Y, por lo tanto, menor el poder de compra del salario de los ocupados y mayor el número de desocupados incapacitados de ser consumidores. Además, cada colapso, preanuncia la reestructuración de la deuda, solo a los fines de retomar nuevos créditos. Se proletarizan miles de pequeños capitalistas y se desocupa más asalariados. Demandando al estado, como patrón de patrones, para evitar las tensiones políticas mayor endeudamiento. Otorgando subsidios y exenciones impositivas a los capitalistas incapaces de competir contra los más poderosos. Y mayores gastos asistenciales para los desocupados. Pero nunca el dinero será suficiente para todos. El equilibrio del sistema es inestable. Y siempre que haga falta el garrote contra los insumisos se hará presente el castigo.

Con el comienzo de cada nueva etapa se recrea la contradicción entre la producción y el consumo. Retornando el endeudamiento a los fines de cubrir los déficits inherentes a toda economía salarial. Tenga 50 por ciento de desempleados o, como en el pasado, cuasi pleno empleo. Para aplazar la crisis se produce un mayor endeudamiento y se vuelve a hipotecar el bienestar de las generaciones futuras. Y así, una vez más, volver a empezar. Pero cada vez más concentrada e internacionalizada la economía, mas endeudados los estados capitalistas y más pobres los trabajadores.

No hay un capitalismo productivo, bueno o salarial. Y uno especulativo, malo y de renta financiera. Sino que son cara y contracara de la valorización del trabajo como mercancía, devenido dinero o capital líquido.

No hay alianza posible entre la producción y el trabajo. Ya que en la era posfordista, para el capital, sobra trabajo. Y el que hay es permanentemente acosado por la necesidad de evitar la desvalorización del capital. Aumentando, para este fin, los niveles de explotación y el desempleo.

Es el fin de las burguesías nacionales, industriales y fordistas. Es el fin de la sociedad salarial de masas. Transnacionalización, producción oligopólica, concentrada comercialización y financiarización global, conforman un entramado único. No libre de hegemonías y contradicciones, pero homogéneo en su oposición al mundo del trabajo. Al que solo lo expolian, como energía objetivada en la mercancía y su transformación en capital.

Para no perecer el sistema, se produce la internacionalización y concentración de los capitalistas más poderosos. Y las clases dominantes nativas, perdieron hace tiempo, esta cualidad. Esto es lo que explica que no haya en la Argentina burguesías nacionales que puedan disputar un lugar en la hegemonía de los mercados. Son clases hegemónicas al interior de las fronteras nacionales para reprimir o disciplinar a los productores. Pero para sobrevivir en este mundo conducido por las clases mas poderosas del planeta, la minoría dominante Argentina, necesita integrar el circuito imperial. Recibir para cubrir los déficit de la economía salarial, la sangre succionada de los pueblos del planeta, encarnada en la moneda de los créditos externos. Y pagar con más moneda, o sangre popular Argentina, el tributo de la deuda. Siendo de este modo, nuestra burguesía, parte de la circulación ampliada del plusvalor o trabajo no retribuido al asalariado. Trabajo asalariado, déficit, endeudamiento y pago de la deuda externa, condiciones indispensables para integrar el sistema planetario capitalista.

 

8.- Multitud

La clase productora, el asalariado social, el obrero posfordista, las variedades del común, las mayorías hacedoras, las masas diversamente iguales, lo homogéneo en lo heterogéneo y lo distinto en lo semejante, lo genérico singularizado y lo singular en lo múltiple, la originalidad creativa de los mas, lo personal y lo colectivo, lo global diferenciado y lo universal en lo local, la unidad en la fragmentación, lo individual en lo general, lo cosmopolita en lo nacional y los pueblos sin fronteras. Todas estas son formas de enunciar a los príncipes plebeyos de la insumisión, los sepultureros universales del capital, los constructores de la democracia absoluta y radical: la multitud.

La sociedad está divida en clases y fracciones de clases. Por lo tanto, en el capitalismo, no somos todos iguales. Hay apropiadores de la vida ajena y expropiados. Parásitos del sistema y bestias de carga.

Esta sociedad es irrepresentable, porque la fractura social a la que hemos llegado la hace inabarcable e incontenible por un solo partido, núcleo social o agrupamiento colectivo. No alcanza con una organización de vanguardia, la clase obrera industrial o los piqueteros.

El nuevo sujeto político en la era posfordista es la multitud.

El nuevo sujeto histórico es el asalariado social, ocupado o desocupado. Ellos configuran la encarnación clasista de la multitud.

A la multitud la iguala el espanto genocida y la fraternidad de los oprimidos.

Sin una cosmovisión y prefiguración de la sociedad futura, nacida de las entrañas y de la práctica de la multitud, no se puede construir una nueva sociedad humana.

