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Última Actualización: 25/02/08
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Titulo:
LA RED DE REDES - Una red material, política y social anticapitalista
Autor:
Colectivo NPH
Fecha de Publicación:
 
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LA RED DE REDES
Una red material, política y social anticapitalista
(Parte del trabajo "La autonomía: aquí y ahora")


En la entrega, La autonomía: aquí y ahora, que fuera publicado en Indymedia, se puede leer:

1.- La autonomía como resistencia desplegada.
2.- La autonomía como autovalorización.
3.- La autonomía como contrapoder.
4.- La autonomía como red cooperante


Pero no se intenta, solamente, una red unida por integrantes que tengan las mismas identidades. Asambleas meramente vinculadas con otras asambleas. MTD's exclusivamente relacionados entre ellos. Fábricas recuperadas únicamente coordinadas con otros establecimientos similares.
Imaginamos complementariamente, una red de redes, mixturada en su composición social y en los lazos transversales que genera. Obreros autogestivos, piqueteros revolucionarios y asambleístas anticapitalistas reconociéndose como sujetos de una multitud cooperante, que permanentemente intenta fracturar el capital. Es por esto, compañeros, que la consideramos no exclusivamente una red, lo que no sería poco, sino una red de redes.
Pero para arribar a una red de redes, forzar los tiempos no ayuda. Nadie se libera si no se quiere liberar. La experiencia colectiva es la mejor escuela. Y el movimiento hace y piensa, piensa haciendo y hace pensando.


4.- La autonomía como red cooperante
El asambleísmo, la autogestión cooperante, el valor de uso por sobre la compraventa y el poder constituyente que de ellos se desprende, funda, el autogobierno de la multitud.

Los millones de trabajadores, ocupados y desocupados, son portadores del más valioso atributo para cimentar una civilización liberada socialmente: sus capacidades y deseos para transformar la naturaleza y la sociedad.

Si estas potencias humanas quedan atrapadas por el mercado devienen mercancía, trabajo asalariado, compraventa o valor de cambio y capital.
Si estas fuerzas se liberan devienen valor de uso, fin del mercado, y por lo tanto, fin de la inherente y consuetudinaria desigualdad social.

De esta forma, los trabajadores, recuperan al trabajo como potencia del poder hacer, cooperación y patrimonio social.

Los millones de asalariados, o desocupados de clase media, poseen sus propios conocimientos. Cultura que resulta utilizada por la lógica del mercado para segmentarlos socialmente transformándolos en funcionales a los intereses del capital.

En el capitalismo, fordista o de pleno empleo, su idoneidad les garantizaba los puestos de control de la producción y la circulación mercantil, actuando como instrumentos del comando del capital, a costa de traicionar los intereses de la clase obrera. Una mejor paga, mayor bienestar y el ascenso social, garantizaba su defensa política del orden capitalista. Que en momentos de crisis extremas podía neutralizarlos o aún hacerlos parte del consenso, activo o pasivo, de una estrategia represiva como la de marzo del '76.

En la actualidad, estos asalariados, están recorridos por una crisis material que repercute en su conciencia política. Los hay esperanzados en un imposible retorno del estado del bienestar, los hay libremercadistas a ultranza, pero también los hay, en una dimensión como nunca aconteció en el país, anticapitalistas.

Estos asalariados poseen atributos indespreciables para desarrollar una sociabilidad que podrá desplegar toda su riqueza material, afectiva y educativa y de la que podría gozar, desde hoy mismo, toda una humanidad basada en otros criterios que no sean el lucro, el dinero y la compraventa. Excelentes médicas y enfermeros; artistas y psicólogos; maestros y arquitectas. Otros profesionales, formados para mediar con los litigios provenientes de la propiedad privada y la punición, como los abogados, necesitan re-aprender nuevos saberes si desean ser útiles a la nueva sociedad donde se instaure la propiedad en común y el valor de uso.

Creadores de todo tipo de objetos de confort. Investigadores de la biotecnología y diseñadores de los medios de producción y herramientas de las modernas fuerzas productivas, como la robótica, la informática y la nanotecnología, constatan, inaplicables sus conocimientos al ser expulsados, por el posfordismo, de un puesto salarial.

