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Última Actualización: 25/02/08
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Titulo:
La idea de Chicago
Autor:
Colectivo NPH
Fecha de Publicación:
 
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1° de mayo del 2002
Un día de rebelión, no de descanso! Un día no ordenado por los voceros jactanciosos de las instituciones que tienen encadenado al mundo del trabajador. Un día en que el trabajador hace sus propias leyes y tiene el poder de ejecutarlas! Todo sin el consentimiento ni aprobación de los que oprimen y gobiernan. Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo (Manifiesto de 1886)


El primero de mayo no es ninguna fiesta del trabajo, como nos hizo creer la liturgia del movimiento obrero reformista fordista o la misma Iglesia o, incluso, ciertos partidos de la izquierda anacrónica argentina. Si hay algo de festivo es contra el trabajo posfordista, porque eso será siempre así en una sociedad capitalista, en una comunidad dividida en clases, en una sociedad mercantil, en un estado Capital-Parlamentarista. No es una distinción formal, o una sutileza ideológica. Abolir la forma asalariada del trabajo, el trabajo posfordista además precario, acabar con el no-trabajo de millones de compatriotas.

No es tampoco una ingenuidad anarquista, ni el mito del buen salvaje. Así como el trabajo es el motor central de la historia, que permitió dominar la naturaleza y modificar nuestras propias capacidades, ahora debemos liberarnos de la penúltima esclavitud, del trabajo asalariado, como una necesidad de supervivencia del movimiento. El Capital-Parlamentarismo es el momento histórico en cual esta contradicción tiene la posibilidad de ser superada. Debe ser una jornada similar a una huelga salvaje, un día antagonista. Todos más o menos sabemos la historia. Primero de Mayo de 1886. Un periódico de Chicago informa: No salía humo de las altas chimeneas de las fábricas y talleres; y todo tenía un aire dominical. El Philadelphia Tribune escribió: Al elemento obrero' lo ha picado una especie de tarántula universal... se ha `alocado'. En Detroit, 11.000 trabajadores marcharon en un desfile de ocho horas. En Nueva York, una marcha con antorchas de 25.000 obreros pasó como torrente de Broadway a Union Square; 40.000 hicieron huelga. En Cincinnati, un trabajador describió el mitin inicial: Solamente llevamos banderas rojas... la única canción que cantamos fue `Arbeiters Marseillaise'... un batallón obrero de 400 rifles Springfield encabezó el desfile. Era la Leher und Wehr Verein, la sociedad protectora y educacional de obreros aguerridos.... Todos esperábamos violencia, supongo. En Louisville, Kentucky, más de 6000 trabajadores, negros y blancos, marcharon por el Parque Nacional violando deliberadamente el edicto que prohibía la entrada de gente de color. En Chicago, el baluarte de la rebelión, por lo menos 30.000 obreros hicieron huelga. Todos los trenes pararon, los corrales de ganado se cerraron, los muelles estaban repletos de barcazas llenas de carga. A los líderes conservadores los empujaron a la periferia. Un gran columna de proletarios y familias, en ropa de domingo, llenó la avenida Michigan. Un incidente crítico ocurrió en la planta de McCormick Reaper. Los patronos cerraron la planta desde mediados del verano a los trabajadores sindicalizados y la policía llevaba a diario grupos de esquiroles. El 2 de mayo Spies, agotado, se presentó para dar uno de sus muchísimos discursos ante los trabajadores reunidos en el campo. Mientras un grupo de 6000 ó 7000 trabajadores escuchaba, unos cuantos centenares fueron a confrontar a los esquiroles que en ese momento salían de la planta. Del Arbeiter Zeitung del 4 de mayo: De repente, se oyeron disparos cerca de la planta de McCormick y más o menos setenta y cinco asesinos robustos, grandotes y bien comidos, al mando de un teniente gordo de policía, pasaron, seguidos por tres vagones llenos de bestias del orden público. En medio de una batalla de piedras de los obreros y las balas de la policía, los trabajadores de repente se dispersaron y huyeron. En la espalda les explotaron balas. Por lo menos dos trabajadores cayeron muertos; muchos quedaron heridos, entre ellos muchos niños. En cosa de horas un volante, escrito por el iracundo Spies, circulaba en los tugurios de la clase obrera. "¡¡¡OBREROS, A LAS ARMAS!!!"; proclamó: Sus amos desataron a sus sabuesos (la policía) y mataron a seis de sus hermanos en McCormick esta tarde. Mataron a los desafortunados porque ellos, como ustedes, tuvieron el valor de desobedecer la voluntad suprema de sus patronos.... Se alzarán en masa, como Hércules, y destruirán el nefando monstruo que busca destruirlos. ¡A las armas, llamamos a las armas!". Al día siguiente, el 3 de mayo, el crecimiento de la huelga era "alarmante". En el movimiento participaban más de 340.000 trabajadores por todo el país, 190.000 de ellos en huelga. En Chicago, 80.000 hacían huelga. Cuando centenares de costureras se lanzaron a la calle para sumarse a las manifestaciones, el Chicago Tribune berreó: ¡Amazonas bravas!. En este momento candente, el Arbeiter Zeitung hizo un llamamiento a la lucha armada, como siempre lo había hecho, salvo que ahora tenía un claro tono de urgencia. La sangre se ha vertido. Ocurrió lo que tenía que ocurrir. La milicia no ha estado entrenándose en vano. A lo largo de la historia, el origen de la propiedad privada ha sido la violencia. La guerra de clases ha llegado.... En la pobre choza, mujeres y niños cubiertos de retazos lloran por marido y padre. En el palacio hacen brindis, con copas llenas de vino costoso, por la felicidad de los bandidos sangrientos del orden público. Séquense las lágrimas, pobres y condenados: anímense esclavos y tumben el sistema de latrocinio. En las salas de reunión de los proletarios, rugían intensos debates; el tigre capitalista efectivamente había atacado y miles debatían cómo responder. Aparentemente, importantes facciones querían una insurrección. Se convocó una reunión popular en la plaza Haymarket para la noche del 4 de mayo. Preocupados por la posibilidad de una emboscada, los organizadores escogieron un lugar abierto y grande con muchas rutas de escape. Después de una reñida disputa, Spies dijo después, convenció a los organizadores de Haymarket de que retiraran su llamamiento a un mitin armado y que, en su lugar, celebraran el mitin con el mayor número de asistentes posible. La mañana del 4 de mayo, la policía atacó una columna de 3000 huelguistas. Por toda la ciudad se formaron grupos de trabajadores. Al atardecer, Haymarket era una de las muchas reuniones de protesta, con 3000 participantes. Los discursos siguieron, uno tras otro, desde la parte de atrás de un vagón. Al comenzar a llover, la reunión se disolvió. De repente, cuando solamente quedaban 200 asistentes, un destacamento de 180 policías, fuertemente armados, se presentó y un oficial ordenó dispersarse. Le respondieron que era un mitin legal y pacífico. Cuando el capitán de policía se volteó para darles órdenes a sus hombres, una bomba estalló en sus filas. La policía transformó a Haymarket en una zona de fuego indiscriminado, descargando salva tras salva contra la multitud, matando a varios e hiriendo a 200. En el barrio reinaba el terror; las farmacias estaban apiñadas de heridos. La clase dominante usó este incidente como pretexto para desatar su planeada ofensiva: en las calles, en los tribunales y en la prensa.