Para los que repiten los fundamentos de la lucha de clases tendrían que aprender que la multitud, no pudiendo triunfar completamente y antes de ser totalmente derrotada, se detiene, oxigena y se prepara para enfrentar de mejor manera los nuevos desafíos. La desocupación permanente y sistémica, el club del trueque precapitalista, el cirujeo como profesión postfordista, la gestión obrera sin estado obrero, las asambleas urbanas, las huertas orgánicas, la generalización de los planes asistenciales de masas, no figuran en ningún manual del buen revolucionario.

No hay sujeto político sin historia. Sin sus derrotas, pausas y victorias. No hay teleología que indique una marcha inexorable de los actores a través del tiempo. El sujeto político revolucionario es una construcción antagónica con la dominación y autónoma de los designios de la expoliación. Es epocal, no es lo mismo combatir en los terrenos del capitalismo manufacturero, en la gran industria que en el posfordismo. Es un sujeto con implicancias espaciales, no desprecia el contrapoder nacional pero no establece como su última meta la conquista de la soberanía estatal. Sino que une su desarrollo a los lazos fraternales con los oprimidos universales que combaten a los mismos enemigos vestidos con sus respectivos ropajes nacionales.

Los asalariados no son inherentemente antagonistas. Pero sin su práctica autonomista no hay posibilidad de destruir el núcleo vital del capitalismo: las relaciones sociales de producción y circulación. Fuentes renovadoras del trabajo no retribuido. Plusvalía. Trabajo acumulado o capital.

Hay productores mejor o peor retribuidos. Pero los asalariados, mas que nunca en la era posfordista, son parias en estado latente. En la actual economía Argentina el 60 por ciento de la población está pauperizada. Es más, estamos ante la inédita paradoja de las mayorías pobres del trabajo asalariado. Unica forma de explicar porqué más de la mitad de la población está en la miseria. Mientras que los desocupados plenos son el 20 por ciento, dos que cada tres pobres trabaja por un salario. Esta es una clara demostración que el trabajo genuino (o asalariado) no resulta un trabajo digno (o liberado de todo pago). Mientras no se supere el sistema del empleo por dinero, la perspectiva del empobrecimiento salarial o la súbita indigencia del desempleo resultará una condena perpetua.

Los piqueteros son productores sin salario. Componen con otras clases subalternas la multitud. Pero son uno de sus afluentes y no la marea victoriosa.

La burguesía recluye en el pasado la capacidad de originar derechos y poder. Fosiliza en tiempos pretéritos el poder constituyente de las masas. La revolución ya se hizo en el siglo XIX. Hay que clausurar toda posibilidad de que la multitud establezca un poder originario y constituyente -desplegado en asambleas, fábricas autogestivas y piquetes-, apelando al terror del caos social. O, lo que es lo mismo, al uso del otro significante paralizante que la clase dominante usa por excelencia: el peligro del anarquismo.

 

9.- Psicología

La condición humana se expresa de manera heterogénea. Pero según la coyuntura que atraviese la especie agudiza mas unas conductas que otras. Las diferentes tonalidades de grises de los temperamentos nos hace recordar que existe el esencial blanco y negro de las cualidades humanas. Desde el 19 y 20 aconteció el despliegue contrastante de los diversos caracteres. Confrontaron, se mixturaron y se invalidaron los siguientes comportamientos. Cooperantes, optimistas, irreverentes; individualistas, pesimistas, temerosos. Valientes, resueltos, responsables; cobardes, vacilantes, temerarios. Diligentes, abnegados, fraternales; cómodos, hedonistas, egoístas. Solidarios, constantes, consecuentes; narcisistas, ciclotímicos, volubles.

La pobreza hace salir lo peor y lo mejor de nosotros. Las pasiones oscuras: la antipatía, el egoísmo, el odio. Y las pasiones luminosas: la simpatía, la generosidad y el amor.

El pasado y sus mitos, el presente con su mansedumbre y el futuro con sus esperanzadas fantasías, anudan tanto a las masas al capitalismo como sus condiciones materiales de existencia. Es más, hoy con la brutal crisis económica ¿Qué ata más al capitalismo? ¿La pobreza? ¿O la [im]-posibilidad de proyectar un nuevo imaginario a partir de la construcción cotidiana de una humanidad anticapitalista? Necesitamos mas hitos y menos tradición. Necesitamos ajustar cuentas con el pasado. Renunciar a ubicar las soluciones en la reedición de lo acontecido, en el mito, como peso muerto de la historia. Para ubicarlo en el acontecer que establece nuevos tiempos y espacios fundantes. Evitando que el acontecer se fosilice convirtiendo la acción en un pasado venerable y nuevamente en mito. Hace falta desplegar la política como sucesivos y múltiples acontecimientos. Huir del conformismo, la resignación y la avaricia de pasión, manteniendo en movimiento los deseos del sujeto.