La "clase media" no es homogénea. La más castigada resulta la asalariada. Pero también otros integrantes, de la heterogénea y otrora multitudinaria clase media fordista, tienen puesta en tela de juicio, en el actual capitalismo, su condición de clase.

Productores agrarios que venden por migajas sus mercancías. Tamberos que tienen perdida su batalla contra las empresas oligopólicas de la industria láctea. Comerciantes que desarrollan su actividad sobre la base del trabajo familiar, asfixiados por el alquiler, los impuestos y la competencia con las grandes cadenas de distribución. Dentistas, oftalmólogos y contadores cuentapropistas con trabajos precarios, pagas miserables, sin derechos sociales y extenuantes jornadas. Miles de estudiantes de las familias de la "clase media" que no tendrán más reconocimiento social que un diploma inexplotable, o aspirando, en el mejor de los casos para huir de la desocupación, a los puestos que en el fordismo pertenecieron a la clase obrera. De lo contrario, emigrarán vendiendo su fuerza de trabajo en el extranjero.

Por su puesto que el sistema capitalista deja fisuras para la sobre-vida de la clase media. El estudiante crónico. El sub-empleo. Las pequeñas y poco rentables explotaciones mercantiles. El trabajo cuentapropista intermitente. Si esto no fuera así, no habría 70.000 cartoneros, sino millones. O, en todo caso, serían parte de una insurrección que frene su descenso social al infierno de la indigencia.

Pero compañeros, retomemos el concepto de red.
Puestos a producir y distribuir con criterios comunales no faltaría trabajo. Es más, todos y cada uno gozaría, desde hoy mismo, de la posibilidad de desplegar su creatividad y potencia. La red cooperante garantizaría a sus integrantes un piso de bienes y servicios que no otorga el capitalismo, o que, en todo caso, los torna cada vez más impagables.

Si esta red de redes se transforma en la forma de sociabilidad contrahegemónica, unificando autoorganización asamblearia con anticapitalismo, llegará el momento de confrontar definitivamente con el mundo del capital. Antes de esto y, si las masas no irrumpen en escena cambiando el rumbo de la historia, hay que resistir desarrollando nuevas iniciativas, o lo que es igual, ampliando la resistencia con una poderosa red que debe ser y, a un mismo tiempo: económica, política y afectiva. Es a esto, a lo que denominamos gérmenes de un poder constituyente biopolítico afectivo, anti-poderes creados por lazos fraternales. El descubrirse y reconocerse mutuamente en las diferentes experiencias antisistémicas: fábricas reapropiadas, MTD's y asambleas. La rebeldía que reclama por la dignidad humana, permanentemente puesta en discusión por el capital y la potencia del hacer y hacer-[se] de los insumisos.

De lo contrario, con una ofensiva violenta pero minoritaria, que intente sustituir los tiempos de las mayorías para incorporarse a esta red hacedora de nuevas relaciones afectivas, sociales, económicas y políticas. O, que elige, otras formas y organismos para terminar con el capital-parlamentario, se expondría al movimiento a su debilitamiento o aniquilamiento.
Pero la red cooperante no podrá elegir, de manera permanente, los tiempos de la confrontación. La experiencia del 26 de junio de 2002 en el puente Pueyrredón, entre otras, así lo atestiguan. El capital no dejará desenvolverse alegremente este movimiento. Es por ello que resulta indispensable crecer, en el día a día, para afianzar los nuevos proyectos.

El movimiento, mientras resulte minoritario, elige no confrontar aquí y ahora, a todo o nada, contra el poder. De constituirse en mayoritario ya no será solo el movimiento el que elija los tiempos, o en todo caso, no será el movimiento actual, sino otro cuyo poder, confianza y madurez habrá templado sus fuerzas gracias a una tipo de sociabilidad que abolió en su interior el trabajo asalariado, la compraventa y el dinero. Y que está en condiciones de poder acometer con los últimos embates para desterrar a la prehistoria humana la economía, el estado y la sociedad capitalista.