Los periódicos, en Chicago y por todo el país, se volvieron locos. Demandaron la ejecución instantánea de todo subversivo. Los titulares bramaban: Brutos sangrientos, Rufianes rojo, Ondean banderas rojas, Dinamarquistas. El Chicago Tribune escribió el 6 de mayo: Estas serpientes se han calentado y alimentado bajo el sol de la tolerancia hasta que, al final, se han envalentonado para atacar la sociedad, el orden público y el gobierno. El Chicago Herald del 6 de mayo: La chusma que Spies y Fielden incitaron a matar no son americanos. Son la hez de Europa que ha venido a estas costas para abusar de la hospitalidad y desafiar la autoridad del país. El 5 de mayo en Milwaukee la milicia del estado respondió con una masacre sangrienta de un mitin de trabajadores; balacearon a ocho trabajadores polacos y un alemán por violar la ley marcial. En Chicago, una operación rastrillo llenó las cárceles de miles de revolucionarios y huelguistas. Para describir los interrogatorios, algunos historiadores han usado la palabra tortura. Los grupos de caza usaron listas de suscripción. Entraron a la fuerza a salas de reunión y casas, destruyeron prensas obreras. Arrestaron a todo el equipo de imprenta del Arbeiter Zeitung. La policía exhibió todas las pruebas que se había precavido de encontrar: municiones, rifles, espadas, porras, publicaciones, banderas rojas, pancartas agitadoras, plomo a granel, moldes de balas, dinamita, bombas, instrucciones para fabricar bombas, campos subterráneos de tiro al blanco.... La prensa hizo mucho escándalo sobre cada descubrimiento. Frente a esta salva de ataques, la huelga general se desintegró. El liderato de los trabajadores de inclinaciones revolucionarias estaba en las garras de la burguesía. La clase dominante abrió un gran jurado en Chicago a mediados de mayo de 1886. La acusación: asesinar un policía que murió en Haymarket.