Si no se instituye nuevos hitos fundadores en los momentos que irrumpe el acontecimiento masivo, las instancias críticas no devienen ruptura antisistémica. Dicho de otro modo, una hora cero que haga tabla raza con el capitalismo.

Si no se produce en los tiempos convulsivos la abolición del capitalismo se termina instalado la resignación. Sin una violenta contrarrevolución, la nueva pasividad no es lo mismo que las viejas derrotas de los '70. Ante nuevas crisis las esperanzas frustradas devendrán en nuevos descontentos. La apatía en impaciencia. La impotencia en potencia. El consenso en antagonía. El sometimiento en autonomía.

No hay que recostarse ni en el triunfalismo en el momento de alza de las movilizaciones, ni en el derrotismo en la baja de la marea insurreccional. Hay que caracterizar la etapa, si no hay derrota, habrá nuevas olas.

Combatir el abatimiento sin insuflar garantías de éxito. El triunfo es un trabajo.

La base material de la existencia es el corazón para entender el comportamiento humano. Pero es sabido que un cuerpo no solo está compuesto por un corazón.

La fantasía de una vuelta al pasado, 91/94 es lo que le permite volver a Menem.

Nada enseña más que la práctica. Nada duele más que la derrota. Nadie aprende en las victorias.

Las previsiones son frutos políticos que se cosechan maduros. Ir por detrás de los acontecimientos es un castigo que se infringen las masas.

No hay revolución sin odio de clase. Sin aborrecer al patrón, al Estado y al imperio. Pero tampoco hay revolución sin fraternidad entre los oprimidos. Sin un ejercicio liberador y placentero de la potencialidad humana. Sin atravesar el enamoramiento, o idealización del semejante, para arribar al amor como vínculo gozoso, contradictorio y exuberante.

La sumisión del desocupado sostiene la disciplina del empleado. Y la subordinación del ocupado resigna al desempleado.

El corazón de los intereses de los sujetos hay que buscarlo en su condición económica. Pero la solo posición de clase no define una práctica antagónica y revolucionaria.

En los días posteriores a la caída de De la Rúa hubo una intuición en la clase obrera fabril: si los ahorristas recuperaban sus dineros se volvían a sus hogares. No se daría la vida por ellos. Porque ellos no estuvieron dispuestos a defenderlos cuando perdieron sus empleos. Es mas, aún hoy no los respaldarían de recuperar sus ahorros.

No hay linealidad en la lucha de clases. Las mismas clases que piden que se vayan todos, pueden tolerar que se queden todos o pedir que se renueven a todos.

Los sujetos que no aspiren a derrotar definitivamente la relación capital-trabajo dan para todo. Optan por los candidatos de moda. Son inconstantes en la construcción de contrapoder. Y aún pueden fluctuar entre fascismo y socialismo.

Cada vez son más que lo único que les queda por perder son solo sus cadenas. Pero el problema es que no son solo materiales, sino imaginarias. Aún confían y quieren el capitalismo.

Los trabajadores están educados, disciplinados y acostumbrados para pensar en términos capitalistas. Sin un nuevo hacer no se deshace lo hecho en sus conciencias.

Aún en plena conquista de los símbolos del poder político y su abolición definitiva habrá millones que miren la insurrección por televisión. Aguardando el resultado de la rebelión y apostando a ganador.

El poder dispuso una batería de discursos y acciones que resultaron suficientes para evitar un cambio radical. Encarnaciones del genérico consenso y coacción del capitalismo como forma hegemónica de dominio.

Aquí recopilamos, por su puesto sin que por esto quede agotado su recuento, un conjunto de prácticas menos visibles que la represión física, pero no por ellos menos efectivas. Intervenciones que defendieron y terminando re-solidificando, por convicción, mezquindad, torpeza y miopía, el capital-parlamentario.

La apuesta por el sistema por parte de las autoridades universitarias. Tanto públicas como privadas. Intelectuales convertidos en casta académica, que con tal de autopreservar sus privilegios terminaron salvaguardando el capitalismo. Muchos de ellos afectos al izquierdismo en tiempos estables. Pero luego del 19 y 20 fueron incapaces y perezosos en profundizar las grietas abiertas. Cuando no cómplices para suturarlas evitando su expansión. Otro ejemplo de miserabilidad fueron los periodistas progresistas. No le fueron en zaga los narcisismos de las pequeñas diferencias de los intelectuales revolucionarios. Tampoco faltó el oportunismo de una dirigencia sindical pseudo alternativa. No fue menor la soberbia de las conducciones partidarias de la izquierda. También jugó su rol la autocomplacencia de los horizontalismos autistas. Al igual que la falta de fraternidad entre los oprimidos. Como asimismo la negligencia en organizar el poder popular constituyente surgido de las diferentes clases subalternas. Todos estos comportamientos resultan enseñanzas dolorosas, pero que necesitamos comprender y aprehender, en este capítulo de la lucha de clases Argentina.