Una variedad de desafíos y límites materiales acosan a toda práctica autonomista que no se amplíe permanentemente.
Una sociabilidad que supere el capitalismo precisa, en armonía con el equilibrio ecológico, de suficientes recursos naturales y energéticos para abastecer las crecientes demandas insatisfechas de las mayorías que fueron cercenadas por siglos de explotación del capital.

El autonomismo es consiente de que solo de manera provisoria y temporaria puede abastecerse, de alguno de los insumos que precisa, recurriendo al valor de cambio o la compraventa. Para este fin los planes asistenciales del estado o, el excedente, o plusvalor no acumulado por las fábricas reapropiadas pueden ser utilizados. Con los riesgos que entraña, no poder superar definitivamente, una sociabilidad fetichizada y simbolizada por el mediador universal de las relaciones humanas capitalistas: el dinero. El desafío, de la red de redes, se compone por la tensión que provoca la mixtura, por un lado, entre un circuito donde se quiere instituir el valor de uso colectivo y superar el trabajo asalariado y, por el otro, el dinero necesario para proveerse de los medios productivos de los que se carece.

Por el momento, los insumos resultarán difícilmente expropiables sin una red que posea un respaldo humano multitudinario.
Pero cuando el apoyo o la actuación en la red de redes se torne masivo y contrahegemónico, ya no estaremos ante el desafío de proveerla de energía, insumos y medios productivos expropiados al capital. Sino que, el movimiento tendrá que preocuparse en dar la disputa final contra lo que reste del orden capital-parlamentario y devenir, de contrapoder o antipoder, en la constitución autogobernada de toda la nación.

Para garantizar el porvenir de toda experiencia nacional sustentada en el fin del trabajo asalariado, el estado y el dinero, se precisa actuar del mismo modo que se apela para ampliar las redes locales. Expandiendo la resistencia y no siendo autocomplaciente con los logros. Que por más importantes e impresionantes que resulten, serán siempre precarios, de no provocarse la constante expansión planetaria de una subjetividad y sociabilidad antisistémica.

El único reaseguro de la humanidad para no ver frustrado sus prácticas de autogestión generalizada, sobre la base de la propiedad social y el autogobierno, es que estas formas de ser, hacer-[se] y existir, penetren en cada poro social planetario.

Impidiendo la permanente recreación de la era humana prehistórica, sostenida por el trabajo asalariado y la desocupación, la destrucción de la naturaleza y el genocidio.

Pero el desafío es, aquí y ahora. Desde la contra-vida de los insumisos. Resistiendo la colonización de cada partícula de la naturaleza y cada relación social y personal, que busca satisfacer las necesidades de ganancia de un capital parasitario, a costa, de todas las potencias, libertades y deseos de la humanidad.

Resistencia sí. Pero resistencias con iniciativas. Que serán acosados para socavar su desarrollo y, por lo tanto, deberán expandirse para no perecer trituradas por la lógica mercantil, estatal y dineraria.

Resistencia sí. Pero móviles y no estáticas.

Resistencia sí. Pero que se defienden atacando. De la defensa de lo conquistado surge la necesidad del permanente redespliegue, ampliación y cooperación del movimiento.

Por un tiempo se podrá reconectar el servicio de agua a las unidades productivas recuperadas. Lo mismo que el gas, la luz o el teléfono. Esta potestad, de reapropiarse de lo que el capital necesita como mercancías y propiedad, dependerá del poder social y del volumen de alianzas políticas y económicas que haya logrado el movimiento. Para toda experiencia antagonista, autónoma y fraternal; los ataques y cooptaciones del poder serán una práctica ineludible hasta que, este último, sea derrotado. Mientras la red se expande los contraataques del capital-parlamentario dependerán de la anuencia o rechazo, que le otorgue la sociedad, a las nuevas subjetividades. Marcando, de esta forma, la fortaleza o la debilidad del movimiento.
Actualmente se está defendiendo con mucha fatiga lo conquistado. Empresas reapropiadas, MTD's y asambleas, constatan esta dificultad y necesitan, para su mutua subsistencia y desarrollo, unos de otros.