Todos los acusados eran miembros prominentes de la IWPA: August Spies, Michael Schwab, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Adolf Fischer, George Engel, Louis Lingg y Oscar Neebe. A todas luces, el juicio fue un linchamiento legal. El juicio se celebró sin ninguna prueba de participación en el incidente de la bomba. Solamente dos de los ocho acusados estaban presentes en la reunión donde estalló. Los juzgaron por el crimen de dirigir a los oprimidos, ni más ni menos. Resumiendo sus principios revolucionarios ante el tribunal. Spies concluyó con estas palabras: Bueno, estas son mis ideas.... si ustedes piensan que pueden borrar estas ideas que están ganando más y más partidarios con el paso de cada día, si ustedes piensan que pueden borrarlas ahorcándonos, si una vez más ustedes imponen la pena de muerte por atreverse a decir la verdad y los reto a mostrarnos cuándo hemos mentido, digo, si la muerte es la pena por declarar la verdad, pues, pagaré con orgullo y desafío el alto precio! ¡Llamen al verdugo!". Lingg, de 21 años, escupió con desafío: Repito que soy enemigo del `orden' de hoy y repito que, con todas mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo combatiré.... Los desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. Ahórquenme por ello". Los siete fueron condenados a muerte. Surgió un gran movimiento para defenderlos; se celebraron mítines por todo el mundo: Holanda, Francia, Rusia, Italia, España y por todo Estados Unidos. En Alemania, la reacción de los trabajadores sobre Haymarket perturbó tanto a Bismarck que prohibió toda reunión pública. Al aproximarse el día de la ejecución, cambiaron la sentencia de dos de los condenados a cadena perpetua. Louis Lingg apareció muerto en su celda: un fulminante de dinamita le voló la tapa de los sesos. No se sabe si esto fue un acto final de desafío; sin embargo, se rumoraba que le iban a suspender la ejecución, así que es probable que su muerte fuera un asesinato. El 11 de noviembre de 1886, denominado luego el "Viernes negro", fue el día programado para la ejecución. Los periódicos de Chicago vibraban con rumores de que iba a estallar una guerra civil en las calles. El medio millón de personas que asistieron al cortejo fúnebre es testimonio de que el nerviosismo de la burguesía era justificado. Y parece que se propusieron planes de atacar la cárcel. No obstante, los condenados hicieron que sus compañeros prometieran no llevar a cabo tales "actos temerarios". Al mediodía, cuatro hombres (Spies, Engel, Parsons y Fischer) se presentaron ante la horca, con togas blancas. Spies habló, mientras le cubrían la cabeza con la capucha: "Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que ustedes estrangulan hoy". Parsons gritó: "¡Permítame hablar, sheriff Matson! Que se oiga la voz del pueblo...". El nudo corredizo se apretó silenciándolo.
Dada la genealogía, el primero de Mayo no debe ser entendido ni como el día del Trabajo, ni como el día del Trabajador, ilustres feriados impuestos por Hitler y Stalin, sino jornada de luto y bronca, de rebelión y valorización popular. El primero de Mayo es el día del rechazo al trabajo. Fiesta, puede ser, pero revolucionaria.

Los cuatro lemas que una y otra vez aparecían en las pancartas e insignias del 1º de Mayo: los Tres ochos" (ocho horas de trabajo, ocho horas de esparcimiento, ocho horas de sueño), El voto para todos, Libertad, Igualdad y Fraternidad" y Trabajadores de todo el mundo, ¡uníos!, estaban circunscriptos al obrero semiprofesional y artesanal de la época. Sin embargo, tras ellos estaba algo más grande y menos definible, marcas del instinto social de la multitud, tipificado por los dos símbolos que, al margen de la vieja iconografía reformista y stalinista, sobrevivieron más duraderamente: la bandera roja y el sol naciente de la utopía constituyente.

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