Un ejército de cartoneros. 5 millones de compatriotas con problemas de empleo. 10 millones en la indigencia. 22 millones en la pobreza. Luego de la devaluación reducción a un tercio de los ingresos. En función de estas condiciones objetivas o materiales de existencia (si no hubieran amplias masas de la clase obrera ocupada, desocupada y la variada y paradojal clase media creyendo en el capitalismo) debería haber una revolución. Al no haberla, significa que aún se sigue confiando en el sistema, se cree en el, o se sabe que es un fracaso pero no se lo puede creer. Esto explica desde el querer votar, o el no querer votar pero mantenerse pasivo. Este es un tiempo paradojal. Una espera malsana. Una coyuntura sin ganadores definidos. Una encrucijada entre lo viejo y lo nuevo.

Como en toda reestructuración del capital se está ante un tiempo abierto de la historia. Dan cuenta de este antagonismo irresuelto entre productores y apropiadores las dosis de aterrorizamiento que difuminan la mass media. Creando o simulando nuevas enfermedades. Sobredosificando las noticias relacionadas a la inseguridad. Ocultando y tergiversando las luchas anticapitalistas y proyectando imaginarias catástrofes sociales si no se aceptan los planes de los verdugos. Estos dispositivos sádicos del poder apuntalan el modelado de una subjetividad paranoide, ermitaña y conformista.

La manipulación mediática de la solidaridad ante las catástrofes capitalistas presentadas como naturales o inevitables, busca reencauzar la autonomía de la multitud. Desviando, posibles disrupciones antisistémicas, hacia su instrumentación estatal o hacia los dispositivos filantrópicos capitalistas de la sociedad civil.

El discurso del poder, que busca justificar la represión de los sujetos mas radicales, recrea diferentes usos lingüísticos. Siendo descalificador hacia los insumisos y complaciente hacia los dóciles. Contraponiendo a los piqueteros duros con los dialoguistas, los antagónicos con los cooptables, los autónomos con los heterónomos. Recreando, introyectando y fortaleciendo, de esta manera, la lógica de la paz democrática por sobre la lucha de clases.

La resistencia de los rebeldes, y la imposibilidad de su arrasamiento, son la prueba que estamos en el estadio de las disyuntivas intermedias. Ni derrota de las nuevas subjetividades, ni relegitimación gubernamental consolidada. Ni dualidad de poder efectiva, ni abierta contrarrevolución.

No se puede hacer política actuando exclusivamente sobre la inmediatez.

Hay situaciones que si no se las pre-ve, cuando llegan es demasiado tarde para actuar.

Si bien la necesidad es el disparador de la situación, la multitud permitiéndose lógicas no capitalistas como el asambleísmo y la autogestión; no existe línea recta, devenir mecánico o mera empiria entre la nueva situación, sus necesidades, la voluntad anticapitalista y la organización general de los antagonistas.

El acontecer político puede ser prefigurado. Atravesando los fantasmas del "no se puede-está prohibido" apartarse de lo local y del tiempo presente. Superando, los sujetos, una autoimpuesta ignorancia de perspectivas en aras de no impurificar la situación. Despotenciando la capacidad imaginativa del cerebro colectivo de los productores y depositando su accionar, excluyentemente, en el propio inmediatismo.

Los actores de la escena situacional que no se proyectan, temerosos de repetir los dogmas del pasado, quedan atrapados por los espectros de sus pasadas derrotas. Evitando la exploración de diferentes rumbos y ponderando sus posibles marchas y contramarchas. Recostándose, en cambio, en un nuevo dogmatismo. El dogmatismo situacional. Que no va mas allá en sus prefiguraciones por un obsesivo pánico al error. Autoimponiéndose quedarse a mitad de camino y refugiándose en la urgencia de la propia situación. Refrenados por dudas inmovilizantes que son tomadas por actos virtuosos, en lugar de entenderlas como carencias de la propia situación.