En la resistencia expandida, de la red de redes, necesitan incorporar algunos proveedores de materias primas, que integren sus bienes como bienes de uso, o lo que es lo mismo, sin el intercambio dinerario y solo a cambio del disfrute de lo producido por el conjunto de esta forma de sociabilidad alternativa y paradojal. (Acerca de las sociedades paradojales, hay un aporte publicado en la página de NPH titulado: "La sociedad emergente de la primera crisis del posfordismo argentino").

Algunos abastecedores de insumos, tecnología y distribución podrían ser las reservas indígenas como proveedores de ciertas materias primas; las huertas y plantaciones comunitarias; las fábricas poseedoras de medios productivos y, como acopiadores de productos, los galpones o locales reapropiados por las asambleas. La apropiación por parte de sus trabajadores de una pequeña flota de camiones o colectivos, de las tantas cooperativas de transporte en bancarrota, integrando la red, en su carácter de circuladores de la producción al interior de esta economía autonomizada y autovalorada. Las fronteras entre abastecedores, productores y distribuidores no serán rígidas. Hay que evitar recrear una nueva división del trabajo. Puesta en movimiento la red, la sinergia que ella genera, mostrará los límites de lo iniciado, los cambios que haga falta realizar y los desafíos, cada vez mas ambiciosos, que esta criatura constituyente quiera emprender.

En la faz distributiva, se podrá contar con los comerciantes quebrados o al borde de la proletarización. Comerciantes que deben sentir el compromiso, y la disposición, de ser partes de una sociabilidad que los tiene como facilitadores en la distribución de los productos, y no, como intermediarios sobre la base de su compra y venta. Estos comerciantes actuarán en la red como bocas de suministro en cada barrio. Y tendrán derecho como el conjunto de la red: proveedores de insumos, productores directos de bienes y servicios y transportistas nacionales; a una parte de los medios de consumo, originados por la sabiduría del trabajo cooperante antisalarial y antimonetario, que produzca la red autónoma y anticapitalista en curso.

Los saberes profesionales a los que arribó la humanidad y, que son tomados en cuenta por el poder a los fines de valorizar el capital, serán usufructuados, por primera vez, por el conjunto de esta comunidad anticapitalista en marcha. Su idoneidad estará puesta al servicio de lo que el conjunto de la red decida. Ni trabajo forzoso, ni individualismo darwiniano. La singularidad de cada persona al servicio de la multitud y, la multitud, al servicio de cada individuo.

Todos haciendo y pensando lo que hacen, para qué lo hacen y para quién lo hacen. Suplantando el divorcio entre productores y consumidores. Extinguiendo las relaciones sociales capitalistas que tiene en los patrones; que se apropian, circulan y acumulan la producción; los dueños del capital, creado a costa de los hacedores de la riqueza social.

Una red de redes, como inicio del fin de las necesidades insatisfechas, y principio de la libertad creadora del trabajo. En la red todos usufructúan todo. Agricultores y confeccionistas; médicos y albañiles; maestros y artistas, ingenieros en sistemas y talabarteros; mecánicos y contadores. La comunidad gozando de lo producido, por todos y para todos. La cooperación por sobre el individualismo. El patrimonio social por sobre la propiedad privada. El valor de uso contra el valor de cambio. El autogobierno asambleario autogestivo, en lugar del estado capital-parlamentario. Alimentos, vestimenta, salud, vivienda, educación y recreación, como patrimonio de una humanidad liberada del mercado, del dinero y del salario.

En la red de redes el trabajo, por vez primera, no estará dividido en parcelas inconexas. El obrero fabril por un lado, los campesinos, los educadores y sanitaristas por el otro. La educación y la salud, no serán como en el capitalismo, asistencias que complementan el sometimiento y la subsistencia. No serán funciones para educar en términos mercantiles a la fuerza asalariada y para perpetuar las fantasías incluyentes de los desocupados. En fin, no serán servicios para el capitalismo; sino trabajo para la red.

