Hace un año las grandes manifestaciones de Génova contra la cumbre del G8 fueron un shock que despertó a Italia. Unos meses antes la izquierda había sido barrida del poder y Silvio Berlusconi parecía pensar que su enorme mayoría electoral le daba carta blanca para hacer a su gusto. Génova trastornó sus planes. El movimiento antiglobalización volvió a la carga y movilizó a un gran número de gente. Nuevas formas de lucha están ahora empezando a surgir, y una clase obrera al ataque sobre diversos frentes no ha mostrado signos de decrecer. Paradójicamente, al sacar a la gente a las calles la victoria de la derecha ha levantado esperanzas sobre la posibilidad de refundar la izquierda y reconstruir la República.
Después de la victoria de Silvio Berlusconi en las elecciones italianas de Mayo de 2001 era obvio para los observadores de la escena política que la izquierda había sido totalmente derrotada. No solo había perdido asientos, también había perdido confianza. El ascenso de la socialdemocracia había alcanzado su límite, y el giro reformista del ex grande y glorioso Partido Comunista de Italia (PCI) se basaba en la derrota histórica. Los diversos componentes del centroizquierda pugnaban entre ellos bajo la intensa e irónica mirada del vencedor.
Entonces vino Génova y los sucesos de Julio de 2001. Esgrimiendo espadas de plástico y escudos de cartón el movimiento antiglobalización se puso a escalar la cumbre del G8. Este era un nuevo encuentro de fuerzas políticas y sociales.
Políticamente se reunió gente desde el movimiento autónomo de extrema izquierda ("tute bianche", llamados así porque visten monos blancos en las manifestaciones) a grupos católicos con experiencias de trabajo en la comunidad. Estos componentes -cada cual presente en gran número y con una historia de actividad militante a sus espaldas- trajeron en su agitación a una tribu múltiple de manifestantes.
En términos sociales la multitud1 representada en Génova era la primera representación plena del nuevo estrato de trabajadores precarios en el trabajo "social" producido por la revolución del postfordismo. Cuando por primera vez salieron a las calles no eran totalmente conscientes de su poder, pero sabían que no tenían ninguna obligación con el gobierno de la derecha -e incluso menos con esta centroizquierda que había sido derrotada porque había contribuido a romper la resistencia de la clase obrera frente al neoliberalismo (así como también participando estúpidamente en la creación de nuevos proletarios). Ellos eran también conscientes que una nueva pobreza había sido creada -precisamente dentro del área de trabajo intelectual e inmaterial, un área clave donde señales de emancipación habían comenzado a surgir. |