Sin antagonizar al capital los productores no tienen posibilidades de constituirse en clase para sí. ¿Cuánto más deberá descender su condición material para producirse la ruptura objetiva y subjetiva con el capitalismo? ¿Cuán sólido es el imaginario sistémico que habiendo en un momento superado lo SIMBÓLICO (que se vayan todos, no al F.M.I, que no quede ni uno solo) no pudo masivamente demoler lo real? El sistema capitalista (trabajo-mercancía, dinero, estado) LO REAL resulta indesmontable exclusivamente por la crítica simbólica. Necesita poseer un IMAGINARIO anticapitalista que supere la mera situación de confrontación y lo instituya con poderes constituyentes reales. Ante situaciones definitorias no hay caminos intermedios con relación al universo de lo real del trabajo asalariado. O se participa de su lógica o se la rechaza ¡He aquí la contradicción irreductible!

Para el productor EL PRINCIPIO DE REALIDAD responde a su imaginario instituido de la sociedad salarial. Espera ser empleado y cobrar por su empleo. Es un esclavo de su necesidad, imaginaria y real. Posee su fuerza disponible para un patrón, sea estatal o privado. Por lo tanto, la antagonía del amo capitalista y el esclavo salarial deviene insuperable sin abolir el imaginario y lo real del trabajo asalariado.

Unicamente con una masacre, como la producida por última dictadura instaurada en 1976, se provocaría un brutal retroceso en la conciencia. Entendiendo a esta última como una praxis liberadora de las necesidades y los deseos igualitarios. Efectuando un genocidio el laceramiento y la separación del soma y la psiquis, individual y colectivo, que había sido unificado por una subjetividad antisistémica. Reforzando el control y la subordinación de los cuerpos y resolidificando la alienación y el terror de la psiquis. Para terminar reunificando la materia según los designios del capital. Eso es la derrota popular y no otra cosa. Pero aún con los métodos mas despóticos del pasado -y las prácticas antagónicas del presente así lo atestiguan-, ningún exterminio significará una derrota definitiva.

De acontecer la irrupción masiva de las multitudes, al ser nuevamente insatisfechos sus deseos, se producirán nuevas crisis políticas. Pero en este caso los niveles de conciencia, como humus o abono antisistémico, serán superiores a la crisis anterior.

 

10.- Capitalismo

La ley del valor es flexible, pero aún el globo mas elástico se pincha. Cuando la burbuja explota se abre un tiempo de recomposición para la multitud que vive de su trabajo y para los expropiadores de la energía ajena. A continuación: o se reestructura con nuevos parámetros la sociedad capitalista o triunfa la emancipación del yugo salarial.

Tarde o temprano un capitalismo que extingue al obrero fordista, termina extinguiendo a la mayoría de la sociedad capitalista industrial de masas.

No hay sociedad industrial de masas sin obreros-masa y sin burguesía fordista. La actual sociedad es posfordista y por lo tanto instituye como forma hegemónica al obrero-social. Una fuerza asalariada fragmentada y polivalente. Tendencialmente precaria y reducida. Diseminada en toda la sociedad y no solo en la fábrica.

No hay en Argentina, como en el pasado, burguesías nacionales que surgieron en el siglo XIX como consecuencia del enfrentamiento a las naciones colonialistas, a los fines de obtener un lugar en los mercados del planeta. Como toda clase dominante es corrupta, contratista y parasitaria. La fracción dominante de la burguesía industrial Argentina es posfordista y transnacional. Actúa al interior de las fronteras geográficas argentinas pero está subordinada, en la circulación de sus mercancías, a las corporaciones mundiales mas poderosas. Por lo tanto es impotente para disputarle mercados a otras burguesías hegemónicas. Cada clase dominante subsumida en el modo económico imperial somete a cada uno de sus pueblos pero, a su vez, resultan conducidas por las clases imperiales más poderosas del planeta.

El posfordismo, como forma dominante del desarrollo del capitalismo, viene a sustituir a la desfasada matriz fordista. Como antes, esta última, reemplazó a la maquinofactura. Actualmente estamos atravesando la crisis del posfordismo. Se acabó la sociedad de pleno empleo. El capitalismo la sepultó para revolucionarse y continuar con su rumbo de maximisación de la ganancia. Pagará todo los costos que hagan falta, así tenga que condenar a la miseria a la mayoría de sus potenciales productores y consumidores. Repotenciando, de esta manera, en una escala superior la antagonía entre el capital y el trabajo asalariado. Los obreros, comerciantes, artistas, intelectuales y profesionales que desean volver al capitalismo fordista están condenados a vivir con la melancolía de las viejas añoranzas o en la precariedad de las nuevas certezas.

El principal acreedor de los papeles de la deuda externa Argentina son los grandes grupos económicos nativos. Por eso son los más interesados en no romper con el FMI.

La clase capitalista no perecerá sino contra su voluntad. Los patrones no asumirán que le tocó perder sus campos, sus bancos, sus fábricas y su estado.

Las clases sociales no se inmolan.