La educación constituirá una actividad que interrelaciona los saberes productivos, la recreación y los valores afectivos fraternales de un nuevo hombre. La salud no tendrá, como fin prioritario, recuperar de la fatiga del trabajo asalariado o de la deshumanización del trabajador desocupado.

Cuando esta forma de sociabilidad sea la manera en que se autorealice toda la sociedad, la salud, conformará el pasaporte para gozar en las mejores condiciones biológicas y psicológicas del tiempo emancipado y el ocio creativo que se expandirá de manera paulatina, a medida que la necesidad de trabajar para vivir, se constituya solo en un mínimo necesario para sostener a la multitud cooperante. La red se reapropia de todos los avances científicos que fueran creados, hasta el presente, por el cerebro, la sensibilidad y las manos de los trabajadores. Y que fueron puestos al servicio de la ganancia del capital en contra de los propios asalariados, provocando, de este modo, la intensificación de su expoliación o su desempleo. Todo lo que en más se quiera trabajar, a medida que se aspire a desarrollar nuevas fuerzas productivas, servirá para ir aumentando los niveles de confort y automatización de la producción. Nuevas tecnologías ecológicas y desjerarquizantes, que superarán el contenido opresivo y lucrativo que tiene actualmente la técnica.

Los intelectuales y artistas, recibirán de esta nueva sociabilidad, los medios de consumo y el uso de los espacios colectivos recuperados por fábricas, asambleas y MTD's en función de las horas de trabajo que le otorguen a la red para su desarrollo.

El ordenador colectivo de la red será el trabajo antisalarial. La abolición de la compraventa de saberes, cosas y servicios. La dignidad de una sociabilidad que no explota trabajo humano, no paga por producir, sino que devuelve, en medios de uso y consumo, en la misma proporción en que se brindó el trabajador al conjunto de la red.

Los comerciantes que integren la red dejarán de ser tales. Su trabajo será el de distribuidores en sus locales o los que establezca la red. El comercio, como actividad de compraventa de mercancías y, por lo tanto, intermediario de una parte del plusvalor, o trabajo asalariado no pagado contenidos en las cosas, quedará abolido.

El transporte de la producción no será un servicio que agrega un sobreprecio, o lo que es lo mismo, que extrae una cuota de plusvalor, como los comerciantes, de lo producido por los asalariados. No es que los productos se venderán mas barato. No es que se terminará con la especulación o el sobreprecio. Simplemente no se venderán, y por lo tanto, no tendrán precios.

Producción, transporte y distribución no estarán disociados. Todas las actividades forman parte de un trabajo colectivo que realiza la red. Y en la cual, ninguna actividad resultará más relevante que la otra.

El trabajo es de todos. No hay una parte esencial y abnegada, el trabajo obrero, y otras actividades que resulten secundarias y privilegiadas. Todos han puesto de sí para abolir el salario y el dinero. Y todos recibirán a cambio los bienes de uso que precisen. Todos colaboran para fundar y edificar una red de redes. Es por ello, que el trabajo cooperante constituirá, la fuente de riqueza de la red.

Lo producido por la red no podrá ser intercambiado con criterios comerciales. No hay un trabajo superior al otro. Sin todos sus integrantes, ninguno de ellos, puede gozar de todo lo producido. Fin del trabajo como mercancía. Fin de la paga por las capacidades puestas en acción. Reinado de los bienes de uso colectivo, inacumulable por ninguna clase, profesión o persona. Cada integrante de la red recibirá una parte de los medios de consumo que produjo la red de redes.

La hibridación y paradoja, que establece la actual sociedad capitalista, entre expoliadores y excluidos del salario y; aquellos incluidos en el lazo salarial del capital, con un trabajo en el estado o en las empresas privadas, nos pone ante la dificultad de que muchos de los potenciales integrantes de la red quieran conservar su actual trabajo por un salario. Este no resulta un impedimento para integrar la red de redes. Si bien el tiempo físico disponible, de los que no quieren perder su salario, se transforma en una limitación. Aquellos que quieran abandonar su trabajo por una paga serán bienvenidos. Pero aquellos otros que no, también podrán integrarla.