La multitud no se suicida. Pero para vivir deberá extinguir a la burguesía. Terminar con los empresarios es destruir las relaciones económicas, sociales y políticas actuales. Una clase es la expresión de su antinómica. Sin apropiación privada de la energía humana, extraída del productor y circulada como mercancía, no hay patrones. El antagonismo al trabajo asalariado, la autonomía del hacer y la política asamblearia, todos a la vez, son las prefiguraciones de la desaparición de la expoliación, la desocupación y el estado capital-parlamentario.

La clase dominante no se suicida, pero es capaz de asesinar para continuar como clase dominante.

Los mercados son países. Y los países son sus clases sociales, sus riquezas y sus vidas.

Los países no caen en bancarrota. Quiebran sus instituciones políticas, sus bancos y sus empresas.

Cada vez que se habló del final inexorable del capitalismo, y no triunfó la revolución, aconteció una reestructuración brutal del capital. Sea de forma brusca, sea de forma paulatina.

 

Sin una ruptura paradigmática, mas temprano que tarde, se vuelve a creer en los bancos.

Existe la posibilidad de recrear el capitalismo. Los empresarios argentinos tienen 140.000 millones de dólares en el extranjero. Solo están esperando que las masas se resignen, pidan o consientan una tiranía para reanudar, a gran escala, un nuevo ciclo de acumulación del capital.

Lo más parecido para que la rueda capitalista continúe girando es que los 28.000 millones de dólares, que los argentinos guardan en las cajas de seguridad o en los hogares, salgan a formar parte del giro comercial y financiero. El capital-parlamentario, progresista o conservador, apelará a las ambiciones que tiene la pequeña burguesía de convertirse, con el paso de los años, en una poderosa burguesía.

En una crisis revolucionaria y a las puertas del socialismo, entendiéndolo como capitalismo de estado, resulta más contrarrevolucionario un pequeño burgués que expolia a un par de empleados que un gran capitalista. Ya que este último, de no poder imponer un régimen autoritario que cierre la crisis, aspira, en el peor de los casos, a que la revolución se transforme en un capitalismo de estado que él denominará socialismo. Reciclándose como la nueva clase proveedora y administradora proveniente del cambio. En cambio, para el pequeño burgués, del capitalismo de estado solo puede esperar un puesto de trabajo asalariado.

Los grandes grupos multinacionales y transnacionales argentinos tienen perdida la batalla contra los grandes grupos extranjeros. Más poderosos que ellos, con más ahorro, capital, tecnología y poder de fuego. Resultan abismalmente superados en su lucha por la conquista de mercados ampliados, una región y el universo. Ni que hablar de los empresarios nativos mas débiles. En el mientras tanto, las corporaciones argentinas viven de las migajas que le deja el imperio del G8. Y refrenan, aterrorizan y reprimen la instauración de una sociedad alternativa. Al mismo tiempo que, combaten desesperadamente, pactan y se subordinan para ver cuales de ellas seguirán formando parte de la mega clase dominante universal.

La lucha esencial continúa situada entre la antagonía capital y trabajo. Así se presente como la confrontación por dejar cada vez mas productores sin salario para contener la insubordinación de los empleados.

El hundimiento económico no conlleva necesariamente a la revolución.

Toda colapso económico es una crisis brutal de la teoría del valor. Y todo derrumbe abre las puertas a la revolución social o a la contrarrevolución del capitalismo. Sea una reconversión consentida y por lo tanto pacífica, sea resistida la reestructuración y por lo tanto impuesta violentamente.

Para completar este panorama nos parece pertinente transcribir el comienzo de nuestro trabajo publicado en Indymedia: De la Guerra imperial a la lucha anticapitalista. "Estamos en presencia de la primera crisis universal del posfordismo. La única forma de recomponer mundialmente el capital es por intermedio de la intensificación de la explotación de los asalariados, los descubrimientos de nuevas fuerzas productivas, la conquista de nuevos mercados y la destrucción de las fuerzas productivas de otros países. Sea con guerras o bancarrotas. Si las masas lo permiten, una guerra mundial es la manera más exitosa. Sino, estaremos ante una larga recesión universal, más quiebras, cracs bursátiles y a la espera de la insubordinación de las masas para revertir el cuadro de situación".

"La actual crisis es epocal y mundial. Se acaba una larga onda de acumulación instaurada en los 80 del siglo pasado. Y los cracs financieros son los remedios capitalistas para intentar recomponer el ciclo".

"Es al mismo tiempo, la combinatoria de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, un desarrollo posfordista que torna cada vez más costoso el reemplazo del capital fijo, cada nuevo salto tecnológico provoca un ciclo de ganancias más breve, un reemplazo cada vez más corto de la tecnología, mayor desocupación y una explotación absoluta y relativa más aguda de los asalariados para amortizar las innovaciones y producir mayor plusvalía que resarza la inversión".

"Caso contrario, de no producirse un permanente perfeccionamiento tecnocientífico, siempre habrá otros competidores menos desarrollados que sustituyan sus carencias imponiendo condiciones más inhumanas de expoliación a los trabajadores, para así, de este modo, obtener una mayor tasa de ganancia".

"Los países del G8 están atravesando la crisis global, no ya del fordismo, sino del posfordismo. Una a una, van cayendo las conquistas sociales arrancadas en el territorio del capitalismo, de lo contrario, la mano de obra resulta muy costosa y desciende peligrosamente la tasa de plusvalor".

"Estamos frente, no solo ante una proletarización generalizada, sino ante una sub-proletarización. El límite del capital ya no es la subsistencia del trabajador para que reproduzca su fuerza de trabajo. El límite es la resistencia física pre-fordista".

"El trabajo infantil, las inmigraciones masivas de asalariados que deambulan por el mundo en busca del sustento diario y las maquiladoras resultan los paradigmas de este patrón".

"La Tercermundización ha llegado al primer mundo. Y de las fracciones de la aristocracia de la clase obrera industrial fordista solo quedan despojos, siendo estas reemplazados por la elite laboral posfordista".

"El resultado de la reestructuración en curso, que no puede ser completa de producirse la insubordinación popular, es necesariamente más desempleo, para que la masa de asalariados pueda aceptar condiciones cada vez más paupérrimas".

"Además estamos ante un límite infranqueable: la inelasticidad del mercado ampliado, crisis de sobreproducción y endeudamiento financiero de los estados salariales".

"Los gobiernos de los países más poderosos están dispuestos a recurrir a todos lo medios a su alcance para desplazar a sus competidores. Históricamente, ante situaciones similares, la respuesta capitalista ha sido la destrucción masiva de las fuerzas productivas de sus oponentes. Encarnada en el siglo pasado por las guerras mundiales".

"En el posfordismo el desempleo ha superado la categoría de ejército industrial de reserva y se ha tornado crónico y estructural, desestructurante de las viejas economías fordistas, desarticulante del estado árbitro y deslegitimador de la política representativa".

"Para el capitalismo la historia se vuelve a tornar inestable y el futuro incierto. De los sectores populares dependerá que no se produzca la reestructuración capitalista para que sobreviva el sistema". Fin de la transcripción: De la Guerra imperial a la lucha anticapitalista.

 

11.- Anticapitalismo

La burguesía ha aprendido. Resistirá con todas sus fuerzas un capitalismo de estado, pero ante una crisis revolucionaria y produciéndose su temporal derrota tolerará la economía planificada y usurpará el lugar de la multitud. Ella como clase re-tornará en la nueva clase de los burócratas. Hará lo que sea, cualquier estado es preferible a ninguno. Ya que todo estado (el capitalista o el socialista) es una forma de sometimiento contra los productores. Todo antes que permitir un mundo pos-estatal, constituyente y autogestionario que la sepulte como clase.

No confundir propiedad privada, con bienes de uso, consumo y pertenencias personales. Debemos ser lo más claros posibles para diferenciar estos conceptos. El temor a la pérdida de estos bienes, a manos de una revolución, es uno de los puntos que más aterroriza a las capas medias asalariadas y autoexplotadas. Una revolución social no va a expropiar la casa, el auto o los ahorros. En todo caso, de esto último, se ocupa el capitalismo. Mientras que, en todo momento, las clases asalariadas poniendo sus capacidades al servicio de la moneda se transforman en esclavos de su recurrente escasez. Sin antagonía y autonomía del capital, generación tras generación, el sistema a cambio de pertenecer a la matrix le termina succionando, ni mas ni menos, que toda su vida.

Entendemos por anticapitalismo un cambio radical de la condición humana. En lo político: reapropiándose los trabajadores, en sus asambleas y comunas, del poder hacer y la auto-administración de lo hecho. Sin necesidad de la gestión del hacer y lo hecho, que ejerce sobre los productores y consumidores, el capital-parlamentario. En lo social: la instauración de una economía en común-unión. Que tome cuerpo autónomo y cooperante el cerebro colectivo, el intelecto general de la multitud del trabajo cognitivo. Vinculando, en una primera instancia, el trabajo manual y material con el intelectual e inmaterial. Pero que superará esta división productiva al abolir el capital y el salario. Transformando la actual subordinación del trabajo al capital, o subsunción real, en la automatización de la economía. De la que hoy mismo podría gozar la sociedad si no existieran los patrones, la moneda y el estado. Emancipando a los productores del reino de la necesidad y posibilitando, desde las nuevas condiciones objetivas y subjetivas, el efectivo ejercicio de la vocación libremente elegida. Y en los deseos: el valor afecto y la fraternidad. De cada uno, según las necesidades de cada todo. A de cada todo, según los deseos de cada cual.