La incorporación, a la red de redes, estará disponible para todos los que acepten sus criterios sustantivos. Bienes de uso en vez de compraventa. Abolición del capital, o lo que es lo mismo, del trabajo por un salario. Fin del dinero.

Nadie está obligado a integrar la red. Ninguno de sus actores será forzado a cumplir más horas de labor que las que quiera realizar. Pero de igual forma, mientras que el anticapitalismo no sea la forma dominante en toda la sociedad, cada uno de sus integrantes, recibirá para su consumo, una cantidad de bienes en función al tiempo de trabajo que le dedicó a la red.

La jornada laboral no será un esfuerzo individual. Sin el funcionamiento de la red, en su conjunto, el trabajo personal pierde su sentido. Del mismo modo que, sin el trabajo de cada persona, no hay red. Por más que cada persona realice su actividad el trabajo es comunitario. Porque comunitaria resulta la producción final que se obtiene. Riqueza social, a la que tendrán derecho, todos sus participantes. Puesta la red de redes en marcha cada integrante que avale esta propuesta recibirá, proporcionalmente al tiempo entregado a la red, los bienes de consumo provenientes de todos los productos que la red creó y, de los cuales, cada integrante aportó su cuota parte de trabajo.

Reiteramos, nadie será forzado a trabajar para la red. Pero si lo hace recibirá, en mas o en menos, los bienes de uso que aportó a producir. Se trabaja con la red y en la red. Para sí y para todos. No habrá un criterio de cada cual, según su capacidad; a de cada cual, según sus necesidades. Ya que, no son las mismas necesidades las de una persona, sea cual fuera su capacidad; que la de una familia con media docena de hijos menores, sea cual fuera las habilidades, o tipo de trabajo, que desarrollen los adultos de la familia numerosa.

No se apela a la llegada del reino de las necesidades satisfechas, como paso posterior, a las capacidades compensadas con criterios valorativos prestigistas de la sociedad capitalista. Todo trabajo es valioso. Y ninguno de los integrantes de la red de redes puede alegar poseer un conocimiento, capacidad o trabajo, superior al resto; exigiendo, por esa razón, una mejor proporción de bienes de uso y consumo.

No importa cual es el trabajo desarrollado. Se tiene derecho a todos los bienes que produce la red. Siendo la única forma de medir, de lo que se obtiene a cambio, por las necesidades de cada familia y el tiempo de trabajo que le brindó cada integrante a la red.

De progresar, y constituirse esta forma de sociabilidad en la sociedad dominante y, por lo tanto, habiendo sido vencido el capital; los oficios, las profesiones y las artes como las hemos conocido hasta hoy desaparecerán.

Cada sujeto, singularidad de múltiples potencialidades, decidirá cómo y en qué consumir su tiempo. Abolido el trabajo asalariado, lo que surja en su lugar, será tan diferente a lo que hoy conocemos por trabajo-funsión, que será difícil seguir entendiéndolo como trabajo.

Suprimiendo al capitalismo se pondrá fin a los límites entre capacidades y necesidades. La libertad será un ejercicio social pleno. Las necesidades económicas pasarán a la historia y, arribaremos, al despliegue de nuevos deseos individuales y colectivos. De cada uno, según las necesidades de cada todo. A de cada todo, según los deseos de cada cual.

Indudablemente el porvenir de esta red no será observado pasivamente por el poder. Pero tampoco lo fueron las asambleas, que aún hoy, con sus limitaciones se desarrollan, las fábricas reapropiadas y los piqueteros que no negocian su dignidad.

De igual manera, tampoco el asalariado social posfordista, que se desenvuelve en la economía de los servicios y el trabajo inmaterial y cognitivo, como los empleados de las empresas de los servicios públicos, los bancarios y, la moderna clase obrera de la producción industrial y el comercio masivo, se mantendrá incólume a este cambio. ¿Para qué trabajar precaria y polivalentemente, por un sueldo más o menos miserable, si la autovalorización del trabajo cooperante puede otorgarles terminar con la incertidumbre de la desocupación permanente y el descenso a la pobreza, edificando, aquí y ahora, una sociabilidad donde el recupero de su libertad creadora lo despoje de la angustia por la subsistencia?

Este nuevo entrelazamiento de prácticas y visiones mixturadas por diferentes actores sociales, encontrará sus propios límites. Y ante ellos, hallará, la mejor manera de superarlos. Porque en todo momento paradojal, la consigna resulta, no competir unos con otros, ni traicionar el proyecto recayendo en la economía salarial, la compraventa y el dinero. La red autonomista precisa, desea y puede conquistar todos los bienes que ha creado el trabajador. La última tecnología y el tiempo liberado de la producción automatizada. Para esto, deberá madurar en la práctica. Complejizar sus apetencias y reclamar para sí, y para todos, el patrimonio de los bienes y conocimientos que le fueron expropiados por el capital.

Compañeros, no albergamos ninguna esperanza en una red que se autoexcluya en la disputa global anticapitalista. Ni que estime que el sistema de opresión se caerá, como resultado que todo lo que pierde el capitalismo, lo gana el autonomismo. Cambiar la historia resulta una acción consiente y audaz. Ninguna ciudadela autonomizada funcionará y se expandirá, de manera permanente, especulando con la desintegración del capitalismo. Sino que, por el momento, ampliando su composición social, la red resiste.

Estableciendo fisuras, que se extenderán en profundidad, sobre la base de los nuevos valores surgidos desde otra materialidad social y, se expandirán, por el ejemplo de una subjetividad liberada.

MTD's, asambleas barriales y fábricas reapropiadas. Piqueteros, clase media asalariada, obreros clasistas ocupados y desocupados; profesionales, artistas y, cuanta fracción social de la vieja sociedad fordista, como los comerciantes, estableciendo fisuras en expansión al orden capital-parlamentario. Rompiendo, de esta forma, con el intercambio dinerario, el capital y el trabajo asalariado.

Pero permaneciendo alerta los participantes de la red de redes ante el peligro del desmembramiento. Ya sea por cooptación o represión por parte de la que resulta, todavía, la sociedad dominante del capital. El desmembramiento es una estrategia de poder. Como se intenta con las fábricas recuperadas transformándolas en cooperativas satelitales del capital. Este cooperativismo, vuelve al circuito capitalista, subordinando a los obreros reapropiadores.
Mientras que, en el caso de la red de redes, el desgarramiento operaría para provocar su muerte por aislamiento. Separando a los diferentes actores sociales que la integran. Obligándola a girar sobre sí misma y atrincherarse en la mera resistencia, o lo que es lo mismo, una nueva forma de exclusión, pero en este caso, autoimpuesta por los restos sobrevivientes de la red.

La red para no fagocitarse a sí misma, y para no terminar siendo una forma de socialización de la pobreza, entiende que, mientras no se extirpe la riqueza en manos de unos pocos, estará en peligro de perecer. El único autoexilio acotado, igualmente acosado, pero en última instancia permitido por el capital, es aquel que resulte neutralizado por el sistema. La red autónoma que se proponga subsistir, resistir y por lo tanto expandirse, conformando una forma de sociabilidad alternativa para el conjunto de la sociedad, no resultará inofensiva para el capitalismo. Y, es por esta razón, que no podrá ampararse, permanentemente, en el éxodo autoimpuesto. Porque compañeros, recordemos una vez más, en el capitalismo no hay lugar seguro para nadie.

Por lo tanto, ninguna de estas conquistas nos exime de la necesidad de extinguir los mayores exponentes del actual orden político: el latifundio, el sistema financiero y las grandes empresas. Tampoco nos libera de la necesidad de abolir toda parcela, pequeña banca y unidad productiva capitalista, permanente regenerador y reaseguro del sistema expoliador.

Tampoco no excusa de desbaratar completamente al estado, extinguir el trabajo asalariado y el dinero. Tanto a escala nacional como planetaria.
Sin acometer estas tareas resultará improbable proteger la perdurabilidad de esta experiencia, de red de redes, como práctica constituyente de los sujetos liberados.

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