El anticapitalismo resulta practicable, siempre y cuando, persona y comunidad trabajen por la superación de lo peor de la naturaleza humana. La singularidad antes que el individualismo; la multiplicidad opuesta a la masificación; la satisfacción de las necesidades genéricas de la especie, en lugar de la codicia y los privilegios personales. La administración en común de los asuntos generales, en reemplazo del afán de sometimiento de unos hombres sobre otros.

Las dualidades antagónicas apropiador-expropiado, capital-trabajo, dominante-dominado, conforman los lazos que caracterizan al capitalismo y que solo quedarán definitivamente abolidos de triunfar una nueva sociedad. Esta relación objetiva y subjetiva constituye su lógica primaria. Para desmontarla y vencer la multitud productora ya ha dado comienzo, desde su prefiguración y su praxis, a nuevos vínculos afectivos, económicos y políticos. Necesitando sobrepasar las prácticas insulares de autonomía popular expandiendo permanentemente el área autónoma del capital. Organizando una red de redes de producción y distribución económica a los fines de poder universalizar su antagonismo político.

En ningún caso, antes y durante la generalización de una economía autogestiva, del común o cooperante será un pasaje evolutivo, apacible y cómodamente tolerado por el poder.

De presentarse una conmoción popular masiva, que surja o se vincule con el paulatino crecimiento del movimiento anticapitalista, se producirá la grave inestabilidad de la sociedad posfordista. Y entonces veremos: la criminalización generalizada del conflicto social, la plena instauración de las prácticas de un estado policial y el aplastamiento del movimiento, producto de haber sobrevenido la multitud en contrapoder político efectivo. O, en cambio, el triunfo de los productores sobre el estado, la expoliación y el desempleo.

La sociedad puede moverse fracturada. Con tres claros sectores de los que solo tienen para vender su fuerza de trabajo. Un tercio que compone la sociedad capitalista dominante de tipo pos-fordista con empleos cada vez menos estables y polivalentes, sean estos mejor o peor retribuidos. Un tercio desocupada sobreviviendo con empleos esporádicos y planes trabajar, contenida en su descontento con una combinación de políticas sociales y represivas. Este tercio vivirá conflictuado entre la materialidad y el imaginario capitalista de la sociedad dominante, y el imaginario anticapitalista que se proyecta desde una nueva materialidad de la sociedad comunal. El último tercio está integrado por una sociedad híbrida que asume, por resignación o convicción, que no volverá a integrar la sociedad capitalista dominante posfordista. Una porción de este último tercio recrea nuevas formas de expoliación y autoexplotación. Que van del cirujeo a la reapropiación fabril de las nuevas cooperativas obreras. Esta últimas, aunque no tengan patrones en sus establecimientos, están a mitad de camino entre el capitalismo y el anticapitalismo. Fluctúan por reingresar de manera tercerizada al circuito del capital, siendo dominadas por el capital-parlamentario como comando del conjunto del mercado. O, de lo contrario, alumbrar los embriones de una red de redes formada, más allá de los obreros autogestivos, por asambleístas y piqueteros. Funcionando, estos tres sectores, de manera conjunta y con criterios anticapitalistas. Finalmente, también encontramos en el último tercio, a los antagonistas asamblearios y desocupados por el capital. Protagonizando formas cooperantes, autónomas y autovalorativas de supervivencia. Donde late más claramente un proyecto antisalarial y por lo tanto anticapitalista. Y que, mientras amplía sus aliados sociales y su economía comunal, será permanente seducida, atosigada y reprimida por el capital-parlamentario.

Este tipo de sociedad puede funcionar, en un equilibrio inestable, siempre que los dos tercios que no pertenecen a la sociedad hegemónica no se articulen con prácticas antisalariales a los productores posfordistas. Caso contrario, el sistema desmembrará con demagogia y coacción a los rebeldes. Evitando una crisis política mayúscula del posfordismo, ante el peligro de que la fuerza laboral que lo sostiene emprenda el éxodo del capital y se integre a los dos tercios restantes. Es por ello que no hay exilio autoimpuesto que evite la confrontación para terminar con la sociedad capitalista dominante. Los emprendimientos autónomos del capital son un ejemplo que el poder no puede permitir que se desarrollen y generalicen. Por lo tanto, aunque se evite el enfrentamiento, el capital vendrá por los insumisos para subordinarlos.

Antagonizar al capital-parlamentario.

Generalizar y organizar la utonomía.

Fraternidad de los oprimidos.

 

Colectivo Nuevo Proyecto Histórico (NPH)

17 de julio de 2003

 

 

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